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bañan en el mar, están sentadas en el café, hacen visitas y conducen el coche. Pues nadie las mira cuando yo, que además de ser un león soy un niño, me pongo todo nervioso si alguna se me acerca. También hay hombres que se pasean por la calle en una facha de lo más extraña: pelos largos, barba, camisa de color de rosa y muchísima mugre por todas partes... Y tampoco se fija nadie. Xas señoras más viejísimas, vestidas de organdí pálido, con zapatos dorados y un perro ridiculo, tan típicas de la Costa Azul, como si no existiesen. Mejor si nadie las mira, hay que ver la suerte que tienen, menudos tumultos levanto yo cada vez que salgo a la calle... Los viejos gritan, los niños intentan acaricirarme, las señoras comentan, los hombres miran con cara de pocos amigos y edhan mano del paraguas... Un asco. Mientras tanto, los humanos, erre que erre, solo piensan en hacerse notar. Para eso trabajan, para eso se visten, para eso hacen política, para eso luchan. Jacqueline, mi ama, por ejemplo, no le basta ser bonita, ni ser azafata que hace unos viajes preciosos y la pagan como a una princesa, ni tener un novio piloto ia mar de aparente; lo único que busca es llamar la atención. Bueno, a mí me da lo mismo, que de lo boba que es la humanidad ya hablaban mis abuelos en la selva; lo malo es que para que se fijen en ella me lleva a mi a remolque sujeto a una cadena. Dios la perdone. ¡Ay. si mi padre levantara lia cabeza! de una dentellada se la haría bajar a muchos de nuestros contemporáneos... No quiero acordarme de cuando se le ocurrió llevarme a conocer París. Y todo para que hablasen de ella. Me poso en el avión y allí empecé a fastidiarme, porque estaba tan cómodo en d sitio de los equipajes, charlando con una perrito pequinesa en las mismas circunstancias, cuando Tino la tan pesadísima Jacqueline que quería sacarse unas fotos conmigo para lucir bien los ojos azules y la gorrita torcida del uniforme, sólo que tanto en las fotos como en la realidad nadie se fija en (día, sino en mi. Aterrizamos y llegó el novio, igual de presumido y deseoso de notoriedad que la elegida de su corazón. Y venga de disparar flashes conmigo en medio. Vejaciones y más vejaciones, ¡ay! si mi padre levantara la cabeza... Mejor es no recordar lo que pasó después, que como yo lo siga recordando cuando me convierta en un león adulto, pobre humanidad. íbamos por las calles más céntricas la azafata, el novio y yo tirando de la cadena, rodeados de fotógrafos, periodistas y nulos asustados. Kilos pasándoselo bomba- -al fin eran ei centro de atracción- -y yo echando las muelas. Jacqueline explicaba a todos tos que la querían oír y a los que no también que yo me había empeñado en conocer París y no taro más remedio que traerme; lo muy manso y adorable que era su leoncito y etcétera y etcétera... Me hicieron subir a un coche, cruzar por ei semáforo, dar la pata a una señora gorda, dejarme acariciar por unos liños feísimos y muchas otras cosas que no quiero ni hablar de ellas. Tan satisfechos y yo muerto de rabia. Porque me llamo Cristóbal y no soy más que un cachorro de león, esa es la verdad, pero cuando me pongo a pensar lo hago tan bien como el que más. Y me parece que tanto los (humanos como los bichos siempre queremos lo que no está a nuestro alcance. Como en mí se (fija todo el mundo, estoy deseando que nadie me mire. Como ellos, a fuerza de extravagancias, han conseguido que ya nada choque, se mueren por llamar la atención. Así es el mundo, y hasta un bsbé- fiera puede comprenderlo. Mi ama es cariñosa y buena, además muy guapa; lástima que en estos tiempos que corren tenga que llevarme a rastras, tirando de la cadena, para que la miren. Ni aun asi, porque en las calles de mucho tráfico, con tanta gente presurosa de un lado a otro y un guardia pitando, nadie reparaba en nosotros. Pero yo la adoro y cuando sea grande me comeré un par de niños cada vez que me lleve a París, solamente por verla contenta: al fin en primera página de los periódicos y fotografiada por los cuatro costados. Begoña GARCIA- DIEGO