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ABC. J U E V E S 27 DE NOVIEMBRE DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 59. NACIONAL DE ESCULTURA DE VALLADOLID REÚNE EN TREINTA SALAS TESOROS DE UN VALOR INCALCULABLE Su creación se inició en 1835 por la Las obras de Berrugueie, Juan de Juni Academia de la Purísima Concepción, y Gregorio Fernández figuran a la cade Matemáticas y Nobles Arles beza de su amplísimo catálogo PROFUNDA PROYECCIÓN CULTURAL SOBRE LA CIUDAD MEDIANTE LA CELEBRACION DE CONFERENCIAS, CONCIERTOS Y EXPOSICIONES Está proyectada la iluminación inferior del edificio, que permitirá una considerable ampliación en los horarios de visiia Entre los numerosos museos desparramados por las provincias españolas hay que situar forzosamente en cabeza, con prioridad indiscutible, al Museo Nacional de Escultura de Valladolid, ciudad que- -como ha dicho Alonso Fueyo- -fue centro de referencias excepcionales en la historia de las ideas, durante los siglos XVI y XVII, cuando se concreta en sistema el saber teológico y florecen las letras y las artes; cuando se crea una tradición escultórica verdaderamente admirable, con Juan de Juni, Gregorio Fernández, Alonso Berruguete y Andrés de Nájera; cuando la fe de un pueblo, peregrino de amor divino, encuentra su andadura auténtica en la voz impresionante de sus gloriosos artistas... aquellos geniales artistas de la pequeña ciudad cortesana, capital de un Imperio, que supieron dar una patética expresión, imperecedera, a esos Cristos y Dolorosas, ángeles y sayones, salidos del corazón más que de una técnica sabia... A lo largo de esos dos siglos trascendentales, Valladolid y su provincia fueron centro de atracción irresistible para los más grandes artistas de la época, que levantaron templos grandiosos y los llenaron de tesoros incalculables: esculturas, imágenes de santos, Cristos y retablos enteros, pasos de Semana Santa impresionantes por su realismo, cuadros y enterramientos. Un legado riquísimo que Valladolid supo acumular y que los vallisoletanos- -para honor suyo y admiración de todos- -han sabido conservar a través de los tiempos, en uno de los museos más extraordinarios del mundo, un museo que justifica por si solo un viaje, desde cualquier Continente, para tener el gozo indescriptible de contemplar cuanto en sus salas se encierra. SENTIDO PREVISOR DE LOS ACADÉMICOS El mérito inicial de la formación de este inmenso tesoro artístico hay que otorgárselo a la Academia de la Purísima Concepción de Matemáticas y Nobles Artes, de Valladolid, que, con un enorme sentido previsor, trabajó, intensa y certeramente, -en la selección de todas las obras de arte conservadas, a lo largo de los siglos, en las iglesias y conventos de la provincia. No ignoraban aquellos beneméritos académicos que la Hacienda española buscaba solución a sus problemas mediante el recurso excepcional de la desamortización. Sabían qug aquellas medidas podían suponer la destrucción o ía pérdida irreparable de muchas creaciones artísticas y aprovecharon las facilidades que las disposiciones desamortizadoras concedieron, en 1836, para la retirada de obras de los conventos pertenecientes a las órdenes religiosas afectadas por la extinción. Los trabajos emprendidos en 1828 y culminados en 1835 desembocaron en la creación, por la Academia, de su Museo de Escultura. Su primer director, don Pedro González, tuvo que librar no pocas ni pequeñas batallas: primero, para impedir que muchas de aquellas esculturas, seleccionadas por la Academia, fueran trasladadas al Museo de la Trinidad, de Valladolid, intento en el que andaba empeñado don Valentín Calderera. Fue preciso luchar también, denodadamente, para conseguir un edificio adecuado donde instalar todos los tesoros acumulados para el Museo; las gestiones emprendidas para conseguir la cesión de los conventos incautados de los Pilipenses y Premostratenses no pudieron llegar a buen fin. Tres años consumieron estos laboriosos trámites hasta desembocar en la cesión del antiguo Colegio Mayor de la Santa Cruz, en cuyas naves pudo ser instalado, abierto y solemnemente inaugurado, el día 4 de octubre de 1842, el gran Museo vallisoletano de Escultura, cuyo primer catálogo veía la luz en 1843. ha vida del naciente Museo no fue sencilla. La Academia- r- que, prácticamente, lo había creado y tutelado desde el primer momento- -experimentó profunda reorganización en 1840, pasando a ser sólo de Bellas Artes. La Comisión provincial de Monumentos se consideró con mayor derecho a la tutela del gran Museo. La consiguió en 1844 y la mantuvo durante siete años, incorporando a sus fondos algunas obras valiosas, recogidas en los pueblos vallisoletanos. Los académicos no se conformaron nunca con aquel cambio y reclamaron, una y otra vez, sus derechos de patronazgo sobre el Museo, hasta que le fueron reconocidos de nuevo en 1851. Pero tampoco la Comisión quiso darse por conforme y las discusiones, las rivalidades, continuaron durante largo tiempo, con detrimento y perjuicio para el Museo, que durante muchos años, permaneció cerrado e inaccesible a la contemplación de los amantes del arte. Tan sólo en los días de la feria vallisoletana se abrían sus puertas, como un atractivo más para los forasteros que acudían de todas partes. LOS DIRECTORES A don Pedro González Martínez, primer director, le sustituyó, entre 1850 y 1853, don Pedro González Soubrié como conservador. Hasta 1873 la dirección corrió a cargo, interinamente, de don Agapito López de San Román. Le sustituiría don José Martí y Monsó hasta 1910. El año 1913 marcó una fecha clave para el gran Museo de Escultura al crearse su Patronato Especial, que había de darle, a partir de ese momento, un vigoroso y de cisivo impulso. Se suceden en la dirección del establecimiento don Ángel María Alvarez Taladriz hasta 1919, don Francisco de Cossío hasta 1923, luego don Juan Agapito Revilla hasta 1931, fecha en que le sustituiría de nuevo don Francisco da Cossío, que permanecería al frente del Museo, desarrollando una ingente labor, a lo largo de treinta años. Todo un plantel de directores eficacísimos. EL COLEGIO DE SAN GREGORIO Otra fecha señaladísima en este excep cional Museo vallisoletano la marca el año 1933, siendo director general de Bellas Artes don Ricardo de Orueta, gran entusiasta de la escultura policromada española, le otorgó el título de Museo Nacional de Escultura Religiosa de loa siglos XIII al XVni como proclamación oficial y reconocimiento máximo áe la excepcional magnitud áe los tesoros artísticos reunidos allí. Tan grandes, tan amplios, tan abundantes eran, que ya las salas del Colegio de Santa Sruz resultaban insuficientes, y se inició por entonces el traslado al antiguo Colegio dé San Gregorio, que- -tras haber desempeñado funciones de Gobierno Civil, de Universidad, de Instituto, de Delegación de Hacienda- -fue sometido a minu c i o s a s obras de restauración, bajo la dirección de los arquitectos don Emilio Moya y don Constantino Candeira, hasta dejarlo convertido en el marco brillante, suntuoso y espléndido para el muestrario dé arte que en sus salas iba a ser instalado posteriormente, bajo las orientaciones dictadas por don Javier Sánchez Cantón y don Francisco de Cossío. El Colegio de San Gregorio se convirtió así en el relicario maravilloso que deslumhra, tanto por su propia riqueza como 1 por el valor y el significado de las reliquias seculares qué guarda en su interior. Al vistarlo no se sabe a qué atender primero: si a la envoltura monumental 3 al contenido riquísimo. La idea de fundar este Colegio partió del obispo de Patencia, don Alonso de Burgos, conde de Pernía, canciller mayor y confesor de la Reina Isabel, que llegó a ser una personalidad muy relevante en el remado de los Reyes Católicos. Había recibido los grados. de la Orden Dominica en el convento de San Pablo de Valladolid, y por el mucho amor y aíi- LA PIELES DE CALIDAD AGILIDADES DE PAGO MASQUES DE OgQUIJO, 26 GUZMAN EL BUENO, 2 Tels. 2483733- 2475419- Madrid IMPORTANTE INMOBILIARIA PRECISA Preferible experiencia inmobiliaria Llamad teléfono 276 85 36, de 4,30 a 6. (21.070.