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ABC. V I E R N E S 3 BE DICIEMBRE DE 1971. EDICIÓN ME LA MAÑANA. PAO. 78. tran sus años de permanencia en las carteleras de París y sus recientes éxitos en otros países. En ¡Chao! trata Sauvajon un tema nada nuevo como es el llamado problema generacional, él énfreatamlento entre padres e hijos y sus distintas mentalidades, y posturas anfe la sociedad en que viven. Sin embargo, el autor no pretende largarnos un sermón. Nada de eso; Sauvajon es un autor boulevardie que gusta describir un teatro amable y risueño. Así. en ¡Chao! nos presenta unos cuadros de costumbres modernas, escritas COTÍ picante desenvoltura- con unos personajes muy actuales, muy 3 de hoy, y una serie de gags de amblenitaelón que contribuyen a- su majyor eficacia. La experta y ágU pluma de Sauyajon casi nos convence de qué el entendimiento entré jóvenes y mayores, entre- lo lriv y ló cariip ño es cosa tan difícil y complicada como se supone. Que todo es cuestión- dé. aürender marciano como hace la sefiofa Martin. La comedia ha sido puesta éri escena por la compañía de María José Goyánes sin regatear esfuerzo alguno, con el misino entusiasmo que ha venido poniendo en sus últimas producciones. El elenco reunido en esta ocasión está compuesto por Pepe Calvo, Margad la propia María José Goyanes, Bárbara Lys, Luis Peña y Eusebio Poncela. Dados los altos méritos de todos y cada uno de ellos he preferido citarlos por orden alfabético, yá que, como además cada actor posee el físico del personaje, me resultaría difícil hacer distinciones en favor de uno ti otro. Intérpretes todos de un sólido prestigio profesional, brillan de un modo especial por el toque mágico de la dirección de Alberto dosas, que se ha apoderado del texto y ha convertido ¡Chao! con la colaboración escenográfica de Santiago Gn tañón, en un espectáculo trepidante, sentimental y profundamente humano. ¡Ojalá está labor conjunta guste a ustedes y les haga pasar un par de horas muy divertidas- -Vicente BALAR. T. I FORMACIONES CIXÉMATOGItAFICÁS nes 7 represalias de quienes creen qtn la Historia nacional es una admirable sucesión de glorias, Arthur Penn nos induce a la duda. La memoria de un hombre que ha ciunplido ciento veintiún años es prodigiosa, a no ser que Jack Crabb fantasee 1 que ha olvidado. Pero así, con ese halo de incertidumbre. los sucesos nos aparecen bajo un iris de posibilidades, siendo en sí mismos diversos, curiosos, apasionantes y a veces melodramáticos. Dustin Hoffman hace un Jack Crabb lleno de verdad humana- -eso entraña. la posibilidad de que Crabb esté mintiendo- ya que nada hay mas mentiroso age lo que el hombre suele considerar- como verdadero. Faye, Duhaway, qu está de moda, que tiene un atractivo equívoco y sensual, cumple un cometido corto, pero intenso, y todo- el; plantel 4 e actores que rodean a esta pareja está Hevado d mano maestra hasta componer una rica galería de tipos y caracteres. -La riqueza de medios ha sida bien empleada. Toda la maestría técnica del cine norteamericano hice en la brillantez de la imagen, en la armonía del color, en los escenarios cuidadísimos y quizá en el montaje, muy clásico, pero brioso y eficaz, qué hacen de este relato una aventura honda, llena de intenciones satíricas, descriptivas y críticas. -Lorenzo LÓPEZ SANCHO. AUTOCRÍTICA Y DESMITIFICACIQN EN PEQÜESO GRAN HOMBRE Título: Bequeñp gran hombre (k ütíe big man í Director: Arth Penn. Guión: Cáldér Willinghamn Foto teehnieolor: H. Strading. Música: J. Hamoh. Intérpretes: Dustin Hoffman. Martin Balsam, JéfJ. Corey. Chief Dan Georcre, Faye Dünaway, Richard Mulligan, etc. Sala de estreno: Conde Duque. En esta hermosa película uno acaba por sospechar que de lo que está hablando en sus espléndidas imágenes Arthur Penn no es del brutal genocidio de los indios cheyennes consumado por los colonizadores y: civilizadores que crearon los Estados Unidos, sino de genocidios mucho más actuales que se consuman a fuerza de bombas y napalm bajo la bandera estrellada. Hay que pensar que el gran director que es Penn no se conforma, con desmitificar la leyenda del Oeste americano. Hay qué pensar que osa abordar una terrible critica de su propio país, de sus modos de actuación e incluso de la sociedad, supertécnica, supercapitalista, superprogresiva que los norteamericanos han construido y que, pese a su colosalismo- -o tal vez por eso- es completamente insatisfactoría, de otro modo que sociedades más primitivas lo son también para el hombre dubitativo entre. modos de vida contradictorios ante los cuales se encuentra en aparente posibilidad de ele- gir. Ese protagonista encantador, ese centenario Jack Crabb, que siendo blanco- ha sido criado por los cheyennes es un desmitificador y da la impresión de ser al mismo tiempo un mitómano. La sociedad blanca, a la que recuperado o rescatado se incorpora, le desengaña pronto. Son más puros, más inocentes, los pieles rojas, pero ¿no es tan difícil convivir con los linos como con los otros? Lo que Jack Crabb destruye con su largo relato a un periodista- -que eso es lo que vemos en el filme- -es la idea de que existan paraísos: la ilusión de que pueda haber una organización social suficiente a dar al hombre la paz espiritual, el bienestar y la libertad a que aspira. Estamos ante un relato en que burbujean los datos más diversos y contradictorios y el gran acierto de Arthur Penn es convertir en imágenes vivas, en escenas con palpitación irónica y ternura, las páginas tumultuosas de la novela de Thomas Berger en que la película se basa. Si hay algo que al crítico pueda reconciliarle o al menos obligarle a conceder cierta estimación al pueblo norteamericano, esto es su honradez para la autocrítica. Según vemos en este filme fastuoso de calidades, la batalla de Little Big Horn, tantas veces exaltada en espectaculares películas del Oeste, fne en rigor una carnicería brutal en la que los que disponían de mejor armamento y técnicas de combate más modernas exterminaron a sus adversarios. El genocidio, la exterminación, como método, evitan indiscutiblemente no pocas dificultades, ya que los muertos no discuten. ¿Estuvo Jack Crabb en esa postrera batalla entre invasores y aborígenes? Para evitar exaltacio- Jane Éyre ejemplo del viejo folletín melodramático Título: Jane Eyre Director Delbert Mann. piíión: Paul Kack Pullman. Foto eastmancolor: Paul Heespn. Música: 3. Williams. Ambieñtación: A, V e t c h i n s k y Decorados: M. Atkinson. Intérpretes: Gtí rge C. Scott, Süsannáh York, Ian Etanaen (Japk Hawkins, Nyree Dawn Porter, Kenneth Griffith. etc. Productor: Eredefick H. Brogger. Sala de esteenp: Amaya. Ungólít tn saestafLorríble novela de Charlotte- Bróiíte, en la que se danitocfós los tópicos: del melodrama romántico y que, lo confieso, jám s me ha gustfidq. Vara cierto tipo de melodramas ya es Vastante con Charle Diékéns, al que hay que cov. r ceder siempre la categoría que Je da él aboféar la descripción cíe tiempos y costumbres rigurosas con el colorante del humor que permite ver el tejido purulento y no por esp dejar de sonreír. A Jane Eyre le Pasa toéo lo peor. Su adolescencia en una residencia sombría donde las huérfanas pobres son tratadas con la invariable crueldad inglesa que. en literatura produce o páginas ricas en perversiones sexuales o aburridísimos drampnes, encoge el ánimo Su vida en la siniestra fortaleza de Thomfield es un puro susto entre aullidos desgarradores, accidentes espantosos, amores infelices. Su felicidad final al lado de un enamorado que ha quedado viudo al mismo tiempo que ciego, hará llorar a las almas nobles y sensibles. Por fortuna, el país está Heno de almas nobles y sensibles que se solazan llorando las desgracias de los personajes del cine, aunque en la vida real sean de una insensibilidad insuperable. Esas elevadas gentes llenan. los locales donde se siguen dando películas como Jane Eyre que son absolutamente increíbles en nuestro tiempo, cuyo romanticismo es enfermizo y que constituyen puro vasadismo literario. Ahora bien, con todo ese material acartonado. ATbert Mann realiza un filme bien construido; da una historia desagradable, pero perfectamente contada, aunque no tiene los buenos niveles que aquella otra versión de 1943 Alma rebelde en la que Orson Welles y Joan Fontaine regaron con un llanto consolador a un vais que había llorado lo suyo pocos años antes. Otras versiones anteriores- -muy anteriores- -son peores, pero todas tienen como denominador común el ambiente borrascoso, anubarrado, sado- masoquista de las novelas de la Bronte que tiene un mérito: el de reflejar una parte muy permanente del alma inglesa, visible todavía, en informaciones periodísticas sobre sucesos actuales. Es discreto el trabajo de Susánnah York en el panel de Jane, tan poco creíble hoy, y menos aue- nediana la interpretación que Scott hace del torturado o torturante señor Rochester. lo que descubre la false- Venta de pisos de síiperlüjo Puerta de Hierro Aire aaQnclicíiiortaclo ¿Pao pjazas de garaje. apdljfTi piiscin a, s a u rí a g i m ña sio y salo n jhf ¡ahti i Trastero. Vestíbulo de entrada 400 metros ícliadrad s. Gran salón- corrtedor, despacho, cuatro dormitorios, tres cuartos de baño y aseo de visitas. Vestí el o res; m 4 s- servicios. 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