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Ni; Jf CRITICA GASTRONÓMICA CASA GERARDO PRENDES (AsturiasO rardo y nieta de Demetrio, deja caer la sidra desde muy alto para que la sidra se bata en el vaso y pierda acidez. Angeles también guisa y dirige la cocina. Nos sirven un buen jamón y una tortilla de patatas, suculenta, para acompañar la bebida. Me dicen mis amigos que la Jortilla de merluza es un plato asturiano muy bueno. Pero éste es especialidad del chigre Casa Bango, nuestro punto de reunión de Oviedo. También allí se sirven comidas. Vamos con n u e s t r o almuerzo de Prendes. Primero, una sopa de mariscos sensacional. Nécoras (en Asturias se llaman andaricas) mejillones, almejas y rape son sus ingredientes. Después la fabada. Me aconsejan que desmenuce previamente con el cuchillo los elementos cárnicos. Esta diligencia contribuirá a la digestión del guiso. Mientras la como recuerdo que Sangróniz dice que las pochas navarras son el David que se enfrenta con el Goliat, representado por las fabes asturianas. Sin embargo, sin mengua de mi admiración por aquéllas, d e b o afirmar que la finura ds David no prevalece contra este gigante gastronómico. Comí hace poco tiempo en el restaurante Laserre, de París, un cassoulet toulotisain que es plato muy parecido a nuestra fabada. La fabada de Prendes era plato mucho más suculento. Repetí la fabada, aunque antes me había tomado un segundo plato de sopa de mariscos. Con. gran sorpresa comprobé que la digestión de la f a b a d a de Prendes fue fácil. Me explican que el secreto de la ligereza de la fabada comida en Asturias estriba, e n t r e otras cosas, en que las alubias han estado a remojo doce horas y han perdido el pellejo, que es lo indigesto. Uno de mis comensales come callos en vez de fabada. Son distintos de los madrileños. No los pruebo porque no quiero estropear el sabor de la fabada con su gusto. Pero a la vista me recuerdan las tripas a la moda de Caen Parece que eran excelentes. De postre, el arroz con leche, especialidad de la casa. Incluida la tortilla y el jamón del aperitivo, este menú, rociado con botella y media de Rioja de marca, sendos anises indígenas y tres cafés, vale seiscientas catorce mesetas. Prácticamente, doscientas pesetas cada uno. Calificado c o n dos tenedores, Casa Gerardo abre a diario todo el año. Julio Camba cuenta que la primera fabada que tomó en su vida se la ofreció en Somio don Melquíades Alvarez. Era t a n buena comenta Camba, que estuve a punto de ingresar en el partido reformista Hace ya muchos años que el notario de Oviedo y yo somos correligionarios, pero si así no fuese, después de haber comido la admirable fabada que me ofreció, hubiera andado en su compañía por el mismo camino que lleva su política. SAVARIN 33 E S una lástima que Baltasar del Alcázar acaparase el apelativo de gran señora para la morcilla, porque, a mi juicio, ese apelativo resultaría más cabal aplicado a la fabada. No es fácil comer una buena fabada en un restorán madrileño. Porque, como dice con razón Luis Antonio de Vega, todos los productos que la integran tienen que ser asturianos, lo mismo las fabes que los compangos La morcilla, el lacón, el chorizo de lomo de tripa ancha y el jamón con t o c i n o son los compangos que, a la vez, dan sabor y suavidad a las alubias. Además, son legión ios restaurantes que dan fabada de lata. Aunque es justo consignar que de los guisos enlatados éste es el más comestible; naturalmente, la fabada de lata se parece a la auténtica como un trozo de cuarzo cristalizado a un diamante. P o r eso es conveniente desplazarse a Asturias para comer una fabada auténtica. Mis investigaciones coinciden en señalar a Casa Gerardo como lugar inmejorable para comer el plato por antonomasia de la c o c i n a asturiana. He llegado a Oviedo con tiempo de recorrer brevemente las joyas arquitectónicas ovetenses. El retablo del altar mayor de la catedral vuelve a cautivarme. Me acompaña un abogado de ilustre prosapia asturiana, que se entusiasma hablándome de Asturias. Cruzamos el popularísimo Fontán p a r a llegar a Casa Bango. En su castizo chigre (las tabernas donde se despacha la sidra) estamos citados con un prestigioso notario de Oviedo, que llega puntualmente para recogernos con su coche. En el pueblo de Prendes, al filo de la carretera de Aviles a Gijón, en el kilómetro 82, está Casa Gerardo. Vulgarmente se conoce el restaurante por Casa Prendes. Casi equidistante de Gijón y Oviedo. Desde a q u í hemos tardado menos de media hora. Antes de entrar, contemplo la pomarada al otro lado de la carretera. El paisaje es típicamente asturiano. L o s árboles, cuajados de manzanas, dan multicolor al verdor del prado. Arriba de la loma, varias casas; en sus balcones corridos ostentan como colgaduras las ristras de panojas de maíz. Entramos en el restaurante. Su aspecto es de una casa de campo asturiana modernizada. El chigre q u e Demetrio Quirós fundó en 1882 se convirtió después en restaurante. A un lado y a otro del chigre se sirven h o y las comidas. Dos comedores comunicados a la derecha. A la izquierda, un comedor amplio que se abre los d í a s festivos. Mi amistad con el notario ovetense se nutría principalmente de conversaciones políticas. Pero dice bien Pemán: Gastronomía y política son casi la misma cosa. Descubro que mi amigo habla de comida con tanto tino y discreción como de política. En el mostrador d e l chigre tomamos sidra al uso asturiano. Angeles, la hija de Ge-