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HISTORIA LA PLAZA DE ORIENTE Por Juan BALANSO C UANDO murió su mujer, María Amalia de Sajonia, dijo Carlos m que era el primes- disgusto ssrio que le había dado en su vida 1 pueblo de Madrid pudo hacer suya esta frase, cea ligeras matízaciones, cuando en 1788, al fallecer el Monarca, causaba a la Villa y Cor- te el único gran pesar desde su llegada a! Trono de las Españas, casi treinta años antes. El Soberano, en efecto, habíase consagrado en cuerpo y alma a convertir aquel poblado maneirego sin asomo de urbanismo que era cor entonces Madrid, en algo parecido a una capital medianamente de- cente. El Concejo de la Villa- -ya iba siendo hora- -resolvió colaborar eficazmente en la obra, emprendida por Su Majestad. Con rapidez inusitada surgieron pasees, fuentes, jardines. lias callejuelas se fueron ensanchando y la suciedad ancestral penóse con severas sanciones; dejaron de tirarse