Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MIRADOR Por Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA LOS VALORES HUMANOS DEL DESARROLLO De L. GÓMEZ DE ARANDA Ed. Europa. Madrid, 1969; 318 págs. ü í S Gómez de Aranda, secretario general de la Secretaría General del Movimiento, aborda en este su segundo libro una parte de la inmensa problemática que suscita el vasto y actual tenia del desarrollo. Como su aproximación es primordialmente política, destacaré sus tomas de posición más concretas. 1. Punción del desarrollo: Por un lado, nuestro autor reconoce que el Imperio del objetivo económico se revela como fundamental pero por otro lado postula un sistema al servicio de otros valores humanos reconocidos por la sociedad como superiores o fundamentales se trata no sólo de nivel de vida, sino de obra vida Esta doble preocupación le lleva a entender el desarrollo como realización de los valores humanos 2 Desarrollo y mito: Por un lado, Gómez de Aranda acepta que el desarrollo es en nuestro tiempo la ilusión de todos los pueblos un gran mito en el mundo pero per otro lado afirma la necesidad de crear él mito del desarrollo, una mística del desarrollo ¿Qué entiende nuestro autor por mito? Aquello que necesita de la fe, de la esperanza y del entusiasmo para realizarse y triunfar Además, el pensamiento mítico es un pensamiento retórico, del cual el resorte secreto no reconocido es la metáfora Sin embargo, Gómez de Aranda niega qué su fórmula equivalga a defender el irracíonalismo en política, la hipertrofia de los mitos y el gobierno de los pueblos a golpe de frase De lo que sí abomina es de lo que él llama tecnocracia 3. Desarrollo y reparto: ¿Es prioritario producir o distribuir? Por un lado, nuesuü autor afirma que un desarrollo que merezca tal nombre no puede ser meramente cuantitativo, no debe consistir en engordar el sobre de la renta nacional, sino en... la distribución de ese sobre y por eso declara haberse opuesto públicamente a cualquier acción drástica de contención de salarios Pero, por otro lado, Gómez dé Aranda admite que ya no tiene que perder uno para que gane otro, sino que pueden ganar todos a un tiempo y acepta la opinión de que el caballo de la igualdad económica y el caballo del desarrollo... no corren en la misma dirección 4. Crítica de la democracia: Las formas de gobierno recomendadas en (1945 como buenas para todo el mundo no eran en realidad otra cosa que el precipitado histórico de las revoluciones burguesas. No hay por qué exigir que todos los regímenes hayan de estar calcados a la moda de Westminster. Y entiende que España ha realizado una tarea mucho más meritoria que la simple recaída en el redil de la democracia liberal parlamentaria de múltiples partidos En suma, es posible que el precio del desarrollo sea un cierto autoritarismo político y económico Sin embargo, estas ideas no impiden que Gómez de Aranda pida una planificación democrática para España. L posible entrar en un análisis profundo de la cuestión. Para no dejar la interrogación absolutamente incontestada, apuntaré que, en mi opinión, lo que, utilizando un tópico impropio se llama vulgarmente el apoyo económico o material de la existencia humana, no es sólo la condición, sino el fermento de lo que, también de modo inadecuado y carente de rigor, se llama el despliegue del espíritu, y que yo calificaría de ejercicio de las funciones superiores. No olvidemos que; atiborrada de predicaciones espiritualistas, la Humanidad se ha pasado muchos siglos empobrecida y, en definitiva, embrutecida. A estas alturas de la Historia no creo en ninguna forma de humanización general que no se Luis Gómez de Aranda apoye en la utilización de los recursos de la Naturaleza. La intención desmaterializadora de Gómez de Aranda le lleva a definir su ideal de desarrollo como realización de los valores humanos No me parece un concapto aceptable, porque en tal caso el desarrollo vendría a identificarse con la vida humana en general. Sí la noción que nos ocupa ha de tener un sentido preciso y útil hay que dejarla donde la han colocado los economistas y sociólogos. Me remito al libro de Medina Echevarría ya comentado en esta página. Gómez de Aranda es partidario de mitificar el desarrollo. Pero su concepto de mito me parece insatisfactorio. No puede ser mito todo aquello que inspire entusiasmo, porque entonces un partido de fútbol sería un mito, y en cambio no lo sería la mitología clásica, que ya no inspira entusiasmo alguno. Tampoco cabe identifi- car el pensamiento mítico con el metafórico, porque eso sería equiparar el mito con la poesía y, en cierto modo, con el lenguaje. No veo mito alguno en el famoso madrigal de Gutierre de Cetina, a quien nadie negará su condición de perla poética. La construcción de Gómez de Aranda en torno a la mitificación del desarrollo no. se sostiene. Nadie duda que toda acción, sea individual o colectiva, necesita una, motivación, es decir, la adhesión a un fin. Ferc para ello no hace falta mitificar los objetivos. Hoy los pueblos aspiran al desarrollo con tenacidad. y con esperanza, como el viajero que se dirige a un destino, o como el científico que busca nuevas verdades. Para que esta tensión exista no hay que mitificar ni la geografía ni las matemáticas. Tampoco la cosa pública. Si hemos de utilizar los términos con algún rigor, hay que comenzar afirmando que todo lo mítico tiene una dimensión irracional. La irracionalidad me parece el mal. Hay que desmitificarlo todo y muy singularmente la política. Es este un campo que requiere ingentes esfuerzos de racionalización. No retrocedamos. No concibamos el desarrollo en términos míticos, como una guerra santa al modo islámico o como un desencadenamiento de entusiasmos al modo nazi. Veamos el desarrollo sin la menor veladura novelesca, es decir, como una serena operación de la inteligencia para elevar JBI nivel de vida, las horas de ocio y el progresivo desenvolvimiento de las funciones superiores del hombre. Esta no. es una operación taumatúrgica y retórica, sino racional y empírica. Aquí y en todo lugar: mythos vade retro Sobre la ya centenaria contraposición entre la producción y el reparto, la teoría y la experiencia han demostrado que un crecimiento importante de la renta nacional produce automáticamente una redistribución de los bienes y una elevación considerable del nivel de vida de los estratos más modestos. La misma experiencia prueba que el reparto sin incremento detiene el proceso de capitalización, con lo que se inicia una curva descendente de las rentas medias y no se satisface plenamente nada más que la necesidad de igualitarismo a cualquier precio que experimentan los envidiosos y resentidos. No voy a entrar ahora en la bizantina discusión dé si en el plano de las esencias metafísicas la justicia distributiva es superior a la economía. Se trata de abordar la cuestión en el plano existencia! Desde este punto de vista, aunque la justicia social sea el cauce de la política, resulta escasamente eficaz si el caudal de bienes permanece exiguo. El reparto de la miseria me parece una caricatura de la injustica práctica. Por eso entiendo que el objetivo primario del desarrollo es el incremento de la renta nacional per capita Toda consigna distributiva que no esté respaldada por una producción real es poco manos que pura demagogia verbal. ¿Por qué Gómez de Aranda apoya su visión del desarrollo sobre tres nociones tan imprecisas y de tan escasa consistencia como la de el humanismo, el mito y el reparto? Yo no creo que sea por razones especulativas, sino políticas. Nuestro autor nos da la clave cuando descarga, de vez en cuando, sus ataques a los teenócratas es decir, a los que se supone que son deshumanizados, sin atractivo y más empeñados en producir que en repartir. Este tácito planteamiento puede tener un sentido inmediato a la vista de las fuerzas políticas en presencia sobre la arena española un grupo caricaturiza al otro con el propósito de substituirle. A esto me parece que se reduce la substancia argumental de Gómez de Aranda. Como creo que es preciso objetivar y relacionar la política, no puedo seguirle en tal dirección. Creo que a un plan de desarrollo hay que (Pasa a la pág. 5. de Mirador. Nuestro autor manifiesta constantemente la preocupación por espiritualizar o desmaterializar el desarrollo. Pero como no precisa los metafisicos y complejos conceptos de materia y de espíritu, no es