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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA M A D R ID REDA C CI 0 N, A D M I N I S T R A C I ON T A L L E RE S SERRANO, 61- MADRID Y ba más de un año en vigor. Es curioso el sendero mental por el que La Forest llegó a penetrar en el ánimo del Monarca para inclinarle a firmar el Convenio. Los ingleses- -le decía- -no sólo han ocupado militarmente el país y sublevan vuestras colonias americanas, sino que han sembrado en la península unas ideas anárquicas y republicanas que cristalizan en las Cortes y en el código de Cádiz. Si el tratado de amistad y alianza que ahora y se propone entre las dos Coronas- -la de Napoleón y la de Fernando- -saca a España de la guerra y le devuelve el orden y la tranquilidad, a su amparo puede restablecerse la autoridad plena del Rey como antes de 1808, poniendo coto final a los desmanes del libertinaje. Era un lenguaje que iba abriéndose camino en el cerrado e indeciso carácter de Fernando, y que llenaba de júbilo a don Carlos María Isidro. Poco a poco el protocolo va tomando forma y el duque de San Carlos, traído de su destierro, lo redacta a medias con La Forest. No es sólo amistad, sino casi un pacto de familia lo que se proyecta con la joven princesa Zenaida, petite et rondelette hija de José Bonaparte, como posible futura consorte del Monarca español. Pero era preciso que la Regencia de España, nombrada por las Cortes, aprobase el Convenio. SVm Carlos mismo se ofreció de emisario. Al cabo de quince días partió de Valengay otro correo con el duplicado del Tratado, esta vez fue Palafox, preso en Vincennes, desde la gesta de Zaragoza. El resto de la historia es bien sabido. Ni la Regencia aprobó la paz separada ni los propósitos de orillar su autoridad y jurisdicción tuvieron eco. San Carlos regresó a Valencay desde España el 9 de marzo con las manos vacías. Los acontecimientos militares de Europa se precipitaron entre tanto. Napoleón decidió que con Tratado o sin él, era bueno devolver a Fernando a su Trono y salvar al menos una parte de las comprometidas guarniciones de Suchet. Así se llegó al Fluviá. Dqsde Bascara continuó Fernando VII, el mismo día 24 de marzo, su viaje a Gerona. Todavía estaban abiertos los muñones de las ruinas y el negro ramalazo de los incendios era visible en las paredes de la valerosa ciudad. Allí mismo comenzó a anudarse la iniciativa que había de culminar pocas semanas después, en Valencia, en el primer golpe militar de nuestra historia contemporánea que diera al traste con la Constitución. Empezaban los terribles movimientos pendulares. Mi paisano Arzadún, militar de muchos saberes, dedicó hace tiempo un corto y jugoso ensayo al retorno ds Fernando VII, titulado Guerra que acaba y reinado que empieza Veinte años más tarde, a svy muerte en 1833, pudieron invertirse los términos. Se acabó un reinado y alboreaba una guerra; la civil. Sus fulgores iban a iluminar patéticamente los cien años siguientes de nuestra existencia nacional. José María DE AREILZA FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA E pas de uno y otro ejército adversario, ciación. En España, el reinado de José que llevaban combatiendo sin tregua seis había terminado de hecho después de la años- de 1808 a 1814- formaron sus batalla de Vitoria. Suchet, hombre orgabatallones en las dos márgenes del río. Las nizador y cauteloso, retiraba sus diviaguas del Fluviá, caudalosas, venían en- siones del Levante, donde el acoso era cenagadas por el deshielo y las lluvias menor, hacia el Ebro y el Pirineo, guartorrenciales de los días de marzo. dando muchas fortalezas y ciudades esAl norte del río, Suchet, duque de pañolas corie guarnición importante en la Albufera, general en jefe francés del su poder. Al emperador aquellos soldareino de Aragón, recorría la impecable dos podían serle vitales en los trances línea, a caballo, de gran uniforme. Al que se debatía. ¿Por qué no instar a los sur del Fluviá, las huestes españolas, mal recluidos en Valenc. ay a negociar la paz vestidas y peor calzadas, de Francisco separada? ¿Por qué no obtener que EsCopons, general en jefe de Cataluña, for- paña abandonase a los aliados- -a Gran maban entre emocionadas e inquietas la Bretaña sobre todo- -y firmase un conveparada del recibimiento. Había banderas nio de amistad con el Imperio francés? Así nació en el magín del emperador, y músicas. Las baterías en despliegue, se aprestaban a rendir el saludo de los desde la indecisa batalla de Dresde, la nueve cañonazos. En esto se vio apare- idea del Tratado de Valen ay, origen del cer el cortejo por el camino de Figue- episodio de Bascara. En noviembre de ras. Venían media docena de coches con 1813 se puso en marcha la sutil intriga. escolta de granaderos franceses monta- Fue encargado de ella un diplomático dos. La banda de los imperiales to- de carrera, La Forest, aristócrata del ancó La Marsellesa Los soldados de tiguo régimen, a quien la fortuna hizo Napoleón presentaron armas. Del pri- trabar amistad y negocio con Tayllemer carruaje descendieron dos hombres, rand en Norteamérica, en los apos vestidos de levita de viaje, azul. El pri- de emigrante del secularizado obismero era joven, de mediana estatura, prie- po de Autun. Tayllerand, al regresar a Pato de carnes, de facciones acusadas, vi- rís para regir los negocios exteriores, trajo veza de gestos y mirada huidiza, de hom- consigo al joven diplomático, que pronto bre acosado entre tímido y receloso. El intervino en conferencias y tratados pasegundo era un anciano corpulento de sando luego a embajador en Prusia. De ojos azules, aire distraído y aspecto bo- allí lo sacó el propio emperador para nachón. Suchet besó la mano de los prín- acompañar a su hermano José a Madrid, cipes y les invitó a revistar la línea. con el delicado cargo de embajador de Fernando VII se despedía así de sus Francia en España. años de cautiverio en Válengay, recibienEl diplomático era hombre de moldes do con el infante don Antonio los ho- clásicos, muchas lecturas; rigor informanores del ejército francés en tierra es- tivo y estilo ampuloso pero legible. pañola. En sus novecientos y p i c o despaFrente a Bascara, pueblecito ribereño chos remitidos desde Madrid en cinco de veinte casas, se levantaba el puente que. años, y que llenan seis volúmenes de su servía de paso al camino real. Portel correspondencia, está una de- las claves atravesó a pie el Monarca, con su tío y más sugestivas de ¡ííuestra historia conun breve séquito de españoles, la fron- temporánea Iseer las comunicaciones del tera de la guerra. Copons, rodilla en tierra, embajador, tan exactas y prolijas, es adenprestó homenaje al exiliado, mientras le trarse en el mundo fascinante de la Corte entregaba los pliegos y documentos que la intrusa, de las camarillas de palacio, de la Regencia tenía prisa en comunicar al ambición de los afrancesados, de las preflamante soberano. Desfilaron en columna siones militares de los duques y príncilas tropas españolas con vivas y griterío pes napoleónicos, del río turbulento y general. El sol aclaró el horizonte sombrío rumoroso de las, coteries de la oposi- rt asociándose al suceso. Lleno de benévo- c i ó n la expectación, el pueblo español, que saEl séptimo, tomó dex La Forest comlía poco a poco de la horrenda pesadi- prende la trabajosa y bien urdida malla que le costó casi un millón de víc- niobra del embajador encargado ahora por timas, la pérdida virtual de su escua- Napoleón de explorar los ánimos de. los dra, y por ende de su Imperio ameri- príncipes Fernando VII, su hermano; cano, empezaba a vivir la hora deseada. don Carlos, y don Antonio, su tío, re ¿Había terminado la guerra? No; y ciben al enviado, con sorpresa, en su doeste era el lado picante de la efeméride. rado encierro de Valengay. Pero es aún Fernando viene a España, en plena con- mayor el recelo que la extrañeza por la tienda, cuando Wellington, al frente del insólita gestión. Lo que; más impresiona ejército coaligado desborda el Adour, en las cotidianas noticias que el enviado amenaza Burdeos y se apresta a reñir la remite a su ministro en París, es comsangrienta batalla de Toulouse contra probar el estado de ignorancia básica Soult. Bonaparte hacía, entretanto, des- en que los confinados se hallaban. Su pués de su derrota en Leipzig, prodigios información principal eran las Gacetas de carácter oficioso que llegaban de la de ingenio y de valor. España Napoleón no tenía ya tropas, sino res- capital francesa. De sabía. Niera poco lo siquiera el tos de un ejército derrotado. Todavía con que se publicaba y texto de la Cádiz habla esos harapos militares se batía palmo a llegado a las Constitución deeso que llevaregias manos, y palmo, esperando el milagro o la nego- madrugada, las t r o- L espectáculo era i n s ó 1 ito. D e s d e la LA HORA DESEADA