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ypoesía, cada día Con él verano, mar la mar, lleva otro acento. Sobre ese acento v en la festividad de Nuestra Señora del Carmen Patrona de mares y e tnari ñeros, hemos agavillado estos voemas. DE MAR MAR Parece, mar, que luchas -Job desorden sin fin. hierro incesante! -por encontrarte o porque yo te encuentre. iQaé inmenso demostrarte, en tn desnudez sola -sin comnañera... o sin compañero según te diffa el mar o la mar- creando el espectáculo completo cíe nuestro mundo de hoy! Estás, como en un parto, dándote a luz- con qué fatiga! A tí mismo, ¡mar único! ii tí mismo, a ti solo y en tn misma y sola plenitud de plenitudes, ¡por encontrarte o porque yo te encuentre! O N RAMÓN JIMÉNEZ TA DÍA DE AMOR Y BONANZA Que eres loba de mar y remadora, Virgen del Carmen, y patrona mía, escrito está en la frente de la aurora cuyo manto es el mar de mi bahía. Que eres mi timonel, que eres la guía de mi oculta sirena cantadora, escrito está en la frente de la prora de mi navio, al sol del mediodía. Que tú me salvarás, ¡oh marinera Virgen del Carmen! cuando la escollera parta la frente en dos de mi navio, loba de espuma azul en los altares, con agua amarga y dulce de los mares escrito está en el fiero pecho mío. RAFAEL A I J B E R T I (certera ya la espera, ya fatales los ímpetus) resbalar sobre el fresco dorado del estío- ¡Gracias! -hasta oponer a las ondas el tino gozoso de los músculos súbitos del instinto, lanzar, lanzar sin miedo los lujos y los gritos e través de la aurora central de un paraíso, ahogarse en plenitud y renacer clarísimo rachas de espacios vírg nes, (acordes inauditos) feliz, velos, astral, ligero y sin amigo! PLATA EL MAR ¿Quién dijo acaso que la mar suspira, labio de amor hacia las playas, triste? Dejad que envuelta por la luz campee. jGloria. gloria en la altura, y en la mar, el orol Ah soberana luz qne envuelve, canta la inmarcesible edad del mar gozante! Allá, reverberando, sin tiempo, el mar existe. I Un corazón de dios sin muerte, late! VICENTE A I J E I X A N D R B! NIVEL DHL MAR LA SALIDA Este sol de la arena guía manos de niños; las manos que a las conchas salven de los peligros. Conchas bajo la arena tienden hacia los niños; niños que ya hacia el sol... Pero el sol rectilíneo viene. Los rayos, vastos arriba, tan continuos de masoí deslindándose llegan, aunque sus visos, sin cesar rebotando de ahíncos en ahíncos de ondas, se desbanden. Aquí por fin tendidos. Se rinden a las manos más pequeñas. ¡Oh vínculos rubios! Y conchas, conchas. ¡Acorde, cierre, círculo! ¿OROS ¡Salir por fin, salir a glorias, a rocíos