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RECORDANDO A TOVAR C UANDO el extraordinario dibujante y caricaturista granadino Manuel Tovar muere en el Madrid de 1935, el arte expresivo de la caricatura ha llegado a su máxima potencialidad creativa. La Unión de Dibujantes Españoles y los famosos Salones de Humoristas, creados por José Francés, agrupan a lo mejor y más sobresaliente de la profesionalidad dibujística. Cilla, el veterano, el maestro de una ilustre generación de dibujantes, ha sentado en Madrid Cómico y en las revistas ilustradas de la época- -años finales del siglo XIX- -los jalones de la siguiente generación, que sería, a no dudar, la representación más genuina de un arte en el que se escribiría, con la sátira y la crítica social y política del momento, la historia concisa y apretada del gracioso costumbrismo, principalmente madrileñista, de los años veinte. Los caricaturistas españoles de finales del XIX y principios del XX integran teda una escuela del humor y de la crítica. Tovar, Sileno, Xaudaró, Karicato, Tito, Mecachis, K- Hito... enlazarán con la nueva generación que anterior a. 1936 se formaría a la sombra de los valores más representativos de la especialidad del lápiz y de la tinta china: Miura, Garrido, Bellón, Orbegozo, Galindo, Bluff, López Rubio, Ramírez, Castany... y los caricaturistas personales, Fresno, Sirio, Ugalde, Dávila, en los que se fueron marcando l a s evoluciones impositivas y peculiares, pero sin perder, eso sí, la tradicionalidad estética y estilística del tiempo. En el primer tercio de nuestro siglo, el dibujo, y como consecuencia el dibujante, adquieren toda la preponderancia que el caso requiere, así como la atención de un público que se familiariza no sólo con el artista, sino con los tipos por él creados en la diaria viñeta periodística. Son los años de afanosa fiebre comentarista y crítica en los que la caricatura es consus tancial con la política. El chiste político es tema preferente del caricaturista que, con un ingenio muy personal, con gracia, pero sin niel, destacaría en sus monos la actualidad crítica de un momento clave en el proceso político nacional. Cuando el 10 de agosto de 1875 nace Tovar, la Prensa toda se nutre de la gracia particularísima de la caricatura. El chiste produce su impacto en las masas, y el caricaturista, por obra y gracia de la hbertad exprexiva contra una política que lentamente va enrareciendo la atmósferaespañola, adquiere de consuno una gran importancia periodística. Tovar y Sileno ejercen, con el tiempo, la suprema maestría y solvencia crítica, y es curioso el observar cómo Manuel Tovar, maestro en el comentario del día, viene a ocupar el primer puesto de la caricatura o dibujo personal, casi un retrato temperamental y psicológico, de casi todas las grandes figuras de la época. Escritores, actrices, actores, autores, músicos, libretistas, formarán la gran galería artística que habría de quedar en las portadas de las publica- cienes periódicas de aquellos años en que la vida escénica ocupaba un primer plano en la actualidad madrileña. De Madrid Cómico y Gedeón de El Cuento Semanal a La Novela Teatral de Nuevo Mundo a Mundo Gráfico de La Esfera a Blanco y Negro de La Risa a Gutiérrez y Buen Humor de un lado, y de La Correspondencia de España y España Nueva a El Liberal y Heraldo de Madrid de El Imparcial a A B C y de El Sol y La Voz va escalonadamente todo un proceso de laboriosa fecundidad creativa en que Tovar demostró ser un auténtico maestro en el género del dibujo periodístico. Se ha dicho que el hombre muere pero la obra queda. La de Manuel Tovar, vigente todavía, con actualidad estética, viene a confirmar que en el arte, el estilo constituye la característica que determina la valoración creativa de una época. Mariano SÁNCHEZ DE PALACIOS EL AMIGO. (Anda, hombre! Te convido a tomar un café en el tupi EL SERENO. ¡No, no, que me quita el sueño! Wenceslao FernándezFlórez Angelina Vilar Jacinto Benavente