Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SALUD Y BELLEZA LA ENFERMEDAD DE LOS CELOS Por el doctor M. de AGUILAR MERLO De to Asociación de Escritores v Artistas Médicos E L problema de los celos es, para muchas personas, de gran importancia. No se puede delimitar cuándo es halagador el estar celoso de la persona amada y cuándo roza los limites de lo patológico, pudiendo atormentar toda una vida con casi una crueldad mental. Hay países donde los celos son asunto cotidiano, por mala educación sexual o- por dar una importancia desusada a estos temas, olvidándose que no es el único mandamiento de la Lev de Dios el relativo a los temas sexuales. Los recuerdos de la infancia y las frustraciones consecutivas quedaron fijadas en la personalidad. Otras veces, la persona celosa es un ansioso de amor que, por timidez, o por miedo, o por inhibición, se queda sólo en pensamientos y nunca en hechos. Entonces refleja inconscientemente su personalidad en la persona amada y cree que ella también es así, y piensa que le está siempre siendo infiel. También puede ser celoso no solamente el tímido, sino, por el contrario, el que vivió intensamente una vida desaforada y conoce, según él, los secretos recónditos de la vida y juzga a todos igual, sin sentir fe en nadie. De cualquier manera los celos, normales, cuando llegan a herir con insistencia a otra persona hace que ésta termine perdiendo la confianza y el amor. La única manera de evitarlos es un autocontrol o dominio de uno mismo. Por regla general los celos se originan en personas no formadas del todo psíquicamente. Sólo la educación, en el más amplio sentido, puede disminuirlos. anormal o psicópata al que- -según el criterio de Kretschmer- -con su anormalidad sufre y hace sufrir a los demás. Un músico no sufre componiendo música, ni un escritor hace sufrir escribiendo un libro. Quisa alguien llore de emoción al leerlo, pero no es hacer sufrir a la Humanidad, sino despertar un escondido sentimiento de caridad o emoción en su lector. Entre las muchas clases de personalida- cio. Existen otros, melancólicos, irritables y desconfiados que forman el grupo de los depresivos. También están los psicópatas de estado de ánimo desequilibrado, tan pronto excitados y contentos como bruscamente irritables, pagando todas las culpas los más cercanos, es decir, su familia, etcétera. En todas estas personalidades, no enfermas pero en el limite, los celos, que podrían tener una explicación una angustiosa vida en solitario, sin defensa. Solamente vemos solución por vía de la psicoterapia, reeducando a la personalidad anormal. Pero a veces nos encontramos con una verdadera enfermedad mental o psicosis. Los celos, por ejemplo, de un paranoico, en todo normal: en la conversación, en la inteligencia, etc. menos cuando mencionen su delirio de celos o cualquier otro delirio- -como el de persecución, etc. -que le afecte. Entonces los celos son de tal intensidad, tan desordenados y agresivos, que hacen imposible la vida común mientras no sea curado. Antiguamente se tenia al enfermo mental como un condenado, fuera de la sociedad. Ahora el enfermo mental es como otro enfermo cualquiera que tuviera pulmonía o reumatismo. No tiene nada de qué avergonzarse y se puede curar, como aquéllos, con sólo unas pastillas o cualquier otra terapéutica. EL DELIRIO TOXICO DE LOS CELOS M LAS PERSONALIDADES INMADURAS P ERO si nos salimos de la esfera de la normalidad, entonces el problema de los celos se agudiza. Una persona anormal sería todo aquel que se sale del tipo medio o norma que se establece como patrón de la Humanidad. Tan anormal podría ser Cervantes o Wagner como un psicópata, ya que ambos se salen, con mucho, de la generalidad de los hombres. Pero en psiquiatría se llama personalidad des indicaremos algunas que tienen un exacerbado afán de notoriedad, queriendo ser más de lo que son y que se hable siempre de ellos, para bien o para mal. Según creen, todo el mundo está enamorado de ellos y de su cónyuge, que, por otra parte, puede hacerle sombra en su popularidad. Los psicópatas inseguros de sí mismos, muy escrupulosos, obsesionados con sus hipotéticas incapacidades, creen que su cónyuge les engaña y que siempre hay alguien murmurando o buscando su perjui- razonable, pierden todo su valor al plantearse de una manera desmedida. Además, los psicópatas gustan de la exhibición de sus defectos y tienen a gala pregonar sus celos haciendo imposible la vida matrimonial. E n determinados países la situación termina en el divorcio; en otros se soporta un verdadero calvario. En España, las leyes, que tan escasamente protegen a la mujer, hacen muy difícil poder aconsejar. Una mujer, joven o vieja, sola o con hijos, separada de su marido, llevaría ENCIÓN aparte merecen los celos en te persona que bebe con exceso, aun sin haber tenido una franca borrachera nunca. Es uno de los delirios alcohólicos más frecuentes. Primeramente sólo se padece mientras se está bajo los efectos del alcohol, pero luego, con los años, según se va impregnando el cerebro en tóxicos, los delirios de celos se tienen incluso sin beber, siendo uno de los más agudos problemas matrimoniales. Es muy difícil convencer a un alcohólico que deje de beber. Ellos mismos tienen propósito de hacerlo, pero no pueden cuando han llegado a un cierto nivel de habituación. Cuando el delirio de celos se fija y se hace obsesivo, llega a ser más peligroso incluso que en un enfermo mental paranoico. Entre ellos se dan más casos estadísticos de homicidios, etc. Llegados a este estado, no hay más solución para poder desterrar el hábito de la bebida que internarlos y hacer un tratamiento psiquiátrico adecuado, separándoles de sus antiguas compañías que le hacían beber, una vez curados. 54