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y poesía, cada día Un joven poeta asturiano acata de dedicar un librjD de romances a sú ciudad: Gíjón. De entre sus páginas elegimos dot poemas llenos de movimiento v colorido. Las íjon ciudades DÍA DE BEGOÑA Hoy se lia puesto mi ciudad sil traje blanco de fiesta. Sus balcones son jardines clónele ríen las banderas. Hay alegría en las calles, la gente, feliz, pasea, mientras suenan los cohetes- -brotes de pólvora negra- Hoy se ha puesto mi ciudad sil traje blanco de fiesta. La playa de San Lorenzo -hoy más dorada su aretwreparte besos de esnxmia y caricias ele asna fresca. El Muro es un hervidero; Miami con sus casetas parece un fardín de lona 9 e multicolor grandeza. Hoy se ha puesto mi ciudad su traje blanco de fiesta. Hasta los cisnes del parque estrenan hov plumas nuevas y son más blanco? que nunca cuando el agua lo? refleja. La Costa Verde, esmeralda en pleno asiste a la fiesta: se funden en un abrazo Somió con La Providencia. Hoy se ha puesto mi enrdad su traje blanco de fiesta... Y por la tarde a los toros. El Bibio abre sus puertas que hoy hay corrida de gala tlentro de la plaza vieia. Pero antes, en los cafés, la gente habla, comenta, se encienden puro? habanos, se van formando las peñas. Después, todos a la plaza, S disfrutar de la fiesta más española, los toros- -color, pasión y belleza- -Y a la salida al teatro, y a la noche a la verbena... Hoy se ha puesto mi ciudad su traje blanco de fiesta... Atardecer en la playa. espectáculo de ensueño. Cuando en Santa Catalina, se besan el sol y el viento y se ruboriza el agua de la playa en su silencio. Cuando la arena, aún caliente del bullicio mañanero cuchichea con las olas contándoles mil secretos. Cuando firmes las casetas ya desinflado su cuerpo, montan su guardia de lona 7 z z. 7 ATARDECER EN LA PLAYA velando juntas su sueñe Cuando se encienden las luces- -mil guiños en el paseo- -y se recortan las casas en contraluz en el cielo. Cuando la arena y las olas siguen tejiendo sus besos, sus besos de encaje blanco, sus blancos y eternos besos. Cuando duerme la paviola interrumpido su vuelo, soñando con un banquete copioso de peces frescos. Cuando comienza a llenarse de estrellas el firmamento para ver cómo la luna y el sol hacen su relevo. Cuando la playa es distinta- -es ya paisaje y no juego- -y hay un sueño de pisadas, sueño de pisadas hueco. Cuando sueña en alta mar la soledad del pesquero con singladuras felices siguiendo los rumbos viejos. Cuando el Piles se amodorra y sueña que es un espejo donde se miran, coquetas, todas las nubes del cielo. Cuando en los bancos de el Muro se miran los novios nuevos mientras se roban caricias y tiembla tímido el beso. Cuando allá en el horizonte se abrazan el mar y el cielo y va cubriendo la sombra su sueño sensual y eterno Cuando la plava parece un fragmento de desierto y Cijón fuera en el aire como un espejismo inmens- a. Atardecer en la playa... espectáculo de ensueño. Senén Guillermo MOLLEDA VAUDE 3