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A B C M A R T E S 30 DS DICIEMBRE DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 3 L LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOU I 3 3 Ü 3 3 3 ¡S S 3, H S ü Ü 3 3 3 3 g 3 PABLO VI: SON HOY 1 MUCHOS LOS QUE, CO- I MO CRISTO, NO HAN EN- I CONTRADO UN ALOJA- ¡MIENTO CONVENIENTE) J Ciudad del Vaticano 28. La necesidad de afrontar y resolver el problema de los necesitados de vivienda ha sido reafirmada hoy por Su Santidad el Papa durante la breve alocución pronunciada desde la ventana de su estudio privado, antes de rezar el Ángelus y dar la bendición a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro. Pablo VI ha vuelto a recordar su visita del pasado día 25 a un barrio periférico de Roma, donde numerosas familias viven en barracas, así como los telegramas cruzados entre el propio Papa y el alcalde de Roma en tono a este problema. El Pontífice se ha lamentado, una vez más, de que en las grandes ciudades se registren todavía esos contrastes producidos entre las míseras barracas y las cómodas construí- iones modernas, y ha exhortado a aprovechar la reciente conmemoración de la Navidad para dar un sentido crifltiano a la solución del problema de la vivienda para los necesitados. -Efe. 1 i j EN LA CONVIVENCIA CIVÍCA: El futuro de España ha de ser tiempo de paz, de mutuo respeto entre quienes defiendan ideologías divergentes. EN LAS RELACIONES SOCIALES: Todos necesitamos una nueva y pacífica actitud social basada en una más justa distribución de ios bienes. EN LAS TENSIONES GENERACIONALES: Habrá que dar a las nuevas generaciones una participación activa, ya desde ahora, en la construcción del orden social. EN EL ÁMBITO RELIGIOSO: Tendremos que reconocer todos que nadie puede pretender, en ío opinable, estar en posesión total y exclusiva de la verdad. Madrid. (De nuestra Redacción. En vísperas de la Jornada de la Paz, que en todo el mundo se celebrará el primer día del año entrante, la Comisión Episcopal de Apostolado Social ha hecho pública una importante llamada a la reconciliación entre los españoles, adaptando a los problemas de nuestro país el lema propuesto por Pablo VI para todo el mundo. Dado el interés de este documento- -que firman los arzobispos de Granada y Oviedo, monseñores Benavent y Díaz Merchán; los obispos de Jaén, Huelva y Canarias, Monseñores Romero Menjíbar, González Moralejo e Infantes Florido, y el auxiliar de Barcelona monseñor Guiz- recogemos a continuación su texto en su integridad: Por tercera ves va a celebrarse en el mundo entero la Jornada de la Paz. Tiene este año por lema Educarse vara la paz por la reconciliación. Nuestra misión episcopal de sembradores de paz (Mt. 10,13) y de ministros de la reconciliación (II Cor. 5,18) nos mueve, pues, a dirigirnos ¡voy a todos, cumpliendo así el consejo de S. S. el Papa Pablo VI, que hace meses nos exhortaba a realizar una infatigable. obra de paz y de distensión La paz es fruto propio del amor. Incluso la justicia sólo prepara el camino para la, paz, pues el principio vivificante de ésta es la caridad. Cristo hizo posible la paz mediante la sangre de su cruz (Col. 1,20) mediante su amor sacrificado. Así habremos de lograrla los cristianos. Debernos, pues, preguntarnos con sinceridad cuales son las exigencias de la paz cristiana entre nosotros en los momentos presentes. No pensemos sólo en las guerras que afligen al mundo. Tales guerras son consecuencia de otras más hondas que laten en cada hombre o en cada grupo social y son producidas por el egoísmo, la falta de amor a los demás, la soberbia. El camina de la paz que hoy nos señala el Papa es el de la reconciliación. Re- conciliar es unir lo separado. Conseguir la unidad en el Padre común Un. 17,21) la unidad en el amor, ley básica del Evangelio, por encima de las inevitables discrepancias, de los pluralismos políticos, sociales y generacionales e incluso aceptar esqs diversos enfogues como una participación en la unidad superior de la caridad. Creemos que en la situación concreta de nuestro país la, reconciliación debe realizarse primordialnienie en cuatro ámbitos fundamentales I. EN LA CONVIVENCIA CÍVICA Lejos quedan ya los años de la contienda civil. La Jornada de la Paz mos invita a reflexionar sobre la. activa incorporación fie toaos a un clima de convivencia y ñe amor (Mt. 5,44) Trabajamos por! a jjasi del presente que es base de la del futuro. Este presente y ese futuro han ie superar las divisiones de ayer. Han de ser tiempos de paz. Se mutuo respeto entre quienes defiendan ponfos fie vista o Meolosrías i salvados, siempre y por todos, los limites de un orden justo y de una fraterna convivencia. Por consiguiente, convendría evitar todo cnanto pueda producir un clima de discordia y enfrentamiento que enturbie la paz de la convivencia cívica. 2. EN LAS RELACIONES SOCIALES El progreso de España es obra de todos los españoles. Lo ha sido el ya logrado y la será el futuro. En la participación de sus beneficios no debe haber, por tanto, ni privilegiados ni marginados. Vemos con tristesa la injusta situación que padecen muchos obreros, especialmente los peones eventuales, que todavía viven sujetos a las consecuencias de la dura ley de la oferta 3 f Ü S 5 y la demanda. Reconciliarse en este orden de cosas no es sólo conseguir la tranquilidad meramente externa. Allí donde el fuerte oprime al débil, o donde el débil odia al fuerte, hay guerra y no paz. Será necesario, pues, construir la justicia para alcanzar la verdadera reconciliación. Esta reconciliación excluye el odio y la violencia, pero es compatible con la, enérgica defensa de los propios derechos. Bien entendido que no es sólo injusta la violencia tumultuosa y subversiva, sino también la larvado de quienes impiden una distribución más justa de los bienes, que son obra de todos y que, por imperativos de justicia, deben servir al desarrollo da todos los hombres. Sólo podrá llamarse, pues, verdadera reconciliación y paz social aquella que se base en el mutuo reconocimiento de derechos y deberes. Necesitamos una nueva y pacífica actitud social Unos, para aceptar con prontitud y generosidad la distribución equitativa de cuanto poseen: riqueza, cultura, influjo social. Otros, para buscar la justicia con serenidad, pero con firmeza. Y todos, para estar dispuestos al sacrificio de los propios intereses cuando asi lo pida el bien común, pero de tal modo que nunca los sacrificios recaigan sobre los más débiles sino, según pide la equidad, sobré aquellos que tienen más posibilidades. 3. EN LAS TENSIONES GENERACIONALES La incomprensión entre generaciones eá nn hecho especialmente agudo en núes- tro tiempo y en todos los países del mando. También en España. Son muchos loa jóvenes que descalifican a sus padres y maestros por el mero hecho de pertenecer a otra generación. Y no son pocos loa mayores que reaccionan sólo negativamente ante actitudes características de la ju- ventud actual. También aquí es necesario un mutuo jf generoso esfuerzo de paz para que las enerj gías de todos contribuyan al progreso en ia convivencia pacífica. Los jóvenes demostrarán que son verdaderamente jóvenes si, en lugar de lanzarse a rechazar todo cuanto otros construyeron, aceptan y comprenden a sus mayores, reconociendo que la vida se da en un proceso histórico, y- que el pasado tiene su valor. Los mayores habrán de esforzarse por 1 comprender a los jóvenes para lleg- ar a descubrís- la rectitud y hondura que hay en ronchas de sus aspiraciones. Asimismo tendrán aue hacer posible a las nuevaá