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expresamente escrito para él? En 1833 no había nacido Bécquer. Ese año, en El Español otro romántico, periodista más que poeta, publica este articulo: Va soy redactor. I Ya es Bécquer redactor! Larra, en su artículo, acerbo, ironiza: ¿Quiénquiere usted que le lea, si no esjocoso, ni mordaz, ni superficial? Oh, qué placer el de ser redactor! Entra B é c q u e r en El Contemporáneo diario conservador. Es el año de 1861. Casi diez más se sobreviviría. Sí que, en cualquier momento, podría casarse. Llegará de Sevilla Valeriano. J u n t o s van a correr E s p a ñ a Entre fondos de política, versiones de la Prensa extranjera, n o t a s de libros, reseñas de teatro, aparecen estos caprichos Cartas literarias a una mujer e s t a s veleidades: Rimas. MAL, MUY MAL, PEOR... Ilustran las Rimas un rincón de diario, un revés de almanaque, la página de una revista. Cuando las cree completas, se las deja a Luis González Bravo. Deseaba rendir admiración al político, expresar su gratitud. G o n z á l e z Bravo le había extendido este nombramiento: fiscal de novelas, censor. Crítico, el poeta reflexiona sobre su propia obra y pone límites a la inspiración; observa: cuando ciento, no escribo Compone un prólogo para La soledad de Augusto Ferrán. Cae el Gobierno y, con las prisas, el magno amigo no ha recogido todos los papeles; ha olvidado unos versos en el cajón de su mesa de ministro. Es un pequeño volumen, un manuscrito, sin casi titulo; en la primera hoja dice: Rimas. Un centenar de auspirillos que sobrevivirían al mecenas político, al p o e t a desvalido, a la pléyade genial, triunfante, de su hora. Bécquer también. Sobrevive. Dirige los tres números de una revista: El Mundo No cobra un céntimo. Funda La España Artística y Literaria otra que, a poco, muere, fulminada. Redacta semblanzas de políticos, a cuarto la línea. Se va a la prosa, la creación en prosa. Escribe- -i Dios, qué título! Julia Espfn y Colbraud, la amada de Bóoquer, hija del oompositor Joaquín EspínA la dereoha, fotografía del poeta, realizada por J. Laurent, fotógrafo de 8. M. la Reina, entre 1864 y 1868, del arohlvo del señor Criado Gallo, de C ó r d o b a esta novela: Mal, muy mal, peor... No la termina. Es- -iba a ser- -la historia de un músico, un personaje que se vuelve loco. No da una; busca trabajo y a c i e r t a ¿Cómo lo ve Campillo, qué dice? El velo de flores y oro que la poca edad y el entusiasmo tejen y desarrollan ante la vista, ocultó a la de Gustavo el desamparo, la pobreza, los sinsabores de todo género que sufrió antes y aún después de ser ventajosamente conocido y de poder subvenir a las necesidades más imprescindibles de la vida. Dando pormenores de este período de la suya temería ser indiscreto, fuera de que en sus mismas poesías hay lo bastante p a r a comprender lo que son días sin pan, noches sin asilo y sin sueño, padecimientos físicos y congojas morales en la eterna lucha del genio desamparado por salvar las frías barreras que de t o d o s lados cercan y encadenan su vuelo. Menudo, sombrío, soñador, doliente... La historia de un músico, loco... El arte es una música- -sospechó, aquel día decisivo, en el taller de Sevilla- una música... Ofelia. Bécquer ha recaído. Le han recomendado largos paseos de convalecencia. Viaja tierras de Castilla, Aragón, Navarra. Todo- -la soledad, el desmayo- -le es propicio: Bécquer inventa su balcón de Verona Lleva con él carg a m e n t o s invisibles; una cantera íntima de la que, a un tiempo, es él mina y minero: lleva las Rimas del aire En derredor palpitan y se in flaman. Mis párpados se cierran. ¿Qué sucedef ¡Es el amor que pasa! Los invisibles átomos ochenta variantes, un verso... ¿Y el asunto? Su mundo de amor. Mujeres de niebla. Mujeres de piedra. La sola amada posible, el dulce cuerpo, pensado para ese poeta que, como el otro, cercanísimo, sevillano también, también en j Soria, camina ante la casa, tan querida, donde habitaba ella, solo, triste, cansado, pensativo... La luna está vertiendo su clara lus en sueños que platea en las ventanas. Mal vestido y triste, voy caminando por la calle vieja. Rimas desaparecidas en la crisis de González Bravo. Rimas en ejemplar único que, día a día, afanoso, encarnizadamente, el poeta recuerda; reconstruye, con h a s t a Un ángel en su balcón. Da ese balcón a la calle del Perro. Tarde, con los entreluces, se iluminan en el balcón dos contrapuestas bellezas. Sólo que ahí no aparece, todavía, la tercera mujer, esa figura que es como el contrapunto para cerrar, a gusto del poeta, la composición de esta rima: No será fácil que, en. los campos de amor de aquel siglo, desencarnare pieza sin las armas de la galantería. Lo que se dice conocer, a las mujeres no las conoce; las canta. ¿Quizá las busca? Lo que Bécquer busca es un ángel. No, no es ella. ¿Acaso la que, a su lado, en espectral contraste, dice? es pálida; mis trenzas de oro: Yo de ternura guardo un te soro. Mi frente LO ENCUENTRA; UN BALCÓN Y UNA MÚSICA Ofelia, y no es la primera mujer de su v i d a Tiempo atrás, de veintidós años el poeta, pasó unos meses en cama violentamente enfermo. Le cuidaba una moza peinadora. ¿No reparó, entre fiebre y fiebre, en aquella mano sedativa? Le turba Ofelia; su imagen le persigue, le obsesiona Aquel contorno de mujer que dibuja la luna al atravesar las inquietas ramas de los árboles- ¡tantas veces como la pintó! aquel h a d a de ojos verdes que habita en el fondo del lago, ¿qué representan sino la mujer ideal, pura, que inspira el amor de los amores, el amor que todo corazón noble desea y siente, a m o r interno, duradero, que jamás se encuentra en la tierra? Entra el verano de 1858. Yo soy ardiente, yo soy wto rena, Yo soy el símbolo de la pa sión... ¿Tampoco? No. No et a ti- -grita- no Sino ésta, gimiente, que se le representa un sueño, un imposible Vago fantasma de niebla y lus; Soy incorpórea, soy intangible; jK No puedo amarte...