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Sidney Poitier muestra én este primar plano toda su intensa capacidad expresiva, que le ha hecho triunfar en la meca del cine a pesar del tinte de su piel y de las limitaciones que pesan sobre los actores de color. ie oportunidades. Me retraigo de los setos públicos, pero sentí él impulso de elar junto al féretro de mi inOlvidatíe amigo Robert F. Kennedy cuando yacía de cuerpo présente en la catedral de San 3 atricio de Nueva York. Asistí al fune- a- l en Washington por una petición esDecial de la familia Kennedy. Por supuesto que me intereso en mu: has cosas. Bi budismo Zen, ¡los libros sobre la estructura física del universo... el golf, el poker... Estoy tan ma l ddtado para la músi- ca que soy todo lo contrario de Harry Beiafonte. Cc lecciono cuadros pintados por mis amigos. Me gustaría pintar, pero no soy capaz de distinguir un extremo del pincel del otro. Cuando pienso sobre lo que debo hacer ahora, sólo me pregunto: ¿cómo puedo educar a mis cinco Hijas para que se conviertan en la clase de gente que puede ayudar a este mundo, que no sólo pidan, sino que sepan dar? Toda mi vida ha sido una preparación para cada papel que represento. No nos tropezamos con el miedo una o dos veces, sino que lo encontramos constantemente. Cuando se entra en un estudio cinematográfico no hace falta imaginarse al miedo. Basta recordar las propias experienciais y ver reflejados los momentos de una vida. He huido de las molestias sociales, económicas, políticas y psicológicas, de forma que sé lo que es estar solo y encadenado y no necesito hacer aspavientos teatrales. Sidney POITIER