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ESCAPARATE DE LIBRERÍA VLTIMAS NOVEDADES ED. PRENSA ESPAÑOLA: Un mundo a cuestas de Rodrigo Rubio. ED. NACIONAL: apeles amarillos en el ana de Rodrigo Rubio; ¡Secano de Andrés Quintanilla Buey. ED. ESPASA- CALPE: Primer y segunda parte del Rey Enrique IV de W. Shakespeare; Seronda antología poética de J. Ramón Jiménez (Colección Austral) ALIANZA EDITORIAL: La Celestina de Fernando de Rojas; India- Israel de Julián Marías. V x v ED. PLAZA Y JANES: Historia de la Lutwaffe de John Killen; Tierra sin tiempo de Peter Kolosimo; Vida en familia de Giovanni Guareschl ED. RIALP: Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes; El suénelo creador de F. Delelawt; La fe en el amor de D. Barsotti; Etica general y aplicada de J. Messner; Ideario para gerentes de empresa de A. Ivars. ESCRITORES OLYIDADOS JACINTO GRAU ACIÓ en Barcelona, el año 1877, y murió en Buenos Aires en 1958. La mayor parte de su vida transcurrió fuera de España, sin que por ello se desentendiera ni se desvinculase de su país. Por el contrario, sintió siempre una honda preocupación por su patria y exalto apasionadamente sus valores. Aunque contemporáneo de las grandes figuras del 98, no participó prácticamente en la vida literaria de este periodo, no utilizó la realidad de los hombres y los paisajes para elaborar una literatura esteticista, ni participó en la vida pública. Inició su carrera literaria con la novela Trasuntos pero muy pronto dedicó toda su atención al teatro. El hecho de su alejamiento físico y el que su reputación naciera ly creciera en el extranjero fueron la causa de que no lograra ser suficientemente conocido en España. Sonó aquí su nom- N E. NOG 17 ER: Edourd Manet biografía y estudios críticos de Sandra Orienti e introducción de M. Venturi; Las revelaciones de loe Yalaehi de Peter Maas. FONDO DE CULTURA ECONÓMICA: Guía de narradores de la revolución mexicana de Max Aub; Las corrientes literarias en la América hispánica de P. Henrí uez Ureña; libertad bajo palabra de Oetavio Pase Pensamienio español 1968 (Viene de la pág. 4 de Mirador) ciarse sobre todo lo que el magisterio eclesiástico considera opinable. Por encima del complejo temario, a cuyo compás el autor formula criterios y enfoques originales, destaca el prólogo, de sutilísimo alcance, en que el autor enfrenta a la crítica con la política. ¿Es posible, se pregunta, una actividad intelectual desentendida del absorbente politicismo de la hora contemporánea? Los caminos de la ciencia y del arte- -dice el autor- -son distintos de los políticos y su confusión terriblemente corruptora. Si hay que mantener en ciertas elaboraciones mentales un riguroso apoliticismo, no es porque se adopte un cómodo gesto de irresponsabilidad, sino porque esa actitud constituye un compromiso, que en el fondo es el más sutil y delicado a que puede sentirse sujeto el escritor. Fernández de la Mora es para mí, en este aspecto, un escritor comprometido: Pero comprometido con los imperativos de la verdad y de la justicia. Lo que significa la forma más noble que puede admitirse para la vinculación de una mente. Con razón dice Fernández de la Mora que la diferencia que existe entre el político y el crítico, cuando emite juicio so- bre algo que afecta a la dialéctica del poder, es que aquél sólo pretende ganar mientras que éste intenta ser a la vez veraz y justo. Hoy el escritor ha pasado del mundo de la meditación intelectual al plano de la acción. Estoy seguro que en este nuevo sesgo de su vida fallará la previsión que él formula en las páginas de este prólogo. Si son muy pocos los intelectuales que logran realizarse plenamente como hombres de Estado, Gonzalo Fernández de la Mora puede ser la singular excepción confirmadora del principio. El que ha demostrado una ejemplar altura de juicio al moverse en la región de las ideas, ¿por qué no va a conservar idéntico rigor moral al descender al agora y actuar en el ámbito trepidante de los hechos? Los escritores que fracasan en la acción política son los resentidos. Pero los que han servido el ideal de la ciencia y de la cultura, los que como Fernández de la Mora han templado espíritu y razón en el hábito del amor a la sabiduría, están libres de esa frustración e infecundidad. La aptitud para el juego de la política activa está confirmada en Fernández de la Mora en el previo entrenamiento con que ha realizado esa larga obra de crítica conceptual. Si esta fue pura, incluso cuando incidió sobre la tensa, vital y controvertida área de lo político, es que el escritor estaba ya preparando el camino al hombre de estado para que éste, en el plano de la actividad politizada, procediese con la misma rectitud y nobleza. -INTERINO. bre de carambola, con retrasa e imprecisión. En algún momento se le quiso oponer a Benavente, que ya entonces dominaba la escena española, cuando, en realidad, no podía establecerse parangón entre dos autores tan d i a m e t r a l m e n t e opuestos. Por su concepción del teatro, por su temática y su proclividad al énfasis y a la retórica- -largas parrafadas, lenguaje arcaico y artificioso- fue ¡más bien un autor de minorías en un tiempo en que el gusto general se inclinaba por el realismo y la naturalidad en escena. Orau no quiso nunca someterse al criterio vigente de hacer hablar a sus personajes con el lenguaje habitual. Por otra parte, tenía predilección por el tratamiento de temas ya utilizados por la literatura- -temas eternos, conmovedores y patéticos- -y situaba sus dramas en un tiempo tan remoto e irreal que resultaba totalmente ajeno a la sensibilidad y a la comprensión del público. De ahí el escaso éxito de su teatro en el público español contemporáneo. Como compensación tal vez, su creación dramática tuvo, por lo general, una halagüeña acogida en París, Londres, Berlín y Praga. Una de sus obras, E 3 señor Pigmalión por ejemplo, que presenta- una nueva versión del mito de Galatea cen referencias al conflicto autor- personajes de Pirandello, logró un gran éxito cuando fue estrenada en París. Apare de la ya citada y de algunas otras piezas menores, las obras de teatro de Jacinto Grau son las siguientes: El tercer demonio Don Juan de Carillana El burlador que no se burla ¿El conds Alareos El hijo pródigo y La señora guapa También dejó un libro de ensayos titulado Unamuno y 3 a angustia de su tiempo Torrente Ballester apunta como una de las razones del poco éxito del teatro de Grau la siguiente: Grau hace sus tragedias como si se tratara de un soneto o de una novela, géneros cuya génesis debe estar presidida por esa ley interior nacida de la propia naturaleza de la obra (de su naturaleza artística y literaria) Por lo tanto, Grau pierde de vista, vuelve la espalda, al hecho de la representación y de la interpretación; ignora al intérprete y al público; no les hace concesiones, pero al mismo tiempo desdeña las indispensables, las inherentes a la naturaleza misma de la obra representada, es decir, las que son tradicionales en el teatro, las que no rebajan la dignidad de ninguna obra teatral.