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5 i, cuantos no quieren reconocer que el p ¿oceso de la Historia tiene su concepción primigenia en un. nivel sobrenatural, independiente y por completo ajeno a la voluntad del hombre, y sólo adquiere su pleno desarrollo universal cuando el Hijo unigénito de Dios toma carne mortal y con su Pasión y Muerte le redime de sus limitaciones y miserias. Lo demás había de ser, y es, consecuencia directa del consumatum est expresión trágica y dolorosa que, pronunciada en el momento cumbre de la Pasión, abría a los hombres y demás seres creados el acceso gradual e incesante hacia las metas más sublimes de la plenitud revelada. Mapa Universal de 1507 (primero con el nombre América por I Martin Waldseemüller- Estrasburgo ó St. Dié. Primer Mapa Universal con la representación del Hemisferio Occidental, comprendido el Nuevo Continente, al que se da el nombre de América. La proyección y la configuración son similares al Mapa de Henrious Marteilus. Florencia, c. 1430. Ver para creer dirán los que Kan necesidad de contener eii su cántaro todo el agua de la mar. Pues ya habéis visto les responde la realidad de nuestra civilización victoriosa y fundamentalmente cristiana. Y bien sencillo es volver la vista y comprobar la suerte de todos los pueblos que no han seguido las mismas rutas salvadoras. ¿Es que son, ellos los vencedores? La respuesta es obvia, y el ¡No! rotundo y categórico. Cierto que se nos puede objetar que alguno de los grandes pueblos que han contribuido al progreso de la técnica espacial proclama con énfasis su interpretación antirreligiosa de la vida, sin que por ello vean mermados sus triunfos; antes bien, los justifican por esta misma aversión a cualquier motivo de fe sobrenatural o de acatamiento a las leyes del espíritu. Es verdad que tales paradojas se producen, pero no por ello se destruyen los principios ni el fondo trascendental del problema religioso. Porque, en realidad, lo que sucede es que el hombre se desenvuelve como ser libre, y no siempre está exento de razón cuando se opone a determinadas ligaduras que le atenazan a unas estructuras económicas, políticas o sociales que, incluso utilizando el nombre sacrosanto de Dios, pueden ser contrarias a los fines pretendidos por la Voluntad divina. Lo que importa, considerando ios hechos bajo el módulo temporal de una etapa de la Historia, es comprobar si los frutos producidos responden a la bondad de las esencias que originaron el árbol del que proceden En tal caso no nos será lícito negar que unos y otros, creyentes y ateos, todos en común o cuando actúan por separado, han contribuido y contribuyen directa o indirectamente al progreso de los conocimientos positivos y de su aplicación en beneficio del hombre y forman parte de la misma empresa aue se esfuerza por alcanzar el pleno desarrollo del plan de reunificación y consiguiente vitalización de cuanto existe o, lo que es lo mismo, que cumplen, quiéranlo o no, con el destino de la Historia. Lo que a nosotros más nos interesa en esta ocasión no son los calificativos que ccmúnmente determinan las d i v e r s a s transformaciones de una misma cosa, sino las constantes que vitalizan, sin cesar el complejo entramado en el que se apoya el ser de la Historia. Dos son las principales, y dignas de ser destacadas como eje del proceso de expansión geográfica, sin el que no hubiera podido producirse el desarrollo integral del género humano. Una de esas constantes es la revelación de América cuyo CDLXXVH aniversario celebramos en esta fecha. Sin la aparición insospechada del inmenso Continente nuevo y de su dominio territorial y de las bases oceánicas que lo sustentan, y sobre todo sin la intensa, decidida y fervorosa acción misional de España en su dilatada área, no se hubiera logrado la cristianización, virtualmente extendida a casi todas las regiones del mundo, y la muy completa de América, que tai es la realidad vital de nuestro planeta, di- gan lo que digan y se escandalicen o no los que de otro modo piensan. Y naturalmente, que no es concebible la cristianización si antes no admitimos la existencia histórica, actual, y verdadeí su divino fundador, Jesucristo, Hijo Dios, Señor y Redentor nuestro. Pero es ahora cuando vamos a tropezar con el mayor escándalo de la Historia. ¿Porque cuántos son los que admiten esta realidad, a pesar de las consecuencias universales, fecundas, vitales, (triunfales y demostrables que tenemos de su paso por la Tierra? La respuesta matemática nos llenaría de consternación si comparásemos el número de los que creen en Cristo, y con hechos y palabras dan testimonio de su ¡fe, con el de una inmensa mayoría que aprovecha de sus frutos, aunque del árbol que los produce haga leña barata y muerta. Afortunadamente, por esta vsz no es cuestión de mayorías o minorías, sino de información histórica y veraz, aue arroje, torrentes de luz sobre realidades que acaso ignoramos, a pesar de que se han hecho y se hacen tantos esfuerzos por dárnoslas a conocer. Tal es ia verdadera significación del Doce de Octubre. Día Hispánico por excelencia. Y no sólo por lo que ya se hizo, sino porque aún nos toca mantener encendida la antorcha de unas creencias que tanto contribuyeron a transufcstanciar los valores humanos de la Tierra y a sublimar su Naturaleza. ¡El balance nos es favorable, y el futuro de la inmensa construcción histórica tampoco parece incierto, salvo que prevaricaran les que tienen el deber de mantenerlo limpio de la inconfesable herejía de negar, o no reconocer sus fundamentos. Carlos SANZ -2 Ü