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ocultar las heridas de la opresión? Yo soy una mujer: no un juguete, ni un animal doméstico, ni una mascota. Y todas las estudiantes cantaban: Ain t she sweet Maklng profit of her meat? ¿No es gracioso ganar dinero con su carne? Suele ser costumbre que miss América, después de su elección, haga una gira por las guarniciones del Vietnam, en la pancarta más grande podía leerse: R. M. C Todo va embalado en el símbolo ideal: la mujer blanca, objeto de lujo. Podría creerse que se trata de simples excentricidades o de alborotos estudiantiles si no se supiera cuánto le gusta a América disfrazar sus más serias ideas de happenings concretos y burlescos, de grandes desfiles y payasadas. Manifestaciones como las anteriores van orquestadas y dirigidas por compañías especiales llamadas teatro- guerrilla o comandos de la guerrilla femenina Son iniciativa de los nuevos movimientos que se han puesto a la cabeza de la protesta femenina, la gran rebelión que anima hoy a las mujeres americanas. UN 51 POR 100 DE LA POBLACIÓN, BAJO TUTELA ABLAR de rebelión no es una fórmula al uso. Yo viví ocho días en plena protesta femenina en la Universidad Cornell (situada en el norte del Estado de Nueva York) y vi cómo se enfrentaban los sexos y las generaciones con una violencia y una franqueza sorprendentes. Después de ciento veintiocho horas de reivindicaciones femeninas volví a Nueva York agotada, asombrada y con una carpeta tal de acusaciones que necesité comprarme una maleta para poder transportarlas. 1 triunfo de la mujer americana, la dominación de la mujer americana, es una leyenda. El famoso matriarcado no es más que un recuerdo o un mito. A la luz de las nuevas ideas que agitan a Estados Unidos y al resto del mundo, las mujeres están descubriendo que constituyen una mayoría oprimida: un 51 por 100 de la población bajo tutela, tan severamente discriminada en el terreno social y político con respecto a los hombres, como los negros con respecto a los blancos. Tal es el tema de la rebelión. H PERMIT BICYCUWG L Antes de decir lo que oí y lo que vi, antes de estudiar con detalle esta novísima reivindicación feminista de los Estados Unidos de América, a la que se denomina ya la segunda ola del feminismo quisiera explicar un poco cómo han llegado las cosas a ese punta En realidad, la rebelión de hoy es consencuencia de la era del retorno al hogar dominada por la mística de la verdadera mujer y la apología de la feminidad La idea se lanzó en Estados Unidos poco antes de la segunda guerra mundial, cuando las mujeres americanas, al parecer, amenazaban la sacrosanta supremacía del hombre. FREUD MOVILIZADO CONTRA LAS MUJERES A guerra por si sola no había bastado para modificar la psicología de la pareja americana. Puede decirse que en 1935 comenzó en serio la ofensiva contra la autoridad que la mujer había adquirido en la familia y que amenazaba con a d q u i r i r en el país. La actitud de La igualdad de de- los hombres c o n pechos, proc l a m a respecto a las mupermanente en to- jeres se modificó. dos los movimien- Lo que era una t o s de liberación libertad, es decir, de las mujeres, un derecho, se convirtió en tolerancia y se bautizó como agresividad cualquier veleidad de verdadera igualdad. La madre, primero, y luego la esposa fueron acusadas de tratar de suplantar la tradicional dignidad real del varón. Por entonces, todos los libros y obras de teatro se ocupaban de las madres, de su tarea, a la que los psicólogos profesionales denominan aún hoy día el mamaísmo es decir, el despotismo de la madre. Ante la importancia creciente de la influencia femenina en los Estados Unidos, la contraofensiva se llevó con toda destreza. Cuando no se podía persuadir al adversario, se le desmoralizaba. Médicos, psicólogos, psiquíatras y sociólogos fueron movilizados para que explicaran a las mujeres que el deseo de vivir como los hombres y participar en todas sus actividades constituía una neurosis. Incluso el viejo Preud- -guardándose bien de decir que fue un gran misógino- -fue movilizado, y se aconsejó a las mujeres que se consagraran a las ocupaciones femeninas para conservar el equilibrio. La mujer americana tan pronto fue acusada de represión como de histeria. Sobre sus espaldas cayó el peso de los fracasos matrimoniales, de la impotencia masculina, de la multiplicidad de los divorcios, de los complejos de los hijos. Se convirtió en el chivo expiatorio de todos los males de América.