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FIGURAS BE LA VIDA MUSICAL ESPAÑOLA MARCOS FERRAGUT, EL HOMBRE La gran casa de la música, centrada por una espléndida sala con dos mil plazas E inauguró en septiembre con tres sensacionales conciertos de Kárajan y la Orquesta Filarmónica de Berlín. Tuve, entonces, ecos muy directos y calificados, entusiastas y unánimes sobre lo que significaba el nuevo Auditorium de Palma de Mallorca, no ya en la ciudad, en la isla, sino en el panorama general de la música española. Es ahora cuando he tenido la ocasión de conocer la obra y también de que su artífice me la explicase, al tiempo que me trasladaba sus proyectos con una fe contagiosa, exaltada, como de apóstol. Su hijo Rafael, estrecho y único elemento colaborador, es mucho más mesurado, pero asiente. Y no se olvide que este asentimiento supone rendirlo a la aventura en la que la familia se ha jugado la fortuna presente, la futura y el resultado material de toda una vida. -Lo mejor es que mi mujer también está de acuerdo... Lo dice con orgullo, Marcos Perragut. Alto, delgado, un poco quijotesca de planta y, como el Quijote, alucinado por la noble pasión; claros los ojos, mondo el cráneo, enmarcado por algunos cabellos blancos; las manos, muy expresivas, rápida la palabra, vivo el andar, incansable al cantar su obra, me atreví a interrumpirle, sonriente: -Se ve que es usted partidario... ¡Claro que lo soy! ¡Usted lo será cuando lo vea, cuando sepa lo- que nos proponemos! ¡Venga, venga... Desde ese momento, un recorrido minucioso, subrayado con informes, sin posibilidad, apenas, de tomar notas por el ritmo vivacísimo Pido armisticio a la mitad y puedo, en la cafetería de la planta baja, resumir impresiones en unos apuntes de urgencia, que me sirven ahora de base. El edificio, situado en el centro del Paseo Marítimo, frente a la bahía, con un emplazamiento posiblemente único en el mundo, alberga el Auditorium capaz para dos mil plazas, una Sala Mozart on trescientas cincuenta, un teatro abierto en la terraza, con posibilidad de acomodo para mil espectadores, el local para un Conservatorio que se intenta Superior de música, los precisos para una escuela de Ballet otra de Arte Dramático, salas de ensayos, camarines, dos amplios bares en platea y anfiteatro, un Club para Juventudes musicales un restaurante con amplísimos ventanales al paseo, con cabida para cuatrocientos comensales, una cafetería... Todo ello, a cargo de Perragut... -Sí; sólo de nosotros, sin sociedades anónimas ni otros particulares, de momento sin subvenciones, a fuerza de lograr préstamos a varios plazos con distintos Bancos y de gastar nuestro último céntimo. Con la esperanza de recibir apoyos, ayudas en las importaciones- -ahora mismo aguardan en el puerto noventa nedelantera en busca de la acústica, buena iluminación, foso para gran orquesta, incorporado ahora a la escena. Lo que se ve de ella, unos doce metros, es menos de la tercera parte de lo disponible, y sin embargo actúa holgadamente una formación de cien elementos sinfónicos. El estrado para los conciertos se enmarca por madera en zig- zag, para evitar el sonido plano. (Después, en el memorable concierto escuchado a los filarmónicos vieneses con Karl Bhm, percibí resonancias y ecos en los fuertes, único defecto en la acústica brillantísima y muy clara. Aguarde usted- -me dijeron- -a que el escenario se llene con su material propio. ¿No hay resonancia en las catedrales de altas bóvedas? Piense en los veintisiete metros de altura, hasta el telar Otro detalle singular: la enorme boca de la escena: treinta y tres metros. Más: la segunda mitad del techo, en la sala, de forma plana, para recoger y proyectar el sonido hacia abajo; el anfiteatro abierto como una boca, para que el sonido penetre hasta el fondo. La iluminación indirecta. Cuatro plantas de aire acondicionado. Dos transformadores de cuatrocientas caveas, cada uno... Las dos plantas de las localidades, con enormes rampas, de tal forma que ningún espectador moleste a otro. Varios puentes de luces. Paredes con forres macizos de madera y pisos de hormigón, forrados. Accesos a los puestos laterales y ordenadísimos. Treinta metros desde el último puesto del anfiteatro a la escena, que no impiden la sensación de equilibrio que pueda producir una sala de cámara. Telares de hierro... (Resumo con cierta anarquía por la mayor fidelidad) S toladas de material inglés, para montar luminotecnia, escenografía, cuanto redondee el escenario para ser utilizado en representaciones- -de merecer exenciones de impuestos, de que se reconozca todo lo qu hemos hecho y lo que vamos a hacer, a poco que nos impulsen. Pero, ¡claro que conseguiremos subvenciones! ¡Yo tengo fe! ¡Dígalo, dígalo, ayúdenos... Pero, antes, convénzase y vea lo que ya existe. Que iluminen toda la sala. Empieza el recorrido. Son dos las plantas, holgadísimas, con más de mil butacas en las plateas y todas las del auditorium iguales en clase, tamaño y color- -el color, con todo respeto y sinceridad, es lo único un poco detonante en la sala- y con una visibilidad que es la mayor virtud, porque todos los puestos son frontales. Tan sólo, para romper la frialdad de las paredes y a guisa de palcos simbólicos, tres salientes a cada lado, con poco más de cien plazas. Laterales, también, dos cabinas encristaladas para televisión, y una grande, al fondo de la platea, para el mismo fin y como verdadero puente de mandos para las direcciones, por el emplazamiento que permite observarlo todo como cualquier espectador. Paneles de oro, techo inclinado en la parte