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nación para combatir la tiranía, y para hacer del mundo un lugar seguro para la democracia. Pero en realidad estábamos luchando p a r a proteger un interés nacional que la mayoría de Jos norteamericanos de aquella é p o c a no comprendieron: nuestro interés en el equilibrio de fuerzas. En 1920 rechazamos el consejo del presidente Wilson y tratamos de regresar al siglo XIX. Durante cerca de veinte años hicimos poco p o r salvaguardar nuestro interés en lo que estaba sucsdiendo en el extranjero y nos gustaba creer que el mundo había vuelto a la normalidad LA BOMBA ATOMij CA Y EL ESFUERZí DE ESTADOS UN DOS POR LOGRi UNA PAZ JUSTA DURADERA TJN w acont e c i m iento c c proporcione tuvo lugar al mediar el Ol glo. El desarrollo por Noi teaméríca de la bomba ni clear y la subsiguiente ac quisición de este arma po Rusia multiplicaron las cor secuencias de cualquier equi vocación en el manejo d los asuntos mundiales. ¿Cuál era el interés de lo Estados Unidos frente a est panorama de dificultades Europa y Japón, casi pos trados, haciendo frente los problemas colosales d la reconstrucción; Asia) África, débiles e incierta surgiendo de las sombra del Imperio y ansiosas po dominar los secretos de l ¡riqueza moderna; la Uniór Soviética, fuerte y ambicio sa, tratando de sacar parti do de cualquier oportunidac de expansión. Los Estados Unidos tiener un Interés fundamental er la forma en que el mundc se organice. Ese interés es nada menos que nuestra ca pacidad para sobrevivir como sociedad democrática libre y abierta. Nuestra demo cracia y nuestra libertad sólo pueden asegurarse si nosotros y nuestros aliados y asociados logramos un sistema de paz en el mundo, un sistema de amplios horizontes, dentro del cual nos podamos mover, comerciar y vivir en libertad. Al final de la guerra tratamos de edificar ese sistema en colaboración con la Unión Soviética, nuestra asociada en la guerra contra Hitler, a través de la nueva organización de las Naciones Unidas. Ofrecimos ayuda a la Unión Soviética para su reconstrucción, incluida la del Plan Marshall. Y propusimos p o n e r las armas nucleares y la tecnología nuclear bajo control internacional. El Plan Baruch para eliminar la amenaza de destrucción nuclear era seguramente una de las propuestas más audaces y de mayor alcance hacia el futuro que e enormes LA PAZ INESTABLE DE LA POSGUERRA que la A HORA sabemos del pre normalidad sidente Harding fue una ilusión. Rusia había quedado bajo el control del partido comunista, consagrado a un credo nefasto. Asia y África, inspiradas por las ¡deas y el ejemplo de Europa y los Estados Unidos, habían empezado a agitarse contra el control imperial. Y Gran Bretaña y Francia, debilitadas por la guerra, no podían, solas, restaurar el orden que había prevalecido en el siglo XIX. El mundo se estaba liberando de su vieja estructura. Y nosotros estábamos a un lado, prisioneros de nuestro pasado, incapaces de desempeñar nuestra parte en el esfuerzo por alcanzar un sistema internacional más estable. Cuando terminó la segunda guerra mundial, en 1945, nos encontramos con un mundo sin un armazón. El v i e j o sistema europeo de paz había sido destruido por las tragedias del fascismo y la guerra. Exhaustas por una segunda gran guerra en dos generaciones, I a s naciones europeas ya no eran lo suficientemente grandes ni lo bastante fuertes para establecer un sistema de paz en el mundo. La Unión Soviética se había convertido en una enorme nación moderna, controlada por Stalin a través de una férrea dictadura comprometida en la realización de la revolución comunista mundial. China se estaba agitando. Una de las consecuencias aciagas de la guerra fue que también ella cayese en poder del partido comunista, ligada a la Unión Soviética por una incómoda alianza. El Imperio inició su retirada de Asia y de África: un penoso proceso que con- Stalin controló a la Unión Soviética- -tras la segunda guerra mundial, en 1945- -a través de una férrea dictadura comprometida en la realización de la revolución comunista en el m u n d o dujo a la aparición de nuevos Estados independientes, muchos de ellos débiles y vulnerables al ataque o a la subversión. En los dos decenios que siguieron a la guerra, Gran Bretaña, Francia, Bélgica y Holanda se retiraron de sus colonias y protectorados. El final del Imperio fue una necesidad moral. Fue un proceso histórico que reconocía la igualdad fundamental de los hombres. Pero creó problemas de inestabilidad que han dominado los últimos veinte años y que prometen seguir siendo difíciles y peligrosos en los años venideros. Una demostración pro- IWao en Shanghai: la historia de los últimos veinte años de Norteamérica es la historia del estéril esfuerzo por encontrar un camino para el acuerdo con las naciones dominadas por los partidos comunistas.