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J 3 U crónica semanal de las letras S E N D ER mu B U N importante premio literario acerca Ja figura de Ramón J. Sender al centro de la atención pública. Sender es uno de los novelistas españoles actuales más leídos. Tal vez hoy el más leído. Después de veinticinco años de silencio en torno a su nombre, hace cuatro o cinco sus libros irrumpieron como un aluvión literario en nuestro mercado editorial. ES prolongado silencio, la impetuosa reaparición y ahora el nuevo galardón, a los treinta y cuatro años de haberle sido otorgado el Premio Nacional de Literatura, dan al caso Sender las apariencias de un singular fenómeno literario, rodeado de nebulosas e interrogantes. 1 nombre de Sender da pie a pequeños y a grandes equívocos. En primer lugar, ¿se dice Sender o Sender? Cada cual carga el- acento donde le parece. Lo curioso es que los propios parientes del escritor no se porten de acuerdo. El nombre es catalán, pero entre los que lo usan como apellido no faltan quienes le atribuyen origen inglés. En el primer caso significaría senda o sendero; en el segundo, remitente o, en terminología técnica, transmisor. A un hombre que ha viajado tanto y que ejerce el oficio de escribir, o sea, de comunicarse con los demás, le acomoda cualquiera de las dos acepciones. El novelista, resignado, explica con humor que en cualquier silaba que se ponga el acento, si le llaman, acude. ¿Y qué decir de la J. que indefectiblemente sigue a su nombre de Ramón? ¿Es cifra de un segundo nombre o de un primer apellido? Pocas veces se ha visto impresa la filiación completa del scritor: Ramón José Sender Garcés. El José lo ha cedido a sus sosias literario, José Garcés. protagonista de la serie de narraciones autobiográficas que con el titulo de Crónica del alba forman su obra más conocida. La precedencia, la rotundidad de Ramón, nombre glorificado por los grandes Ramones literarios Menéndez Pidal, Valle Inclán, Gómez de la Serna, Pérez de Ayala, hicieron decaer el José al modesto estado de solidaridad inicial- -una jeta que puede tomarse por alusión a la condición aragonesa del escritor- apoyada en un enigmático punto. De todas maneras, el José, que no se resigna a desaparecer ni a desvanecerse en un signo confundible, se ha refugiado en el tibia ámbito familiar, donde el Ramón famoso cede el sitio, en boca de sus hermanos, a un entrañable Pepe. También existe incertidumbre sobre el lugar y fecha de nacimiento del novelista. En historias y diccionarios de literatura se le da por nacido en Alcolea de Cinca (Huesca) en 19 C 2, cuando lo cierto es que vio por primera vez la luz en Chalamera, pueblecillo de la misma provincia, el 3 de febrero de 1901. Estas imprecisiones, inevitables en las biografías de escritores famosos, son minucias de interés anecdótico y no tienen ninguna importancia comparadas con las incomprensiones e inexactitudes, nacidas de la falta de información, que se han o de literatura de testimonio pero lo hizo conservando su independencia, sin apuntarse a ningún partido político y sin someterse a las consignas de los comunistas, de los republicanos o de los anarquistas, grupo este último al que le unía una mayor propagado sobre Sender. Se conocía una afinidad ideológica. Al terminar la conimagen del escritor de la que k menos que tienda se vio aislado, o se aisló adrede, se podía decir es que estaba desenfocada. como su alter ego Federico Saila, un En los años anteriores a la guerra civil, desplazado voluntario por desencanto y Sender era celebrado por sus novelas y por eso, durante el largo periodo en- que la por sus ensayos y por sus grandes repor- política se polarizaba en actitudes extremistajes. Los años subsiguientes, no obstan- tas, al nombre de Sender, malquisto en uno te haber sido uno de los escritores del y otro bando, se le hizo el vacío. exilio más laboriosos, eminentes y fecunTampoco figuraba en ninguna capilla lides, y seguramente el más traducido, no teraria ni se dejó arrastrar por las superinspiró grandes entusiasmos ni fue objeto ficiales corrientes artísticas de la época. de muchos comentarios en la España de Cronológicamente pertenece a la generadentro ni en la de ción de 1927. Pero tiene muy fuera. Sus primeros poco que ver, desde el punto libros no se reeditade vista estético, con sus ron y los que escribió componentes. Estaba más después aparecieron cerca de Baroja y de Valleen Hispanoamérica y, Inclán que de los narradopor razones obvias, res deshumanizados y forno entraban en la pamalistas de su promoción. tria del escritor. Por No porque desdeñara los razones menos diáfanuevos estilos ni porque ignas, los órganos culnorara las nuevas corrienturales del e x i l i o tes de pensamiento, sino, tampoco airearon su sencillamente, porque sabía nombre como se medistinguir lo efímero de lo recía. Sender se haperdurable. H o y parece bía quedado en una mantenerse en la misma tierra de nadie. postura que le colocó al La explicación a margen de las modas liteeste aislamiento cararias. Hablando de su úlbría hallarla en el tima novela, todavía inédisupuesto de que Senta, dice: En ella defiendo der, tanto en el plamis tesis de que el estetino estético como en cismo, la belleza por la beel político, es un eslleza, no puede ser el único critor solitario. Conjustificativo de la vida. tra lo que pueda penSender rjna idea que igualmente sarse, carece de vocahubiera suscrito hace treinta y cinco años. De la lección política. Y no hay contradición entre el despego de la po- tura de su primera novela, Imán pulítica y el fervor revolucionario que de blicada en 1930, seria fácil deducir la modo inequívoco refleja su obra y que tesis que ahora formula. Y no creo probablemente no se ha extinguido en su arriesgado decir que su constante adhesión alma de aragonés obstinado o, como a él a ella le ha preservado de los vendavales le gusta decir, de ttergete. En su novela La que derribaron y sepultaron en el olvido Esfera el protagonista, Federico Saila tantos nombres literarios de coetáneos que- -otro trasunto del propio autor- des- siendo entonces tan modernos resultarían pués de confesar su insolidaridad con las hay anacrónicos. La fidelidad a sí mismo y la consecuencia personas que le rodean, dulcifica el acento para decir: Pero seguramente amo alguna en los ideales y principios sinceramente cosa. En primer lugar, las limpias pasiones profesados le han salvado como escritor, de mi pueblo, pero desnudas de política y pero en otro orden ele cosas, y posiblemente de retórica suasoria. NI una palabra, ni el en el literario también, le ha salvado su enunciado de un partido político, ni una amor a España, su pasión española. Porque este hombre que ha reaparecido como un bandera. El que no hiciera política no significa Guadiana de las letras; este duro aragonés hace cuarenta años se que se desentendiera de las exigencias po- quela refriega que dividió alanzó de cabeza en españoles y lítico- sociales de su época. Si a algún es- que pagó un precio elevado, los monedas de en critor le conviene el concepto de compro- sangre y de destierro, por su participación metido elaborado muchos años después, en la lucha, retorna limpio de rencores y es al Sender de los años que precedieron a de resentimientos, con los brazos y el alma la guerra española. Tomó parte en los su- abiertos, sin entonar palinodias, impulsado cesos históricos que conmovieron la vida por el anhelo de volver a la tierra y al del país: la guerra de Marruecos, la caída terreno en que todos los hombres de buena de la Monarquía, las crisis sangrientas de voluntad pueden encontrarse y entenderse. la República, la guerra civil... Intervino de Y si uno piensa que durante treinta años, modo personal y activo como soldado, como día tras día, el desterrado ha estado aliconspirador, como agitador social, poniendo mentando sin desfallecimientos la viva muchas veces su vida en el juego, y lo que llama de amor y deseo de su patria, no a la postre le justificará ante la posteridad, puede menos de saludar su regreso con como escritor, dando testimonio de la reali- emoción y respeto. ¡Buenos días, Sender. dad española de su tiempo. Hizo lo que después se calificaría dé novela social Manuel CEREZALES.