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S el hombre mejor informado de los Estados Unidos, y probablemente del mundo. Tiene la confianza del Presidente sin haberse alienado la de los miembros importantes del gabinete, como Wllliam Rogers, jefe del Departamento de Estado, y Melvin Laird, jefe del Pentágono. En su garita de la Casa Blanca, quince horas diarias, Incluso el domingo, este profesor de Harvard vigila, como un centinela, la seguridad internacional. En e) mejor de los casos, tiene por delante siete años (si Nixon es reelegido en 1972) para establecer las bases de una nueva política extranjera y de un nuevo orden mundial. En el peor, si la liquidación de la guerra de Vietnam va mal, será descartado ignominiosamente, en nombre de la razón de Estado. Tiene cuarenta y seis años, un peder inmenso aunque de contornos mal definidos. En 1938, un joven judío alemán rsfugiado, Henry desembarcaba en Nueva York sin protección y sin dinero Treinta años más tarde se ha convertido en el número dos de los Estadas Unidos. ¿Cómo ha sido posible esto? Cuando el europeo habla con Kissinger tiene la impresión de conocerle desde siempre. No por la apariencia física: ropas neutras, una estatura más bien baja, la tez amarillenta de los enclaustrados, una cara pétreamente obstinada, protegida detrás de unas gafas cuadradas, y una voz sepulcral. Tampoco por el acento germánico. Pero el conjunto, a la vez robusto y temeroso, exhala una expresión que difiere resueltamente del ambiente norteamericano: mezcla de sensibilidad y escepticismo, rapidez mental, calor interno, desasimiento aliado a una extrema vulnerabilidad, hipertrofia del yo. Estamos lejos de Texas e incluso de Chicago. Este personaje con perfil de ave melancólica, con su frente huidiza, su nariz convexa, su mentón pesado, sus orejas largas, su aire desdeñoso y vagamente sensual evoca otro señor K. el de una novela de Kafka. Pero no nos engañemos. Henry Kissinger ha encontrado las llaves del castillo. Está en el lugar. Está en su lugar hasta tal punto que su caso plantea el problema de la predestinación, E mente más famoso en política internacional. Cuando la familia Kissinger huyó de Baviera con unos muebles apenas, Henry tenia una visión truncada de la existencia. Su infancia soñadora y sentimental se encentraba confinada al jardín de su padre, profesor de segunda enseñanza en paro forzoso, y a la escuela judía de Fürth, donde se reunían las pequeñas victimas de la venganza nazi. Streicher reinaba en Nüremberg. Las juventudes hitlerianas desfilaban cantando al paso de la oca. Norteamérica causaría en Henry y en su hermano menor, Walter, el efecto de un electrochoque. Cuatro años después de su Iletrada, los hermanos Kissinger fue- actual, la importancia de los armamentos modernos y a estudiar, como hizo en su primer libro, Nuclear weapons and foreign policy las Incidencias del arma nuclear sobre la política extranjera, DIFERENTE POR SUS ORÍGENES, DIFERENTE POR SU AMBICIÓN -ISSINGER tiene la inteligencia ló gica y analítica del universitario y la abnegación casi religiosa de! cruzado. Esta ambivalencia permite comprender mejor las buenas relaciones que mantiene hoy, por lo menos en los esca- I A EMINENCIA GRIS DE NIXON ron lanzados, en plena guerra, a la Infantería y naturalizadas norteamericanos. La energía naciente de Henry, su sentido de la disciplina y su conocimiento del alemán le orientaron rápidamente hacia el contraespionaje. Por primera vez, asimismo, a l g u i e n se interesaba por él: un joven universitario, hoy personalidad eminente del Pentágono. Con una cabeza política como la que usted tiene, debe cursar estudios superiores le alentaba. A los veintidós años, el sargento Kissinger administra un territorio ocupado en la Alemania en ruinas. Ve el mundo hundirse a su alrededor. De ello, este espíritu predispuesto a lo trágico extrae para siempre el desprecio a las precarias posesiones terrenales y la necesidad de realizarse sin estar a merced de las circunstancias. Vuelve a Fürth, su tierra natal, envía a sus padres una carta donde se refleja ya, sin que él se dé cuenta, todos los rasgos del Kissinger maduro: Indomable voluntad de poder, curiosidad intelectual, sentido del dirama y del detalle vivido, emotividad controlada, respeto a la autoridad. El capitán Kissinger terminará la guerra con su sueldo de 10.000 dólares enseñando historia alemana contemporánea a los oficiales superiores norteamericanos. Cuando se compara al actual consejero del Presidente de los Estados Unidos con sus predecesores en la Casa Blanca, McOeorge Bundy, ayudante de Kennedy, o Walt Rostow, ayudante de Johnson, no puede dejar de observarse que Kissinger se identifica, más que ninguno, totalmente con sus funciones. Para él no puede tratarse de dividir las actividades. Es hombre de una idea fija. No tiene hotoby ni interés fuera de sus responsabilidades históricas Su divorcio en 1964 fue una peripecia previsible, la tragedia invadiendo la vida privada, el último sacrificio a un compromiso sin reserva. A este respecto, el pasado militar de Kissinger, su experiencia al nivel logistico y operativo, están llenos de enseñanzas. Es inútil decir: soy agnóstico en lo que concierne a los militares, ni anti ni promilitarista. Más que a la mayoría de los intelectuales, la ambigüedad de su naturaleza, compuesta de necesidad de actuar y de espíritu de disciplina, le llevaba a comprender la vocación militar, a investigar el papel de la defensa en el mundo KISSINGER, Iones superiores, con los altos funcionarios del Departamento de Estado y del Pentágono. Henry es ante todo un ambicioso afirman algunos de sus colegas de Harvard. Para llegar al poder ha modificado radicalmente sus opiniones y ha aceptado subordinarse a Nixon, a quien criticaba abiertamente desde hacia varios años ¿Quién es Kissinger hoy? preguntan con escepticismo matizado de censura. De hecho, un estudio detallado de 1 vida de Kissinger y de sus obras revela que la verdadera carrera del historiador comenzó en Harvard cuando entró en esta Universidad con una beca en 1947. Y desde aquel momento, gracias a la seguridad física y financiera por fin lograda, gracias sobre todo a la conciencia nueva de su superioridad, obtenida de las apreciaciones excepcionalmente elogiosas de sus maestros, el joven Henry se dejó gobernar por su carácter. Necesito sentir que lo que yo hago malte a diffcrence afirma orgullosamente Era diferente por sus orígenes y se hizo diferente por su ambición. La ley académica de Harvard, que obliga a los futuros profesores a depender durante ocho años de la buena voluntad de los antiguos, no pareció aceptable al extranjero naturalizado, impaciente de ser productivo, deseoso de compensar las raíces que le faltaban mediante ¡a extensión de una fama adquirida. En vez de dedicarse a la enseñanza y a la investigación, como la mayor parte de sus colegas, se indispuso con Robert Bowle. director del centro de estudios internacionales, y asimismo con McOeorge Bundy, entonces decano de la Facultad, este puro producto wasp de la upper cías hostonlana instalado de nacimiento en el Establlsmentl. y redacta su primera obra por cuenta del Counell of Forelgn Relations. Este ensayo es un golpe maestro. Durante diez años, el pensamiento de Kissinger influirá incesantemente en el de los estrategas políticos y militares. El autor, como filósofo de la historia, extrae todas las consecuencias de la posesión de armas nucleares y se declara partidario de las guerras nucleares limitadas. Cuando uno predice algo, la gente se imagina que a uno le gusta deplorará posteriormente. UNA VISION TRUNCADA DE LA EXISTENCIA D E hecho, fue preciso conjugar estas cosas: Hitler. la guerra y también la propensión norteamericana a utilizar los recursos de materia gris, asi como, finalmente, la personalidad muy cabal de nuestro héroe, para convertir a un muchacho, que a los diecinueve años quería ser contable, en el experto actual- Henry A. 10 t