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TU HIJO YTU ¿SON IMPR UDENTES NUESTROS HIJOS? procura no alejarte de la playa con la canoa neumática porque puede haber corrientes q u e te arrastren hacia alta mar. Si a lo largo del año nos preocupa los accidentes que pueden suceder a nuestros hijos, en la época de las vacaciones, que acaba de transcurrir, sin colegio ni horario, los peligros, como todas las madres pueden confirmar, fueron mayores. Antes de dejar a mis hijos algún tiempo en casa de unos amigos junto al mar, les recordé hasta el último momento los peligros que corrían y multipliqué las consignas: No vayáis en bicicleta por las grandes carreteras; cuidado con los pozos, no juguéis alrededor de los instrumentos agrícolas y del tractor Y, en el momento de la despedida, mi hija que me había escuchado con alguna impaciencia, me dijo al besarme, poniéndose seria de pronto: Y sobre todo no conduzcas demasiado de prisa cuando vuelvas. Fue una cosa inesperada y agradable, y muy oportuna que me recordó, como a las demás madres, que, los niños no son tan imprudentes como creemos, que no tienen ningún deseo de herirse, de ahogarse o de partirse una pierna. Quieren tan solo jugar con la mayor libertad posible. Y M IREN ustedes a esta señora que se ínstala en la playa. Ha dado a sus hijos órdenes precisas: se prohibe bañarse antes que ella, se prohibe ir a las rocas, se prohibe alejarse de su vista. Y fíjense en esa otra, ansiosa y agitada, que no pierde de vista a su grupo de niños, buscando a su alrededor cuando cree haber perdido uno y precipitándose para acudir en su ayuda cuando los cree en dificultades. La primera se imagina que gracias a cierto número de prohibiciones, sus hijos están seguros. ¿Pero qué sucederá si uno de ellos, cansado de tanto rigor, se escapa a escondidas para pescar cangrejos o para saltar entre las olas? La segunda protege ciegamente a sus pequeños, se pone a su lado en cuanto parecen correr el menor riesgo, sin dejarles iniciativa ni responsabilidad. Si su atención se distrae unos instantes y un niño se mete entonces en un peligro cualquiera, ¿sabrá salir solo si siempre han pensado por él y siempre han obrado en su lugar? Lamentarse cuando un accidente se ha producido, llenarse de recriminaciones, no sirve para mucho. Es preferible prever lo peor y procurar impedirlo o remediarlo con la mayor rapidez posible. Es particularmente importante hacer ciertas vacunaciones durante el veraneo: tétanos y poliomielitis. Puede haber riesgo de tétanos si un niño se hace una herida en la carretera, cerca de una granja o con alambres de púas. En caso de duda es prudente, lo que hacen siempre los hospitales, proceder a una revacunación. Pero puede evitarla si la vacunación es reciente. Durante las vacaciones son posible los riesgos de contagio poliomielltico si sus hijos beben un agua dudosa. Por tanto, lo mejor será que su calendario de vacunaciones esté en orden. Es imprescindible disponer de un pequeño botiquín. El médico o el farmacéutico viven a veces lejos del lugar de vacaciones y antes que desesperarse conviene tener a mano algo con que prodigar los cuidados de primera urgencia. Saber nadar no evita forzosamente el ahogarse. Pero si nuestros hijos nadan bien, si están acostumbrados al agua, no serán presa del pánico si caen de una barca en un lugar donde no se hace pie y se tendrá tiempo de irlos a buscar. Los paseos en bicicleta serán más seguros si las máquinas tienen buenos frenos y buena luz y si enseñamos a los niños a marchar por la derecha, respetar la prioridad y detenerse en los signos de stop Algunas prohibiciones deben ser terminantes: no jugar junto a un pozo o cerca de un estanque, evitar las canteras y las minas de arena. Hay que establecer ciertas exigencias: no salir nunca de paseo sin avisar, sin indicar el itinerario previsto, y procurando no apartarse de él, volver a la hora indicada. Tener a disposición de los niños, si salen en barca, de vela o de remos, un chaleco de seguridad y procurar que lo lleven puesto durante la navegación. S I nuestros hijos hacen solos el aprendizaje de la libertad, debemos, después de haber adoptado las precauciones a n t e s indicadas, explicarles los verdaderos peligros que pueden correr, no con prohibiciones formales, sino mostrándoles cierta manera de obrar. -Cuando juegan a los indios, les gusta frecuentemente encender fuego. Enseñémosles la manera de realizarlo, el lugar que debe elegirse, teniendo en cuenta el viento y el terreno para evitar un incendio. Enseñémosles a apagarlo b i e n vertiendo agua para no dejar ninguna brasa encendida. ¿Quién no ha subido nunca a un árbol? Enseñémosles a escogerlo bien, desconfiando de las ramas muertas o podridas. -Si juegan en una canoa o colchón neumático, debemos enseñarles las corrientes peligrosas y. advertirles de que nunca deben llevar en su compañía a un niño más pequeño que no sepa nadar. Indiquémosles la hora de las mareas para que no se dejen sorprender en las rocas. Tomarse la pena de realizar estas explicaciones y confiar en ellos, en cierta medida, despertará su sentido de la responsabilidad, les permitirá conocer los límites de sus fuerzas y de sus capacidades y en ese caso no habrá que temer que se lancen a empresas arriesgadas. Esta es una garantía de buenas vacaciones para ellos y para nosotros. Elena RENE 51