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LOS GRANDES MAESTROS DE LA DIRECCIÓN ORQUESTAL EN ESPAÑA Por Antonio FERNANDEZ- CID HANS ISSERSTED UN MÚSICO FORJADO EN EL ESTUDIO Y LA TRADICIÓN, CON BASE EN LA EXPERIENCIA MÚLTIPLE ¿MI IDEAL? BIEN SENCILLO: COMO INTERPRETE, QUE SALGAN LAS C 0 AS COMO LAS IMAGINE; COMO ARTISTA, QUE SURJA EL GENIO SIN MODAS NI DICTADOS EN EL FONDO NO CREO MUCHO EN LAS ESCUELAS estas cuartillas que intentan ser fiel reflejo die lo hablado. Su biografía tiene tres etapas fundamentales: desde 1935 a 1942, la Opera de Hamburgo; tres años en la d; e Berlín; a partir de A 945, la titularidad de la Sinfónica de Radio Hamburgo por él fundada y en la que sigue. En medio, el mundo. Porque la actividad profesional es constante y no admite fronteras. ¿Hay en su vida algún momento capital? -Quizá... Sí, claro: el primer Tristán que oí- -recuerdo habérselo escuchado a él, hace sólo un año, en Munich- Jos conciertos de los filarmónicos berlineses con Nikish; las versiones que el propio Strauss, director general de la Opera de Berlín, brindaba de sus óperas Salomé Eleetra -Yo era estudiante de música. Había cursado composición con Franz Schereker y participado como concertino de la Orquesta, de la Academia en viajes. Mis arranques de director fueron en fosos líricos. Mi primer puesto lo tuve en Wuppertal, como correpetidor. ¡Ah! ¡cómo deseaba la coyuntura- -la indisposición, el descanso del director titular- -que me permitía heredarle! Aún recuerdo la enorme emoción de aquellas oportunidades en las que, por vez nrimera, hube de enfrentarme con la responsabilidad de gobernar las representaciones de Carmen de El caballero de la rosa En aquella época, además, llegué a componer yo mismo nna ópera, basada en el tema de las Mil y una noches Pero ni entonces, ni después, me inclinaría mucho a destacar momentos, si medito en ello. Mejor, años: los que discurren entre los veinticinco y los cuarenta, cuando el músico hg, de conocer, trabajar, dominar tantas obras maestras. ¡No cabe una felicidad mayor! ¿Cuál es el mayor problema de un as- No es ya ain hombre joven. Podría, incluso, hablarse de que Hans SchmidtIsserstedt tiene que hallarse de vuelta de muchas cosas, en el declive de la plenitud vital, pero la tez es sonrosada, muy viva la mirada en los ojos clarísimos, abierta la risa, cordial la expresión. Pertenece a la raza de los grandes maiestros germanos, con tradición, experiencia y dase indiscutibles. Vino en otras ocasiones a España y dejó siempre el mejor recuendo. Lo encontré en el Festival granadino, en el que dirigía y al que llegó sin prisas, días antes, para disfrata r al ambiente, para oír otros conciertos de la Orquesta Nacional, con su titular, Frühbeck, que fue el primero en aplaudir. -No me gusta el ritmo vertiginoso. Trabajo mucho, pero busco siempre la compensación del descanso. En mi casa, en mi chalet en las afueras de Hamburgo, en su paz cifro la base de mi pronta recuperación después del esfuerzo. Ahora, no podía venir a Granada sin regalarme unas horas en su ambiente, como prólogo al ensayo, el concierto. Gusta, interesa e importa ver cómo trabajan otros y vivir al margen de las disciplina profesional. Ríe, cordialísimo. Asiente la esposa, un día danzarina y siempre vivaz en sus movimientos. Issersted felicita a tos profesores de la Nacional en la persona de Luis Antón, su concertino: Creo en los talentos, en las obras maestras, al margen de las etiquetas... La Conversación no se atuvo a un programa rígido, ni aun discurrió en el curso de lunos minutos en los que interviuvado y ¡periodista paneeen fuerzas de choque empeñadas en no malgastarlos. Hablé con Isserstedt, en su hotel, en un restaurante, en el bosque de la Alhambra, antes y después de su concierto, del de su colega. Puedo ¡responder de que lo encontré siempre dispuesto, afectuoso, amigo de la charla y solícito. Después, ya solo, tomé algunos apuntes, de los que nacen