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A LAS 5 DE LA TARDE -El primero. ¿A cual pertenece? -A los inteligentes, -Cuando empezó, allá por el año cincuenta, ¿cómo era el panorama de la Fiesta? -Había más interés por las cosas del toro. Se le prestaba más atención, tanto por parte de los toreros como del aficionado. Contaban mucho los detalles taurinos: el que uno se encerrara solo; el que se estuviese un mes toreando en el campo. Estos gestos eran objeto de atención. ¿Y ahora? -Se comenta la otra vida del torero: la de sociedad, el tablao o lo que sea. -A la Fiesta ¿qué le falta? -Sobre todo afición. Antoñete tiene la cara como un nazareno. El mechón blanquecino armoniza con una tez pálida. La mano izquierda, vendada, apenas sí puede moverla. El diestro habla con cierta reserva, con querencia a las tablas de la indecisión. -Su temporada ha sido mala... -Mala, no; desastrosa. ¿Por qué? -Primero empezaron las cosas mal: iba a venir a San Isidro. No hubo arreglo, o no quisieron traerme... -Pero toreó en la isidrada en sustitución de Ordóñez. -A eso iba. Entré precipitadamente en la sustitución- -y esta forma no es nada buena para hacerlo en Madrid- -y la Prensa estuvo contra mí: que si no tenía derecho a sustituir al rondeño- -cuando lo he hecho en varias ocasiones- que si tal, que si cual. Y yo no soy ni peor ni mejor que Ordóñez: me considero igual a él. Total, esa tarde salí impresionado, me jugaba mucho. ¿Y qué más? -Luego mi carácter, un tanto deprimido, que frena mis intentos de salvar los baches En el remate de una medía verónica -Posteriormente se ha pasado al otro bando. -No; lo que ha ocurrido es que después de torear en Madrid me cerraron todas las puertas. ¿A qué fue debido? -En aquella corrida no anduve bien, y ya digo, se cerró todo. Me llamaron para torear en Mérida y, como quiero torear, acudí. -Esto de los dos frentes está muy mal. -Pues sí. -Y la Fiesta, estandarizada. ¿No le parece el torero una mercancía? -Tal y como están concebidos los contratos, sin duda alguna. Cuando tomé la alternativa había más estímulo. Las rejas, sobre todo las cortadas en Madrid, servían para algo. Ahora muchos contratos se hacen antes de comenzar la temporada. El torero es una especie de producto en serie. Charlamos en casa de su apoderado, Antonio Checa, donde hemos establecido una especie de mesa redonda. Camuñas, mozo de espadas, y Checa asisten, tácitamente, al mano a mano torero- periodista. A veces En un derechazo la impresión es de examen y Checa sopla a su poderdante. Antoñete ¿cuál es el toreo puro? -Hacer que el toro describa medio círculo, adelantándole previamente la muleta, y trayéndolo embarcado, con temple. ¿Qué le gusta más: torear con el capote o con la muleta? -Bueno... yo prefiero con el capote lidiar, y con la muleta torear. ¿Desaparecerá el apoderado? Ha mediado Checa: Eso es lo que pretenden los empresarios. El torero añade: -No. El apoderado es importante para el torero, porque le da moral, lo vigila... Esto no lo hace la Empresa. ¿Hay algo sobre la retirada? -De momento nada. Aún quedan unos años. ¿Contando con las Epresas? -Hombre, si no fallan. -Ya no retiran solamente las cornadas... Ha sonado el teléfono. Con la corrida de Ubeda los ánimos están tensos. Por el auricular saltan frases altisonantes, de diccionario secreto. Antoñete y Camuñas enfilan General Mola; el primero, pensando en la esperanza redonda de torear. Juan A. PÉREZ MATEOS