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DEVOTÍSIMO DE LA VIRGEN DEL PILAR panados del general Primo de Rivera, el 3 de diciembre de 1923, al regreso de su histórico viaje a Roma. En la proclama del alcalde, don Juan Fabián! y Díaz de Cabria, se dice que los Reyes vienen a postrarse a los pies de la Santísima Virgen para darle gracias por haber llevado a feliz término el viaje y con notoria ventaja para los intereses del Reino Por otra parte, Zaragoza, y con ella todos los devotos de la Virgen del Pilar, vibraban de jubiloso entusiasmo y de simpatía y gratitud hacia el Rey por la exaltación que de la Virgen del Pilar había hecho ¡Don Alfonso ante Pío XI. En ocasión tan solemne, en que el Rey personificaba a la Patria toda ante el Pontífice, dijo entre otras cosas: Circula a torrentes por la historia española la savia de la fe; si la Cruz de Cristo dejara de sombrear nuestro que siempre interesantes. Anotemos sólo a nuestro propósito que la Reina recibió en esta ocasión el título y la medalla de presidenta de honor de la Corte de Señoras de la Virgen del Pilar y que la Soberana expresó repetidamente la satisfacción con que recibía aquella distinción. El Rey, por su parte, se interesó vivamente por las obras de consolidación del templo e hizo en el acto un donativo de 25.000 pesetas Cía única cantidad de que disponía insistiendo en que se sacarte, de donde fuese dinero para que no se detuvieran los trabajos. EN FEBRERO SE 1925 De nuevo volvió el Rey a Zaragoza, el jueves, 26 de febrero de 1925. Una visita muy breve: llegó a las nueve y veinticinco en punto de la mañana y emprendió el cardenal Soldevilla y del teniente Valenzuela. LA ULTIMA VISITA DEL REY AL PILAR DE ZARAGOZA La última visita de Don Alfonso x m a Zaragoza y por tanto al Pilar, fue el 5 de junio de 1930: el Rey iba a entregar a la Academia General Militar, en las manos de su director, el general Franco, la bandera bordada por Doña María Cristina y a presidir la entrega de despachos a la primera promoción del centro. Venía en tren de Barcelona con la Reina, pero Doña Victoria continuó con las Infantas y parte del séquito hacia Madrid, mientras Don Alfonso, con el presidente del Consejo, general Berenguer, y otras personalidades, se quedaba en Zaragoza. Inició una vez más su jornada con la visita al Pilar. En esta ocasión, al decirle el capellán de la Virgen, don Teodoro Juan, que el manto que lucía la sagrada imagen era el donado- por Doña María Cristina, el Rey le contestó: También yo traeré pronto un manto para la Virgen. Don Alfonso visitó también ahora las obras del templo y, al abandonarlo prometió que volvería con sus hijas. No podría ya satisfacer este deseo. OTRAS PRUEBAS ELOCUENTES DEL PILARISMO DEL REY Llegada de Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia a la Exposición Hispano- Francesa, uno de los actos conmemorativos del Centenario de los Sitios, en octubre de 1908, en Zaragoza. territorio nacional, España dejaría de ser España. La predicación del Apóstol Santiago y la aparición de la Virgen del Pilar de Zaragoza hacen ya a mi pueblo el predilecto de la Providencia... Por añadidura el descurso del Rey esta transido de un vehemente anhelo de hispanidad- -ideal tan caro de los zaragozanos- -y llega hasta a pedir al Santo Padre que el mundo americano tenga representación más numerosa en el Sacro Colegio Cardenalicio. Pío XI acogió con satisfacción aquel discurso e hizo suyas algunas de las palabras del Rey, entre ellas su cita de la Virgen del Pilar. El recibimiento a los Reyes en Zaragoza fue apoteósico. Ya en el trayecto los pueblos enteros salieron a las estaciones para vitorearles. En Caspe subieron al tren real el gobernador civil, a la sazón el general Sanjurjo, y el rector, don Ricardo Royo Villanova. En la capital todo el mundo se echó a la calle. En el Pilar, una ausencia: el cardenal Soldevilla había sido asesinado el 4 de junio de aquel mismo año 1923. Los Reyes quisieron rezar ante su sepulcro y el del héroe de la Legión, teniente coronel Valenzuela, inhumados en la propia basílica mariana. No es posible detenerse en detalles, aun- regreso a las cuatro y cuarto de la tarde. Tuvo por objeto tres inauguraciones universitarias: de la estatua de Ramón y Cajal, por Benlliure, en la Facultad de Medicina; de una lápida que en la antigua Universidad literaria perpetuaría la colaboración de un batallón de estudiantes valencianos a la gesta de los Sitios y de una residencia para estudiantes. El Rey fue directamente, como siempre, de la estación al Pilar, donde se cantó una salve. Por cierto que, antes de bajar del camarín, una vez besada la venerada imagen, sacó del bolsillo algo muy pequeño envuelto en papel azul: eran unas medallas que pasó por el manto de la Virgen. (Minutos antes del banquete con que le obsequió la Universidad, el Rey escribiría de su puño y letra en una cuartilla, para que fuera cursado en seguida, el siguiente telegrama dirigido a la Reina María Cristina, entonces en San Sebastián: Cumplí tu encargo en el Pilar. Rector, nombre Universidad, te saluda cariñosamente. Te abraza, Alfonso R. El Rey, pese a la premura del tiempo, quiso conocer personalmente el curso de las obras del templo y se interesó por los medios económicos con que se contaba para continuarlas. También volvió a visitar las tumbas del Pero si las visitas personales del Rey a Jk templo mariano de Zaragoza, junto con detalles tan expresivos como los apuntados, son ya inequívoca prueba de una devoción pilarista sentida con hodura, hay en la vida y en la muerte de Don Alfonso XTTT otros muchos rasgos que la evidencian más y más. Suyas son estas palabras a la condesa de la Vinaza, en Biárritz: Cuando estuve en Zaragoza pedí con gran fervor a nuestra Patrona que me concediera la dicha de ser padre de una niña y ya veis como me ha complacido. En ningún templo he visto la fe tan sincera y tan sencillamente manifestada como en el Pilar de Zaragoza... Yo la adoro y mi devoción por ella es tan grande que invoco su sacrosanto nombre en peligros y prosperi- dades... Otros datos bien elocuentes son que el bautizo de la Infanta Beatriz en el Palacio de La Granja se celebró ante un altar presidido por la Virgen del Pilar, o que al morir la Reina Madre el Rey mandó imprimir en la esquela mortuoria la imagen de la misma advocación mariana. Disposiciones firmadas por Don Alfonso son las que en 1904 declaran al Templo del Pilar Monumento Nacional y la que en 1908 concedía a la Virgen del Pilar honores de Capitán General. Y el 20 de mayo de 1909 Alfonso x m enviaba al Pilar la Bandera de España, completando así las que habían enviado las Repúblicas de estirpe hispánico, y además, y para corresponder a ese homenaje americano a la Reina y Patrona de la Hispanidad, enviaba otra bandera rojigualda al santuario argentino de la Virgen de Lujan. Pero es en la hora de la verdad, en su lecho de muerte, cuando Don Alfonso XTTI nos ofrece la auténtica medida de su fervor pilarista. El manto de su madre Doña María Cristina está sobre el lecho, la Virgen del Pilar preside la estancia y los labios del moribundo musitan con frecuencia jaculatorias pilaristas. A la sierva de María que le asistía dijo más de una vez: r Sólo pido a la Virgen del Pilar que si- mi vida sirve aún para ser útil a España, me la conserve, y si no, para nada la necesito, la ofrezco con toda mi alma para el bien de España. Ramón SALANOVA