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En los últimos años, con una trágica monotonía, tenaz y desesperante, vienen produciéndose en Madrid accidentes de ascensores. Viejos unos, otros descuidados, mal atendidos los más, el filo de esta espada de Damocles se aguza sobre las cabezas cpnfiadas de tantos ciudadanos. ¿Quién será la próxima víctima? ¿Y quién será el responsable de la próxima víctima? No pretendemos con estas líneas alarmar, sino prevenir, porque más vale prever a tiempo que curar después. Es necesario jubilar a muchos de los ascensores que actualmente funcionan en la capital de España. Urge sustituirlos por otros más modernos y seguros. Hay que redoblar, en todo caso, por parte de los departamentos oficiales correspondientes, una vigilancia cuyo descuido en este caso sería criminal. A izquierda y derecha de estas líneas, dos imágenes poco esperanzadoras. En el centro, una desgracia en Islas Filipinas, 1: por rotura de los cables, el ascensor se precipitó dejando malherida a una muchacha de servicio.