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LA CARICATURA Y LOS CARICATURISTAS FERNANDO FRESNO L tiempo pasa y van quedando atrás, perdidos en las brumas de lo desconocido, a los que quisimos o admiramos, aquellos que nos dejaron como herencia de una infatigable vida de trabajo el fruto de su habilidad y de su ingenio. Recordar a los que fueron es un deber de los que aún quedamos. La historia del vivir diario la vamos escribiendo poco a poco, todos y cada uno, aunque hay seres, sin embargo, que abandonan el mundo sin dejar rastro. No podemos exigir demasiado. En la eterna comedia humana, esa que se representa en el mundo todos los días, cada uno tiene su papel y lo defiende según sus facultades y su inteligencia. En la brillante historia de la caricatura española que aún podemos llamar contemporánea sobresale un nombre: Fernando Fresno, uno de los más hábiles dibujantes y caricaturistas de la primera mitad de nuestro siglo, uno de los lápices más fecundos de la actualidad, principalmente teatral, madrileña. Porque Fresno (su verdadero nombre, Fernando Gómez Pamo del Fresno) actor de caracterizada personalidad, figura destacada de la escena, obtuvo como caricaturista un justo y sobresaliente renombre que trascendió al extranjero. Puede decirse que Fresno, con Tovar, con Sancha, con Xaudaró y con Sileno, y más tarde con Sirio, fue el gran caricaturista de una época brillante de nuestro arte dibujístico. Todas las devociones e influencias de aquellos años estaban puestas en el extranjero: Gulbrassons (Alemania) y Caran D Ache (Francia) y sin embargo Fresno, muy suyo, muy personal, muy independiente, creó un estilo y una técnica que se basaba precisamente en la esquema tización de la linea, en lo que yo he dado en lla, mar la taquigrafía del dibujo. El lápiz de Fresno busca la simplificación, el ahorro masivo, y constructivo en exceso, de los rasgos, y buscando lo fundamental, lo preciso, lo justo e imprescindible da una visión perfecta en un estudio psicológico del personaje. Prescinde del valor ambiental, de lo superfluo, -de lo innecesario, y con la sencillez espontánea de un rasgo capta toda la personalidad del modelo. Fresno es uno de los dibujantes españoles que mejor pudo competir con los más destacados d e l extranjero. No copia a nadie, no siente la influencia de nadie- -si no es la admirativa- y con una técnica avanzada para aquellos tiempos muere en Madrid a los sesenta y ocho años en 1949, enriqusctendo la historia de la caricatura con una obra inolvidable. Tal vez en esa simplificación de los rasgos esenciales, en esa simplicidad constructiva, se aproxime a Sileno, dibujante eminentemente político que dejó en A B C y Blanco y Negro como Fresno, lo mejor de su talento creativo. Era natural que Fresno, actor desde sus años de juventud, llevara al papel la caricatura de actrices y actores, la vida diaria E Galería de actualidad por Fresno (ABC, 13 de enero de 1946) teatral madrileña- -en acuellas, llamémoslas crónicas gráficas- -de los principales estrenos. Su vida escénica no mermó, antes bien acrecentó, sus facultades privilegiadas de dibujante. Su vida- -doble vida artística- -estuvo enclaustrada en el teatro, y gracias a él y a Tovar nos han quedado testimonios de aquellas grandes figuras de la escena que ocuparon medio siglo de la vida artística española. No olvidemos lo que en la historia de la caricatura mundial ha representado España. Por eso enjuiciar a largo plazo, recordar y enaltecer la figura de los hombres de valía que fueron, cada uno en su género, es un deber de los que de su generación, o subsiguiente, aún quedamos. Da gozo el escribir, aunque ahora sea fragmentariamente, sobre la historia de la caricatura española, que en cualquierépoca, en cualquier momento- -desde principios del siglo XIX hasta hoy- -ha producido las páginas más ingeniosas de humor y las más acertadas muestras de la caricatura personal, que podemos hacer arrancar con Cilla- ¡oh inolvidable Madrid Cómico í- -y se cierra brillantemente por ahora con la maestría dibujística de Dávila y Galindo y con la veteranía y el estilo pe- culiar dibujístico, gracioso y a veces profundo, del ingenioso y sin par Mingóte. Es indudable que el humorismo cambia con los tiempos. El humorismo es un arte esencialmente impresionista. No el impresionismo del color establecido en la pintura del que nuestros artistas mediterráneos dieron cumplidas muestras, sino un impresionismo de rasgos esenciales simplificados que, reducidos a la más mínima supeditación, habrán de dar la realidad emocional captando el espíritu y hasta el temperamento de la persona elegida como modelo. Fresno fue en todo momento el gran impresionista de la caricatura que había de ejercer su influencia no sólo en las generaciones sucesivas de España, sino también de no pocas del extranjero. Toda la prensa periódica de tíñales del siglo XIX está llena de caricaturas. Está influencia ambiental llegaría límpida hasta la primera mitad del XX, en la que estuvo su total y acomodada vigencia. Fresno fue uno de ellos, uno de los dibujantes más enamorados de un arte que ocupó toda su vida y por el cual se le recordara, eternamente. Mariano SÁNCHEZ DE PALACIOS