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í- j- a 1. Ountavo ftdolfo Bécquer, muerto fraflmenlo dsl Improalonante cuadr- o pintado Dor Vloonta Palmaron, -2- El QuaüalquUIr, ol mAjBBtuoso rfi de las ninfas, raa náyades y los poetas, dlaourre tranquilo haole el océano. B 4o quQr deiflaba ser antarrado t n sus orillas i... y cuando Ja muerta pusiera tArmíno a mi vlstencla. me Doioaasen, para dormir B auQho do oro da la Inmortalidad a la orilla dal 6 aU i. En el numero 27 ds Olaudlo Coello Ihoy 26) la oa a donde murió, el 22 de dlDlemtir de 1 B 70. Kladrid doeoubrió una lApIdp al poeta del amor y del d o l o r -4 Cuadro de Ouslí o Adoiro, pintado por BU hermano Vaffinlano, quo tn conserva en el Muaoo da Sevilla- -6. El órgano de la Iglesia de Santa Inús, donde transcurre la ieyanda de Maeae el organista -fi. Un aspecto de la calla de Santa Ciare, en Sevilla, donde vivió Julia Eapín, -7. La Venta de loa Gatos, en a aotualidad; Béoquer sltuú alM la leyenda que lleva evtc nombre. i Oh. ven ven tú 1 Tú, que eres no m o r o c h a que no áurea ni delicada, inerave, Pasea Bécquer la caHe; alza ios ojos: las madreselvas en ei balcón Y lo que ve, su propio sueño; la mujer imposible. Mira. No habla. Pero, la amada tiene peso, realidadr í N o m b r e? Tiene nombre. Se llama Julia, y eu padre d o n Joaquín. Profesor del Conservatorio, d o n Joaquín da saraos Lucirá Bécquer, r o n l o un traje de sarao? Julia ¿no ha reparado en el cortejante? i Se han Llegado a encontrar? Y aquí, opina un maestro de enamorados. PARA UNAS CARTAS DE ELISA GUILLEN Es primavera. G u s t a v o Adolfo? ale oara Soria, Escribe 3 loí amiEos. A Rodríguez Correa le dJce que va en busca de la calma y la reíiífnación La noche antes ha echado al fuego sus recuerd o s cartas, notas íntimas. Al enroscarse a los rotos pliegos, la llama parecía su mano- -fatetiza- una mano am. flrilla, de muerte, que se burlaba de raí, haciendo signos incomprensibles: aquella m. ano que hoy e s t a r i prisionera enlrc otras No disimula su dolor: da al papel este g r i t o N o quiero pensar nada, sentir nada. Su voluntad se ha m u e r t o no pentar, no sentir También aquellos días, por aquella orimavera los amibos se escriben, hablan de Becquei, condolidos: uno dice; Ya parece que va olvidando un poco solamente la historia de Eljsa Guillen, que tan fatal fue para nuestro amigo y que tan cruelrriente con el se p o r t ó ¿Elisa G u i l l e n? Bécquer acaba de cumplir veinticinco años y ha quemado sus recuerdos. S e muere? Es el 19 de mayo de 1361. LUNA DE HIÉL Sobre los vesticios de amor tanto, amor poético, don J u a n Valcra dictamina; cavila v dice; E m p e ñ o inútil c imposible me parece el de avcriííUar y declarar quiénes fueron las mujeres de las que Bécquer anduvo enamorado la u e hablaba con ¿1. como Julieta, trt el balcón donde anidaban lae íolondrinas v donde se enredaban Us upidaa madreselvas; U que le dirigió una m i r a d a tan beatificamente que le hizo cxclaniar: j Hoy creo en DiotT la que con su mano de nieve arrancó melodiosos sones del aroa olvidada la que por infidelidad V traición h u o comprender al poeta por q u í se llora y por ué íe m a t a la que cnccfraa en el claustro dejaba oír su voz cantando maitines cuando en el lilencio de la noche rondaba el desvalido poeta en torno del monasterio: la que prueba, con la sola afirmación de Que es, que la poesía será í i c m p i c la que evoca poi su mero recuerdo al amor que oasa entre olaa de armonía, alborozando la t i e r r a con batir de alas y rumor de besos, y la que amdii y quizá ¿corta el vivir del poeta, cuyo e? DÍr ¡tu se propone aguardarla a las puertas de la muerte para decirle cuando ella llegue todo lo que hasta entonces ha callado. Sospecha Valora que pini n a de estas mujeres vivió jamás en el mundo, corooralmentc. Y concluye: El balcón de la calle del Perro CB, scEuramenie, un balcón pintado. Pues, Bécquer, ¿él. qué sabe? Cuando entre presentimientos de la muerte ordena esa autobiofraíSa ana ionada que los amij o editan como libro postumo bajo el titulo de Rimas hace un alto y esta confesión: -Me cuesta trabajo saber qué coBaa he soñado y ciuálea me han sucedido. Mi memoría clasifica, revueltos, nombres V fechas. v mujeres que no han existido sino en mi mente. El orden de laí rimas en el libro marca el itinerario emocional de Gustavo Adolfo; seguirlo es. paso a paso, rehace: su linea de vida alectiva: amor irr. a inario per no oor etlo menos sentido, ni menos verdadero, que el amor real entre loe hombres y muieres de este mundo. SE CASA En sus viajes de Veruela, enfermo es atendido por un medico soríano Vive, el medico, en Madrid. Tiene una hija, de dieciocho a diecinueve años, euapa como de su edad, de natural inteligente: en apariencia, sencilla; se llama Casta, La muerte ronda al poeta. Se ve m el páramo s o n a n o muy deprimido. Desvalido y solo. Encuentra a Casta de vacaciones en U casa famiüai, y la mira a través de una lente lírica. Es madre de Casia es de Novicrcas, partido judicial de Agredas: 1 padre, de Burgo de Osma. Casta ha nacido, no en Torrubia del Campo, como reía, erróneamente inscrita, el libro de bautism o s Tcrrubia del Campo eí una villa de Cuenca en sus cercanías se riño la batalla de los Siete Condes. Casta ha nacido en Torrubia de Soria. Sevillano, Bécquer ama v es amado en Soria: l i i- frA Air fhi J iifiii j (f ha iisffidt fjHi j a 7 ui i. ii ¡mor. íi rcn ¡ifl canta al medio siglo otro poeta, Antonio Machado y. j q u í cosas! sevillano también, prendidos ambos oor el amor a Soria. E n una de las rimas, A C a s t a anticipa Bécquer esta confesión JÍ ffrsr- i. i -ü 7- ith V iv 1 f LTilIJJJ lili j- i r, i r r- ir; t tii L- íi ífNríír vil I utui- rfi -iiÍif II i l í í r l. fr. ífí i ¡t r- niU f, I i ir i V i T í i fiit íi. I r Vi Regresan a Madrid. Y cuando nadie to cjoera, se ca an. Sigilosamente: en U propia calle de! Baño, número 19, al amparo de una parroquia de Iglesia literaria. B í f.