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MIRADOR Por IHT 1 PENSAMIENTO E S P A Ñ O L 1968 De G. FERNANDEZ DE LA MORA Ed. Rialp. 451 páginas. S I una característica determinante pudiera hallarse en la personalidad de Gonzalo Fernández de la Mora, sería la de su ejecutoria universitaria. La mentalidad que crean en él sus dos licenciataras de Filosofía y Letras y Derecho, configurará desde su Juventud su inclinación a los estudios humanísticos. Diplomático desde 1948, comparte su actividad profesional del servicio exterior con el cultivo de las letras. Diplomacia y literatura señalan asi- -como en los nombres de Ganivet, Valera y Donoso Cortés- -las dos vertientes de su radical vocación. Fernández de la Mora llegó al mundo de las letras en plena juventud, con una novela psicológica de carácter autobiográfico y de un único protagonista. Pero cuando su formación se completa, a compás de un rápido proceso de maduración intelectual, aparecen sus obras de pensador preocupado por los grandes temas- de nuestro tiempo. A esta inquietud responde Xas aporías de Nuremberg Esquema y ética de la colaboración Maquiavelo visto por los tratadistas políticos de la Contrarreforma La quiebra de la razón de Estado Maeztu y la teoría de la revolución y El articulo como fragmento Pero dos desús libros más recientes son los que han suscitado mayor resonancia entre los lectores de habla española: Ortega y el 98 y El crepúsculo de las ideologías Dos textos que confirman la plenitud del intelectual. Su colaboración en las páginas de ABC, que le vale los premios Loca de Tena y Mariano de Cavia, se proyecta de pronto hacia la crítica. Y desde hace siete años su nombre figurará al pie de una larga serie de comentarios exegéticos donde Fernández de la Mora ha Juzgado los libros que se publican en España, dentro del ámbito de las ciencias del espíritu A partir de entonces ha tenido el acierto de reunir en una serie de volúmenes sucesivos, bajo la rúbrica Pensamiento español ese haz de cincuenta críticas de su trabajo de cada año. Hoy que el intelectual interrumpe su colaboración en esta misma página, en atención a las nuevas responsabilidades a que le obliga su actual cargo de subsecretario de Política Exterior, salta aquí mismo el comentario a su último libro: Pensamiento español 1968 La técnica de su crítica es muy sistemática. Se compone de tres partes bien diferenciadas. Ante todo, una breve silueta del autor. Inmediatamente después una síntesis de las ideas principales de la obra. Finalmente una toma de posición d e l crítico frente al libro mismo. En este último aspecto, el juicio no se reduce a las ideas directrices de la obra, sino que comprende además el estudio estilístico y literario. Fernández de la Mora es, pues, un crítico. Ahora bien, ¿cómo se entiende la misión de la crítica en el mundo? Elliot hizo de ella una clasificación singular. Hay, primero, el crítico profesional como Sain- te- Breuve, que glosa en su periódico todo lo que cae en sus manos sin someterlo a priori a una estimativa de su valoración intrínseca. Existe, además, el crítico defensor que contribuye a dar a conocer los escritores preteridos pero con mérito- -este sería el caso de George Safntsbury, descubridor de genios entre la mediocridad, como esos marchantes de París, de prodigiosa sensibilidad artística, capaces de captar lo que a otros pasa inadvertido. Por eso Saintsbury dedicó, en el estudio de la novela francesa, más páginas a Paul de Kock que a Flaubert. T, por último, 1 duales investigaciones de los conceptos llega a la entraña ultima de la tesis, errónea o exacta del autor. Si para Platón la dialéctica era la mejor metodología para la metafísica, es que del choque de conceptos se llega a la pura región de las ideas, o, lo que es lo mismn, al hallazgo de la verdad. Con razón ha dicho Holderling que existimos desde el diálogo Por eso podría decirse que los libros ique Fernández de la Mora publica bajo el titulo de Pensamiento español son verdaderos elucidarios Porque él es ante todo un suscitador de ideas. Y en esto consiste el éxito de su procedimiento. Merced a la sugestión polémica estimula la atención del lector hacia temas que de otro modo hubiesen permanecido en un círculo minoritario. La crítica cumple asi una misión educadora. Y además de hacerse dialéctica se convierte, también, en didáctica. En esta misma línea aparece el sexto tomo correspondiente a 1968 de Pensamiento español que completa con los volúmenes anteriores casi un total de 2.500 páginas, cuyo índice onomástico cumulativo incluye cerca de dos mil nombres. Una virtud sistemática ha presidido la presentación de esta obra. La inclusión de los ensayos críticos agrupados bajo las grandes rúbricas de La Filosofía La sociedad y el Estado Las artes y El tema de España Bastaría evocar algunos apartados de cada uno de estos epígrafes para que resaltase el vasto horizonte que afronta la lúcida inquietud intelectual del autor. Dentro del capitulo de la filosofía se analiza la historia de las ideas a través de las cinco obras más importantes publicadas en 1968 sobre Suárez, A m o r Ruibal, Haecfcer, D Ors y Zaragüeta. Obras de metafísica en las que se analizan arduas cuestiones sobre sustancia y estructura trabajos sobre exégesis tomista dentro del cuadro de la filosofía de la religión, han reclamado la desvelada curiosidad del critico, al que ningún pro- blema de la razón o del espíritu ha resultado ajeno. Personajes de decisiva influencia en el mundo de la cultura, como Valera, Leopoldo Alas. Menéndez Pelayo o Marañón, o en el de la política, comoAzaña. surgen con vivo perfil bajo la pluma equilibrada, veraz y objetiva del ensayista. El pulso caliente de España tiembla estremecido en cada página. La mirada de Gonzalo Fernández de la Mora produce, al incidir como un rayo de luz sobre el paisaje moral de la patria, el más sugestivo espectro temático. Así, el tema de América se nos aviva con nuevas perspectivas a través de Los mil y un descubrimientos de América de Torcuata Luca de Tena, o del Análisis de las finanzas de las Indias de Ismael Sánchez Bella, o de una revisión del papel de La Rábida en la historia del descubrimiento, de la pluma de Rumeu de Armas. Sobre la situación de la Universidad española el autor nos brinda una visión personalísima más aguda y profunda que la que se apunta en las obras respectivas de Tovar o de Laín. Las conversaciones con José María Escrivá de Balaguer ponen meridiana claridad sobre una institución religiosa más- discutida que comprendida en la amplitud de su apostolado espiritual. Fernández de la Mora destaca las dos características esenciales de ese instituto: la búsqueda de la propia perfección en el trabajo vocacional de cada uno y la absoluta libertad de pronun Pasa a la pág. 5. de Mirador. académico y teórico. Este estilo va desde lo exclusivamente erudito, como W. P. Ker, que sabe esclarecer la afinidad ideológica de cada autor con posiciones parejas de otras culturas, hasta el filósofo, como I. A. Richards, que es a la vez crítico y pensador. ¿En qué sistema podría incluirse la obra de Fernández de la Mora? Sin duda que en el tercer grupo. Y ciertamente que esta es una estrategia de trabajo hasta ahora insólita en España. Porque se trata no sólo de la exégesis ds un texto, sino del estudio del mundo mental del autor, en el que el critico interviene completando con juicios propios, mediante coincidencias o discrepancias, las tesis de la obra. Así, Fernández de la Mora escribe un ensayo personal, con ocasión de la publicación de cada libro. Es el humanista que juzga con mente filosófica. No es un simple expositor de conceptos ajenos, sino, esencialmente, un polemizador. De este modo ha convertido la crítica en dialéctica. Y lo que hubiera sido la trascripción de ideas expuestas en forma de monólogo se conviete en diálogo. Su táctica es por demás sugestiva y original. Mediante gra-