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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA M D R I D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC separa de los países que tienen ideologías distintas a la suya. Svetlana vuelve la memoria a sus tiempos de infancia y juventud, gravemente influidas por la presencia de su padre. Moral y espiritualmente- -afirma- Stalin era un monstruo que rechazaba el Bien y la Razón para entregarse enteramente al Mal. Rodó hasta su final por el abismo de la mentira, del odio y del orgullo. Pero no fue- -dice- -el artífice de su propia política. No inventó el sistema ni hizo otra cosa que sostener y desarrollar las teorías de Lenin, que es quien de verdad implantó las estructuras del Estado totalitario y utilizó el terror para acabar con sus enemigos. Los primeros dirigentes bolcheviques diferían de sus sucesores en que tenían una cultura rusa y continental, en tanto que Stalin desconocía las complejidades políticas y ni siquiera sospechaba la existencia de un espíritu europeo. Para gobernar se rodeó de gentes tan primarias como él, unidas por el común desprecio a los intelectuales, a los que aborrecían por su carácter independiente y cultivado. Al evocar, con trazo seguro y triste, la U. R. S. S. que ella vivió, Svetlana acumula recuerdos y comentarios. R e c h a z a con energía que el partido comunista tenga un ideal puro de tendencia humanística y le culpa de haber sido el ciego colaborador de las sangrientas represiones stalinianas. En 1956, en el XX Congreso, el entonces secretario general y dictador de la U. R. S. S. Nikita Kruschev, denunció los crímenes de Stalin. Una voz que no pudo ser localizada hizo una terrible pregunta: ¿Qué hacías tú entonces? Escribe Svetlana Kruschev intentó llamar a las cosas por su nombre y romper el hielo de un largo silencio. Su esfuerzo de liberalización era irremediablemente limitado y no podía salirse de la zona de las verdades a medias porque los cuadros de mando del partido REDA CC I 0 N, ADMINISTRACIÓN Y T A L LE R E S SERRANO, 6 1- MADRID E L Kremlin ha privado de la n a c i o n alidad s o v i é t i c a a Svetlana Alliluyeva, hija de Stalin. De hecho y derecho ella había renunciado ya a su país natal y desde hace años esperaba la ocasión para su fuga. La encontró en diciembre de 1966, al enviudar del indio Bradjesh Singh y obtener permiso del Gobierno de Moscú para llevar hasta el Ganges las cenizas del que fue su marido, con el fin de cumplir el rito hindú de arrojarlas al principal río sagrado del subcontinente asiático. Pudo salir así de la U. R. S. S. pero la Embajada soviética en Nueva Delhi la cercaba y el Gobierno indio se encontró en apurado trance hasta que Svetlana pidió protección a los representantes diplomáticos de los Estados Unidos. Llevada primero a Suiza en misteriosa aventura, la hija de Stalin no tardó en instalarse en tierra norteamericana. Una espesa red de intrigas pretendió que, por lo monos, no rompiera el silencio para mostrar al régimen moscovita en su desnuda realidad interna. Publicó entonces Svetlana Veinte cartas a un amigo libro acogido con literal expectación. Ahora ha editado un nuevo volumen que ha sido recibido con apasionante interés. Lo titula En sólo un año y con penetrante intención y severo juicio evoca las circunstancias de su país y describe el contraste entre el régimen en que nació y creció y las formas de vida que existen en la tierra extranjera que ha podido conocer y estudiar. Entre los fugitivos soviéticos abundan los testimonios de la descomunal sorpresa que les produce la comparación de lo que habían creído en la U. R. S. S. y lo que pudieron contemplar después. Baste la mención de Kravchenko, el primero en la posguerra que, al escoger la libertad dio en el otro mundo el que ignoran los ciudadanos soviéticos. Svetlana se siente también fascinada por lo extranjero vocablo de siniestro significado para los nacidos en el seno de la revolución comunista, a los cuales el régimen mantiene en campanas neumáticas para que no averigüen las maldades que dominan más allá de las fronteras rusas. Los prejuicios que a la hija de Stalin- -como a todos los demás- -le habían atornillado en la mente respecto al extranjero desaparecen en el mismo momento en que, primero en la India, después en Europa, y, por último, en los Estados Unidos, toma contacto con gentes diversas que la tratan con cortesía y cordialidad. La vida norteamericana la seduce. El odio hacia los Estados Unidos- -escribe- -es un sentimiento artificial que la U. R. S. S. desarrolla y fomenta por causas políticas, y para ello coloca un férreo telón de ignorancia y hostilidad que la LA HIJA DE STALIN Depilación y Masaje higiénico y suave RECHACE IMITACIONES m querían ni podían proclamar toda la verdad. Muerto Stalin, la Unión Soviética se convirtió en el escenario de una enconada lucha entre lo que Svetlana denomina el recuerdo y la esperanza La conjura contra Kruschev fue el triunfo de los reaccionarios de la derecha, de los adictos a los métodos stalinianos que ellos mismos habían practicado MKI Suslov a la cabeza. El proceso contra los escritores Siniavskí y Daniel y los que posteriormente han continuado representan, según Svetlana, el viejo odio a toda manifestación del espíritu libre, el odio que ha llevado a la hecatombe a millares de sabios, intelectuales y escritores. La semblanza más curiosa de este libro corresponde al temido y detestado Jdanov, de quien da una versión desconocida. Su fama- -escribe- -no se correspondía con su carácter de hombre silencioso y sin ambición, aterrorizado por sus hermanas, por su esposa y por Stalin. De los gobernantes actuales habla Svetlana con desprecio. Se opusieron a su matrimonio con Bradjesh Singh. ¿Qué buscas en él? -le reprochó Kossygin- Tú eres joven, deportiva y llena de salud. ¿No podrías encontrar entre nosotros un hombre también joven y saludable, en vez de ese viejo indio enfermo? Nos oponemos resuelta y absolutamente a tu matrimonio. La corriente de la esperanza la integran todos los que aspiran a elimiifir los procedimientos y el espíritu que simbolizó Stalin. Son los escritores, los científicos, los artistas y los médicos que se conservan alejados de la vida oficial, aunque sufren cruelmente las extraümitaciones del poder; cultivan los valores esenciales de la inteligencia, a pesar de que cincuenta años de sovietismo han conseguido que las gentes no crean que existe la bondad La U. R. S. S. -comenta Svetlana- -ha canonizado la mentira, y para ello ha amordazado a la oposición. Todos los sistemas cimentados sobre la mentira se derrumbarán de arriba abajo. La evolución de la hija de Stalin ha sido lenta y dramática, horrorizada por los crímenes del sistema, por los relatos de los deportados y por las denuncias de Kruschev. Sus trabajos literarios pusieron a Svetlana en contacto con la Prensa soviética, siempre aherrojada, y le permitieron leer algunos libros políticos de autores prohibidos en la U. R. S. S. Una grave crisis de conciencia le dio la luz que anhelaba; en 1961 se convirtió y un año después se hizo bautizar clandestinamente por un sacerdote ortodójftf El libro que ahora ha publicado es una protesta contra los sufrimientos de su pueblo y una tremenda requisitoria con- t tra los que secuestran la libertad de la desventurada Rusia. Vicente GALLEGO