Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CUMPLEAÑOS DEL METRO MADRILEÑO Marino Gómez- Santos, que está preparando un libro sobre el Metro madrileño, ha escrito este artículo conmemorativo del cincuentenario de su fundación. Una imagen bien conocida. Alfonso XIII, sin cuyo apoyo moral y material no se hubiera construido el Metro asistió a su inauguración el 17 de octubre de 1919. Los servicios d e l Metropolitano madrileño estaban entonces, en cuanto a modernidad, comodidad y limpieza, a la cabeza de Europa. Hoy nos h e m o s quedado casi a la cola, a causa, en gran parte, de una política poco realista de congelación de tarifas. A L principio, la idea. de construir un Metro en Madrid pareció una idea puramente fantástica, aunque este medio de transporte se tuviese ya en servicio en grandes capitales como París, Londres, Berlín, Viena, Nueva Yosk, Budapest, Hamburgo, Boston, Glasgow, entre otras. Madrid había puesto en circulación los tranvías movidos por energía eléctrica, que sustituyeron a los de tracción animal. Este adelanto pareció a los madrileños insuperable. Fueron varias las empresas que explotaron líneas de este novísimo sistema: Sociedad Tranvía del Este de Madrid, Sociedad del Tranvía de ¡Estaciones y Mercados, Socieété Genérale Española de Tranvías, Compañía Eléctrica Madrileña de Tracción. El comentario inmediato de los madrileños al oír hablar de la posibilidad de construir un Metro en Madrid fue: ¿Para qué lo necesitamos, cuando nos va tan bien con los tranvías? Tres ingenieros de Caminos luchaban por conseguir el ambiente propicio para realizar su proyecto, aunque no eran los primeros en intentarlo. Ya en la última década del siglo XIX fueron varios los ingenieros que solicitaron la concesión: Manuel Becerra, por encargo de Arturo Soria, que pretendía comunicar la Ciudad Lineal con la Puerta del Sol; José Bpres. y Romero presentó un estudio ambicioso, en el que el ferrocarril metropolitano enlazaba entre sí las estaciones Norte y Mediodía, y éstas, a su vez, con todos los centros y barriadas de Madrid; García Farla, también ingeniero de Caminos y, además, arquitecto, luchó denodadamente para que la Administración aprobase el suyo, de características muy semejantes a los anteriores. Ninguno de los tres solicitantes logró que sus proyectos fuesen aprobados por el Municipio. Y así habían quedado las cosas cuando otro ingeniero de Caminos, don Carlos Mendoza, se encontró ante una serie de circunstancias que le llevaron a pensar en el mismo problema. DE LAS PARALELAS DE LA PUERTA DEL SOL AL METRO DE PARÍS Diariamente aguardaba don Carlos Mendoza el tranvía 17, en las paralelas de la Puerta del Sol, que le llevaría, por Hortaleza o Fuencarral, a la glorieta de Cuatro Caminos. Allí tomaba otro hasta Tetuán de las Victorias, donde se hallaba instalada la central eléctrica de que era propietario con su amigo don Alfredo Moreno. Aquel viaje suponía para don Carlos Mendoza casi una excursión, en la cual empleaba buena parte de la tarde. Y así, día tras día, mientras aguardaba la llegada del tranvía, o en el curso del viaje, el ilustre ingeniero calculaba mentalmente el número aproximado de los viajeros que utilizaban el tranvía, el tiempo empleado en el trayecto y lo que el Metro podría superar en velocidad y número de- viajeros. sin producir las congestiones úe tráfico que se observaban en las calles de Carretas, Fuencarral, Hortaleza ¡y otras cuando se atravesaba una caballería y detenía la circulación de seis o siete tranvías. Pensaba Mendoza en la posibilidad del Metro para Madrid desde que, a finales de siglo, con ocasión de su viaje de bodas, había podido observar el servicio que el Metro prestaba a los parisienses. OTAMENDI Y GONZÁLEZ ECHARTE Don Carlos Mendoza busca la colaboración de un grupo de ingenieros de- Caminos, los cuales llegarían a complementarse entre sí de manera perfecta, profesional y humanamente. Era Otamendi el más jo- ven del Grupo. Cuando Mendoza le conoció volvía de Lieja, después de haber estudiado la ciencia eléctrica al lado del profesor Eric Gerard, director del Instituto de Montefiori. En el momento de asociarse con Mendoza era Otamendi profesor de la Escuela de Caminos, y para entregarse al estudio del proyecto de ferrocarril subterráneo de Madrid dejó la cate- dra que hasta entoces había desempeñado. En el curso de su larga vida ya no pensaría profesionalmente en otro tema. Fus un hombre de una fuerte personalidad. Su eficacia con Mendoza o con sus hermanos Joaquín, José María y Julián ha sido evidente, pues además del Metropolitano construyeron el bloque Lope de Vega, el Edificio España, la Torre de Madrid y anteriormente el Parque Metropolitano, lo cual autoriza a considerar a este grupo de hombres como pioneros del Gran Madrid. González Echarte, que había fundado con Mendoza y Moreno la Sociedad Mengemor, realizó estudios de electricidad en los Estados Unidos. En 1904 fue a Nueva York como delegado del Gobierno español en la Exposición de San Luis, al tiempo que en los Estados Unidos le invitaban a la inauguración de la línea metropolitana de Nueva York. En este viaje le acompañó don Miguel Otamendi, y las observaciones que recogieron iban a servirle considerable- mente en el momento de colaborar con Mendoza y Otamendi en el Metropolitano, madrileño. LA COLABORACIÓN DECISIVA DEL REY ALFONSO XIII Por Real Orden de 19 de septiembre de 1916 fueron aprobadas las cuatro líneas del ferrocarril Metropolitano, cuya idea esencial, era que no sólo encauzasen los grandes movimientos de población, sino que sirvieran de arterias principales de las futuras ampliaciones: Línea núm. 1. -Norte Sur. De Cuatro Caminos a Progreso.