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ABC. SÁBADO 29 DE N O V I E M B R E DE 1969. EDICIÓN DE U MAÑANA. PAG. 59. Lázaro Galdiano, a raíz del suceso, hizo unas declaraciones bastante destempladas. Era director del Prado el señor Villegas; el subdirector, don José Garnelo. Rafael Coba fue detenido en octubre de aquel mismo año. Se le encontró en una mina, cerca de La Carolina (Jaén) Confesó los hechos, insistiendo en que no había más encartados. Cuando sacaba las joyas del tesoro les quitaba los engastes con una navaja. Luego, cuantas piezas no le parecían de interés, las tiraba a las alcantarillas de la Corredera Alta y la calle de la Puebla. Lo que creía de valor, iba a venderlo directamente o por intermediarios. Vestía traje gris y alpargatas en el momento de la detención. Al llegar a Madrid se dirigió a los fotógrafos dé Prensa, me te esperaban diciendo que las fotos eran muy convenientes. Días más tarde reconstruyo en persona las operaciones que efectuaba para cometer los robos. Los reporteros gráficos también estuvieron allí. El sumario quedaba casi cerrado. HACE CINCUENTA YUN AÑOS, EL MUSEO DEL PRADO SUFRIÓ EL ÚNICO ROBO DE SU HISTORIA Un e x vigilante s e apoderó d e parte del famoso Tesoro del Delfín EL LADRÓN UTILIZABA UNA ESCALERA DE MANO, UNA LLAVE DE ALUMINIO Y UNA NAVAJA, CON LA QUE DESENGASTABA EL ORO Y LA PEDRERÍA Madrid. (De nuestra Redacción. El Museo del Prado, que cumple ahora su CL aniversario, ha tenido una existencia más bien feliz. Las efemérides apenas dan un par de lineas para una crónica negra de la mejor pinacoteca del mundo. El ajetreo lo han ocasionado las frecuentes ampliaciones, las renovaciones, las adquisiciones de nuevos fondos y la incontenible afluencia de, sobre todo, los turistas. El único robo perpetrado en el Museo ocurrió en 1918, justo un año antes de cumplirse el centenario. En 1968, un joven alucinado, de nombre Antonio Utrera Molina, incendiario frustrado 4 e buzones, hizo a un colega nuestro, una confidencia. Había apuñalado media docena de cuadros y tapices. Las obras dañadas se restauraron en seguida. US. despojo de 1918 lo efectuó un tal Rafael Coba, que antes de ladrón había sido vigilante del Prado. Coba venía sustrayendo o mutilando piezas del Tesoro del Delíín desde el verano de 1917. El robo fue descubierto exactamente el 20 de septiembre de 191 Se denunció la falta de dieciocho objetos (copas, pomos de ungüento, tazas) y la mutilación de otros tres (copas de ágata con monturas de oro, esmalte y piedras preciosas) Las joyas componentes del Tesoro del Delfín, Que tras diversos avatares fueron entregadas al pintor Madrazo, director del Museo, en 1839, fueron propiedad del Rey Felipe V. Antes de pertenecer al Prado estuvieron depositadas en el Gabinete de Historia Natural. Según los entendidos, estas joyas constituían una colección única en el mundo. Atribuidas algunas a famosos orfebres del Renacimiento- -Viccutinó, Misseroni, Sarrachi- fueron ejecutadas con materiales nobles, piedras preciosas, oro, plata, lapislázuli, jaspes, ágatas, etc. Ciertas piezas habían sido tasadas, por la época del robó, en más de un millón de pesetas. El tesoro estaba expuesto al público en una vitrina de cristal, colocada en la sala grande del Museo. Descubierto el hecho, los directivos del Prado manifestaron que había tres celadores vigilando esta sala durante el día; que los sistemas de alarma funcionaban a la perfección y que las cerraduras de la vitrina estaban fabricadas á prueba de copias. Lo cierto fue que Rafael Coba entró al Museo muchas noches, subiendo por una escalera de mano al primer piso, recorría tranquilamente medio edificio y abría la vitrina con una simple llave de aluminio. Rafael Coba había sido, luego de un examinen, vigilante del Museo. Entonces cuidaban de él cuarenta celadores por el día. De noche, cinco vigilantes paisanos, más cuatro números y un cabo de la Guardia Cifil custodiaban el inmueble desde el exterior. Meses antes de comprobarse el robo, uno de los celadores de la sala grande llamado Anselmo Arribas, dio cuenta a la superioridad de apreciar algo raro en la colección. Pero a juicio de alguien nada de particular se notaba entre las joyas. El primer sospechoso del robo fue un pintor alemán que disfrutaba de un permiso especial para copiar cuadros. La suposición se fundaba en que dicho pintor había desaparecido con anterioridad a la denuncia sin dejar rastro. El entredicho, sin embargo, pudo aclararse tan pronto como el mismo pintor se personó ante la Policía para declarar. Las Drimeras Desatusas policiales condujeron a ciertos compradores de los objetos robados, fueran enteros o en parte. Declararon el padre y la amante de Coba, personas conocedoras del delito. Se formó un Tribunal especial, presidido por el juez Rus Cara. El escándalo fue considerable. Dimitió en pleno el Patronato del Museo. en FÍÜÁL i7 ZÓÑÁ Avda. Generalísimo, 146- Madrid Valderribas, 75- Madrid -f f ESTACIÓN DE SERVICIÓ Y TALLER SEAT j coupé 843 ce. 140 Kms hora 105.000 pfas. Situado en cualquier punto de España) Financiación FISEAT. 903 ce. más de 150 Kms hora 138.000 pfas. (Situado en cualquier puntó de España) Financiación FISEAT.