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S. M. EL REY DON ALFONSO XIII, FUE PASADO POR EL MANTO DE LA VIRGEN A SUS DOS AÑOS POR SU AUGUSTA MADRE, LA REINA DOÑA MARÍA CRISTINA A devoción de S. M. Don Alfonso a la Santísima Virgen del Pilar merece no ya uno o varios artículos o reportajes, sino toda una amplia monografía. Es una tierna devoción que le acompaña toda su vida y que se manifiesta inequívoca y de modo especialmente jugoso en los momentos más solemnes y decisivos. Devoción que fue compartida también del modo más sincero por Doña Victoria Eugenia y aun por toda la Familia Real. A Don Alfonso le venía ya de su propia augusta madre, Doña María Cristina. La primera visita, en efecto, que el Rey hizo al Pilar de Zaragoza fue a punto de cumplir los dos años de edad, el 13 de mayo de 1888: la egregia dama, cuyo corazón se veía atribulado por crueles desgracias íntimas y por los sinsabores de una tormentosa y dilatada Regencia, quiso, como hacen desde siglos incontables madres españolas de toda condición, pasar a su hijo por el manto de la Virgen. T trajo también a la Princesa de Asturias y a la Infanta María Teresa. Es de subrayar que, entre mas de trescientos mantos que t i e n e la Virgen del Pilar, está el ofrecido por la Reina María Cristina, por cuyo nombre es conocido; se trata de un riquísimo manto blando bordado en oro y con una gran corona real de gran realce, cargado de historia. Desde su donación lo ha lucilo casi siempre la sagrada imagen de la Virgen en las visitas reales al templo y, robre todo, bajo sus pliegues expiró Don Alfonso en Roma recientemente entregó sn Lausana su auna al Creador la Reina Doña Victoria. Anotemos también la coincidencia de que era entonces arzobispo de Zaragoza el cardenal Benavides, el cual había oficiado en 1878, como Patriarca de las Indias, en la boda de Don Alfonso XII y Doña María de las Mercedes, su pristiera esposa. La (Reina María Cristina volvería a Zaragoza con la principal finalidad de visitar de nuevo a la Virgen del Pilar el 24 de octubre de 1908, cuatro días antes de una visita de sus hijos los Reyes. Fue en esta ocasión cuando, después de besar la sagrada imagen, según privilegio de las personas reales y de otras alias personalidades en ocasiones muy contadas, la Reina se desprendió de una valiosa joya y la entregó al arzobispo don Juan Scldevila, quien a su vez la sujetó sobre la aludida corona bordada en el manto de la Virgen. La propia Reina explicó al alcalde señor Fleta: Me he desprendido de la joya que tengo en mayor estimación por ser regalo de mi difunta madre para ofrecerla a la Santísima Virgen del Pilar. LA PRIMERA VISITA SEL REY AL PILAR L de la multitud delirante. Una vez en la angélica capilla el- Rey oró unos minutos ante la imagen de la Virgen y después subió a besarla. Al día siguiente, sábado 17, volvió al templo a las nueve de la mañana para oír misa y venerar de nuevo a la Patrona. Fue en esta ocasión cuando dejó a los pies de la imagen su bastón de mando, de puño de oro incrustado de piedras preciosas. El doctor Soldevílla tomó el bastón y lo mostró al gran concurso de personalidades y fieles en general que se habían asociado al acto y por el que corrió un leve rumor de aprobación y de gratitud. A continuación el Rey quiso admirar el joyero de la Virgen. Al día siguiente, domingo día 18, a última hora de la tarde, salió por las calles el famoso Rosario de Cristal, integrado, orno se sabe, por carrozas y faroles simbólicos de cristal policromado que todos los años sale el día 13 y que ese año lo hizo el 18 en honor al Rey. Este quiso presenciar todo su desfile desde el balcón central del Palacio Arzobispal, donde se hospedaba, y por eso delegó la presidencia de la procesión en el capitán general. El lunes, día 19, a las once y diez de la noche, después de una jornada muy densa, el joven Rey emprendía el regreso; pues bien, pese a no estar previsto en el programa y acompañado de sólo muy contadas personas, no quiso marcharse de Zaragoza sin despedirse de la Virgen y así lo hizo minutos- antes de la cena. EN EL CENTENARIO DE LOS SITIOS marchaba el día 15 a última hora. De la estación, como siempre, fue directamente al Pilar y al día siguiente volvió dos veces, mañana y tarde, con motivo de los solemnes funerales por las heroínas de los Sitios y del traslado de sus restos mortales al mausoleo que les había sido erigido sn la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Portillo. Una vez más Zaragoza, a la que ahora había traído como regalo el título de Inmortal tributó a su Rey constantes e inequívocas muestras de fervorosa adhesión al propio tiempo que le pidió que volviera pronto y, de modo explícito, con la Reina NUEVA VISITA EN 1908, AHORA CON LA REINA La siguiente visita fue cinco años después, en junio de 1908, cuando el Rey contaba veintidós años y hacia dos que había contraído matrimonio con Doña Victoria Eugenia de Battenbersr. El motivo fue la brillante conmemoración en Zaragoza, con una serie de actos de gran relieve a lo largo de aquel año, del I Centenario de sus Gloriosos Sitios. El Rey llegó a las ocho de la mañana del día 14 y se Den Alfonso atendió pronto estos deseos de los zaragozanos y ese mismo año de 1 SC 8, tan pródigo en solemnidades y realizaciones de todo orden en Zaragoza, volvió a visitarla acompañado de Doña Victoria Eugenia. Fue a las nueve menos cinco de la mañana del miércoles, día 28 de octubre, cuando hacía su llegada a la estación de MZA el tren real. Inmediatamente se dirigieron al templo Mariano, donde se cantó un Te Deum y una salve. A continuación los Reyes subieron al camarín a besar la sagrada imagen, primero el Rey y después la Reina. Fue en esta ocasión cuando Doña Victoria Eugenia tomó una preciosa joya que, en forma de ramita cuajada de brillantes, llevaba en el pecho, y la prendió ella misma en el manto de la Virgen. Lo mismo hizo a continuación con la medalla de oro del Centenario de los Sitios, que acababa de serle entregada. Al día siguiente, jueves 29, a las diez y media de la mañana, mientras el Rey asistía a otros actos, la Reina quiso volver al Pilar para oír la misa que ofició para ella el arzobispo, después cardenal, don Juan Soldevilla. Al día siguiente la Reina regresaba a Madrid y el Rey continuaba a Barcelona. EN 1923, OTRA TEZ EN ZARAGOZA LOS REYES, DE REGRESO DE ROMA. Visita de extraordinaria resonancia y de especialísima significación pilarista fue la hecha a Zaragoza por los Reyes, acom- La primera visita de Don Alfonso A I I I a Zaragoza ya como Rey, a sus diecisiete años, uno después de su coronación, fue eminentemente pilarista. Era el viernes día 16 de octubre de 1903, es decir, durante aquellas fiestas del Pilar. No le acompañaba ningún otro miembro de la Familia Rsal. El tren llegó a las cuatro de la tarde en ycsunto y el Rey levantó oleadas de entusiasmo al hacer el trayecto desde la estación al Pilar en un precioso caballo blanco de- raza inglesa llamado Alí que su augusta madre le había regalado en su coronación. Los cronistas de entonces encomian una y otra vez el deminio del joven jinete, que hubo de sortear en numerosas ocasiones, a lo largo del trayecto, el desbordamiento Don Alfonso XIII en su primera visita como Rey al Pilar de Zaragoza, el 16 de octubre de 1903. (Reproducción de un grabado de La Ilustración IberoAmericana foto Lozano.