Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO PRENSA M A D POR ESPAÑOLA, R I D SOCIEDAD ANÓNIMA FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC perecer por la convulsión que produjo el asesinato de Matteoti, mientras que yo tuve la fortuna de escuchar a aquel italiano excepcional el año 1935. Entonces la doctrina fascista estaba madurándose, y la historia política del mundo hubiera sido distinta si Mussolini hubiese permanecido neutral, años más tarde, no dejándose arrastrar por el deliria vesánico de Hitler. Cambó escribe en torno al fascismo italiano como más tarde en su comentario a Las Dictaduras pretendiendo influir en el desenlace del Gobierno del general Primo de Rivera. El libro de Jesús Pabón sobre Cambó es una aportación trascendental para conocer la historia política contemporánea de España. Una investigación exhaustiva acopia el material necesario para que el historiador y político que la escribe nos dé juicios discretísimos sobre sucesos y personas, escrito con el gracejo característico en este académico. Para este comentario me interesa po. de manifiesto ¡a actitud- -Cambó ner -de w- ante la Dictadura española. Queda bien claro después de leer el libro de Pabón, que su biografiado tenía la firme convicción del carácter del régimen primorriverista. Aquella no era una dictadura legalista, una dictadura comisoria se- -la J- Cari gun -definición de e Después de Primo de Rivera no se podía volver al régimen constitucional anterior, cuyo fracaso, principalmente el del sistema parlamentario, la provocó. Al sustituir el régimen autoritario no se ha de pensar en el estado de cosas anterior a la Dictadura: el advenimiento de ésta es una prueba de que el régimen predictatorial era malo... d i c e Cambó. En otro lugar escribe también: buena parte de la ideología de revolución francesa está en quiebra El propio general Primo de Rivera comentó públicamente el libro sobre Las Dictaduras cuya resonancia fue también muy grande en la Prensa española. Se frustró, en cambio, la entrevista que se proyectó con el general Primo c 5 e Rivera, a instancias del dictador. Parece juicioso recordar que la figura señera de Cambó no fue la única, entre los políticos del antiguo régimen, que estimaron necesario un orden político distinto al que prevaleció hasta el 13 de septiembre de 1923. Además de Aunós, Calvo Sotelo, el conde de los Andes (mi padre) y Yanguas, procedentes de! llamado antiguo régimen, ministros con la Dictadura, políticos tan significados como Silió, Cierva, Goicoechea y el duque de Maura acudieron a la Asamblea Nacional Consultiva. Tengo la firme creencia, muchas veces reiterada, que si el anteproyecto de Constitución de la Asamblea Nacional, con sus cinco leyes orgánicas compjementarias, hubiese prevalecido, se hubiese evitado la proclamación de la República. Como la Dictadura cayó sin resolver su sucesión, quedó el Rey inerme y desvalido, REDA CC I 0 N, ADxMINISTR A C I O P Y T A L LE R E S SERRANO, 6 1- MADRID A lectura de los dos últimos tomos de la obra sobre Cambó, que ha publicado recientemente Jesús Pabón, me trajo el recuerdo de la audiencia que tuve con Mussolini en el mes de septiembre de 1924. Cuando recorría, con nerviosa inquietud, ei inmenso salón, casi desnudo de muebles y decoración, del Palacio Venecia, para dialogar con Mussolini, estaba lejos de mi ánimo suponer que el jefe del fascismo italiano, que se sentaba tras una mesa de despacho al fondo, iba a centrar su conversación sobre la figura de Cambó. Con cuánta sorpresa, apenas transcurrieron cinco minutos de audiencia, Mussolini me pidió noticias sobre ese gran político mediterráneo que se llama Francisco Cambó lamentando la enfermedad, que malogró sus posibilidades rectoras de la política española, a la caída de la Dictadura. Cambó- -dicen ra ¿s apuntes de aquella audiencia- -ha entendido que el fascismo podía ser un régimen nuevo que superase el liberalismo parlamentario. Poco pude yo c o n t e s t a r a las preguntas de Mussolini, ya que solamente había hablado con Cambó una sola vez, en una comida en casa del Duque de Alba. Me limité a decir que entendía inviable la República española, considerando la situación política de Cambó muy desplazada en aquel régimen. En aquella inolvidable entrevista, escuché una breve, pero sustanciosa disertación sobre las ventajas de un entendimiento hispano- franco- italiano. Eran los días del e n f r e n t a m i e n to con Hitler, y aún resuena en mis oídos la repetición, que me brindó Mussolini. de su famoso discurso en B a r í Cuando ellos (los alemanes) no sabían leer ni escribir, nosotros teníamos a Dante y a Virgilio. Las circunstancias históricas alinearon juntos en l prueba bélica a Hitler y a la Mussolini, pero equipararlos políticamente es tan injusto como identificar al nazismo con el fascismo italiano. Contrasta el entusiasmo de Mussolini por Cambó, que pude apreciar personalmente, con la decepción qué sufrió el político español en su entrevista c o n el Duce. Clarividente Cambó en comprender que el fascismo no era una dictadura legalista, dictadura paréntesis, s i n o un régimen capaz de crear un estado nuevo, distinto al parlamentario que le engendró con su fracaso, expone el tema en su importante entrevista. Cuando hablé con Mussolini... le vi vacilar y divagar, al paso que en todo lo demás sus palabras salían rápidas como saetas... y si el fascismo no ensayaba una nueva fórmula de estructuración y funcionamiento de los poderes del Estado, quedaría como un episodio en este juego de péndulo... entre la licencia y el j. mn Claro está que Cambó habló con Mussolini en los comienzos del fascismo, en el año 1924, cuando estuvo a punto de L MUSSOLINI Y CAMBO sin instituciones políticas que fueran cauce para la evolución. La improvisación es mala en política, como en todo. Las vacilaciones del general y, sobre todo, haber acometido tardíamente la resolución de crear un orden institucional nuevo, determinaron el error Berenguer. La gloria de Alhucemas se había disipado, el pleito de los artilleros dividió eL Ejército, yr Primo de Rivera, disminuido su prestigio, no logró rematar su obra. Ese orden nuevo institucional, distinto del sistema parlamentario, con un gobierno ejecutivo independiente del parlamento, pero con una participación auténtica de la sociedad, cuya crítica impidiese los desafueros gubernativos, y una presencia real en la legislación, se malogró. Cambó podía, acaso, haber enderezado el entuerto dirigiendo la política española a la caída de la Dictadura. Pabón describe con patetismo la traí a física que truncó un destino más feliz para España. En la noche del 27 de enero de 1930, lee Cambó la nota del General dirigida a los capitanes generales. Su fina perspicacia política le avisa que ese acto era el final del sistema dictatorial. El día 28, el tren que le conduce de París a Barcelona sufre una avería en la calefacción, y Cambó llega a Cataluña con un enfriamiento muy agudo. El médico no da importancia al catarro, pero le preocupa un punto blanco en una cuerda vocal. Cambo comprende y pregunta: ¿Y puede ser un cáncer? Sí contesta Raventós. Una vez más el curso de la Historia cambia por una circunstancia física. Una muerte, una enfermedad, o la nariz de Cleopatra. Sin embargo, todavía hay quienes creen en el falso mito del sentido de la historia. La terrible enfermedad, que por fortuna pudo curarse, frustró lá accióa política de Cambó en aquella coyuntura histórica de España. No quiso confesar la causa de su retraimiento y justificó como pudo, en su conferencia telefónica con Berenguer, y después en la reunión en el Palacio de Liria, en Madrid, sus reparos para entregarse al Gobierno de España. En ese momento histórico, era necesario temperamento político con capacidad de gobernante y experiencia de revolucionario. Aquella era su hora, y para realizarla se había preparado durante años. Pero Dios quiso- -son p a l a b r a s de Jesús Pabón- -que aquella hora que hubiese bastado para justificar su vida, coincidiese con la aparición súbita de un impedimento inexorable. Probablemente hubiese sido más feliz el destino de España si Cambó hubiese podido gobernar entonces. Desde luego no puede negarse- -es Cambó quien habla- -que no hubiera pasado lo que pasó, o como pasó, porque yo era exactamente todo lo contrario del general Berenguer y del almirante Aznar. El Conde DE LOS ANDES