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NUESTRAS CRITICAS Colección El Bardo Barcelona, f OORDENADAS. -Félix Grande es un f extremeño de 1937 que avanza, con su obra al hombro, en poesía, relato y novela. De su raíz originaria he aprendido quizá el ímpetu itinerante. Se ha asomado, pues, al mundo. Ha tomado conciencia de una vasta hermandad universal. He viajado- -nos dice- -por cinco o seis países. Soy de los que temen una tercera guerra mundial. Atómica... Su obra queda signada por estas coordenadas, que lo explican. El libro que ahora comento está en su segunda edición española. En su primera aparición- -de diez mil ejemplares- -enarbolaba el gallardete del Premio de Poesía Casa de las Américas y se publicó en La Habana, 1967. Todos estos antecedentes se corresponden rigurosamente con el contenido del libro, incurso en la órbita de poesía que dirige, desde Barcelona, José Batlló. DOS MANERAS. -Esto significa que de los modos poéticos que existen- -no hay más que dos- Félix Grande ha tomado resuelta posición por uno de ellos. Dos clases de poesía hay, en efecto: la de los que creen que la poesía tiene como misión embellecer al mundo, y los que consideran que la única tarea digna es la de mejorarlo. Se ordena la primera a la perfección y exige del poeta un enroscamiento mental hacia adentro; se proyecta la segunda, hacia afuera, y demanda al verso claridad de voz suficiente para ser entendido por todos. Históricamente, en la primera mitad del siglo XX, la poesía castellana ha tenido en Juan Ramón Jiménez el símbolo de la primera actitud; en Antonio Machado, el signo de. la segunda. Hoy ésta es la que priva, avasaUadoramente, transportada incluso en alas de la canción. Paco ¡báñez o Joan Manuel Serrat, en efecto, han producido para don Antonio un publico que a él mismo le asombraría. Esto es bueno. Porque las muchedumbres conquistadas para la emoción poética son candidatos a nuevos saboreos líricos. Porque pensar que la otra poesía la que se extasía ante la perfección de la rosa, ha periclitado es, senciüamente, desconocer el movimiento pendular de la historia de la cultura universal. A un periodo de predominio ético sucede otro de predominio estético. Y así sucesivamente. LO COLECTIVO. -La actitud ética comporta un decir directo. El poeta debe hacer llegar, sin circunloquios, su personal mensaje. Porque él tiene algo que decir a la multitud, en tanto que multitud. Es, pues, una voz que intenta recoger emociones colectivas para un público multitudinario. ¿Escapa esto de lo que se llama lirismo para incidir en el plano épico? Probablemente. El destinatario del poema, al ser múltiple, exige un modo de expresión que se atempere a la comprensión media, como en el microcosmos social que en el público del teatro se le exigen al autor unos modos expresivos que alcancen a todas las mentalidades que se acomodan, expectantes, en la sala. Al servicio de este destinatario múltiple, el poeta sacrifica cualquier retórica que, al elevar la expresión, la haga inoperante para la masa. El principio ético de este tipo de poesía impone un modo característico de expresión. LO DIALÉCTICO. -La actitud del poeta es, en suma, una actitud dialéctica. Sea BLANCO SPIRITUALS De Félix GRATÍDE Por Guillermo DIAZ- PLÁJA De la Real Academia Española una determinada realidad sociológica, y advertida en ella la contaminción del mal, el poeta se coloca en una actitud de denuncia. Como cuando, en el Romanticismo, Víctor Hugo verá en el lírico el porta- antorcha de la hermandad. ¿Con qué armas- -es decir, con qué recursos- -cuenta? La injusticia de la sociedad, el dolor, la muerte, el negro, el convencionalismo, la estupidez, ¿cómo se combaten? Es indecente perpetrar novelas en un inundo en que sufren hambre los niños dice el autor en uno de sus poemas. Es frecuente leer, en estos meses, que tal autor teatral, implicado en una dramaturgia contestataria habría dejado de cultivarla, precisamente por inoperante; por estimar que, quiérase o no, la actitud de- mundo en que sufre el negro, y el pobre; sobre el mundo que constituye la civilización de consumo, se alza el grito patético y desgarrado; sarcástico. Toda voz, cuando es auténtica, tiene capacidad de estremecimiento. Y esta voz tiene autenticidad; y es, por lo tanto, honrada en su expresión doloroso, y terrible. Pues no hay nada más cierto que el hecho espantoso de que la guerra- -una guerra última, definitiva y total- -pende sobre nuestras cabezas. Esa guerra que, como muestra el filme Vergüenza de Ingmar Bergman, trae como heridas más graves las que arrasan la dignidad humana; y, en cualquier caso, la destrucción de un mundo construido por tres mil años de denodada historia universal. Personificar sistemáticamente el origen del Mal en la actitud política y social de los Estados Unidos es. ciertamente, una actitud polémica y, por lo tanto, parcial. Que la suprema dirección del mundo técnico comporta una capacidad depredatoria suprema es, también, una verdad incompleta, aunque una y otra afirmación contenga carga dialéctica suficiente para el poeta. Pero esto es ajeno a la crítica literaria. LO INSTRUMENTAL- ¿Cuáles son nos importa aclarar- -los valores estéticos que sostienen Id ideología del poeta? El poema en tanto que instrumento dialéctico, ¿cómo debe constituirse? Vemos primero que la actitud épico- lírica que conforma estas páginas se traduce, en una manera continua y discursiva, apenas cortada por tos términos de la unidad versal, que, exenta de rima, crea un hilo de continuidad al servicio de un pensamiento o tesis que actúa de eje conductor. Las frases, pues, se sueldan como en un tornillo sin fin, fieles a la consigna final del poema. La escritura es, desde el punto de vista léxico, una acumulación de palabras cotidianas, con abundantes descensos al infralenguaje. El contenido, apo Rdo en ironía o sarcasmo, nos presenta- al hombre de vuelta de los horizontes donde se al macena lo aparatoso y lo brillante; este modo de ver las cosas desde su reverso comporta la reproducción paródica de las f zses hechas que esmaltan de estupidez ia conversación cotidiana, o construye arbitrarias palabras fabricadas de la yuxtaposición insólita de muchos vocablos. El Félix Grande poeta puede hacer más: inventarse una personal sintaxis o una ortografía deliberadamente incorrecta, a la luz de una innúnciadom viene envuelta en una cierta tencionalidad sarcástica. Más todavía: puemanipulación retórica que incluye un éxi- de elevarse a una expresión surrealista que to personal, a veces muy lucrativo. Se pue- roza- -en algún momento- -el clima poético den pintar entes famélicas, como hace Bar- puro Porque- -ahí está el detalle- -la poenard Buffet, y arrastrar un Cadillac La sía se hace de tensión lírica más que de actitud colectiva implica- -debería impli- argumentación dialéctica. No se trata, ahocar- -muchas renuncias, como aquellos ra de que nos convenza sino de que nos monjes que rehuyen escribir, porque toda haga llegar su personal emoción. ¿Tiene actitud literaria encubre, a la postre, una Félix Grande, además de su evidente tensombra de vanidad. Bien. Félix Grande sión polémica, la hondura comunicable de traza una vasta panorámica del- mundo en lo poético? ¿Hasta qué punto la fidelidad que vive, para descubrir, látigo en mano, a las consignas de su conciencia obstacutanto dolor silencioso, tanta injusticia pa- lizan el vuelo? ¿Podría transportar el poeta tética como nos circunda. Una vasta geo- estos valores a un plano personal y, por grafía, un interminable plano sociológico lo tanto, resueltamente lírico? En uno de le da motivo, motivos, vara su plañidera sus poemas, por lo menos, en el titulado voz. No neguemos su tremenda y desolada Cabellera comparativa (pág. 63- 64) asor verdad. El mundo está lleno de dolor, y ma Félix Grande un poeta que quedaba ruborosamente guardado; una tierna y al poeta le es lícito contarlo. honda poesía personal. ¿Sin continuidad LO APOCALÍPTICO. -Y así su voz tie- posible? ne un trémolo de postrimería. Sobre el