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y poesía cada día Nació en Malaga en 1890. La tierra y la gente de Andalucía llenan su obra literaria. Ingeniero industrial. Cultivó el periodismo, el ensayo y el teatro. Libros suyos son Gitanos de la Botica Historia de Gibraltar La mar y los barcos Sus versos, llenos áe color, alcanzaron extraordinaria audiencia. La taberna de los Tres Reyes El Cristo de los gitanos De cante grande y cante chico y El café de chinitas son los títulos de su obra poética, de la que seleccionamos su más popularizado poema El piyayo Murió en 1964. JOSÉ CARLOS EL PIYAYO ¿Tú conoces al Piyayo, un viejecillo renegro, reseco y chieuelo, la mirada de gallo, pendenciero y hocico de raposo tinoso... que pide limosna por tangos y maldice cantando fandangos gangosos... ¡A chufla lo toma la gente. y a mí me da pena y me causa un respeto imponenteí Ata a su cuerpo una guitarra, que chilla como una corneja, y zumba como una chicharra y tiene arrumacos de vieja pelleja. Yo le he visto cantando, babeando de rabia y de vino, bailando con saltos felinos, tocando, a zarpazos, los acordes de un viejo tangazo Y el endeble Piyayo jadea, y suda... y renquea. Y a sus contorsiones de ardilla hace son la sucia calderilla. ¡A chufla lo toma la gente! A mí me da pena y me causa un respeto imponente. Es su extraño arte su cepo y su cruz, su vida y su luz, su tabaco y su aguardentillo... y su pan y el de sus nietecillos: churumbeles con greñas áff alambre y panzas de sapo, que aullan de hambre, tiritando bajo los harapos; sin madre que lave su roña, sin padre que afane porque pena una muerte en Santoña; sin más sombra que la del abuelo... ¡Poca sombra, porque es tan chicuelo! En El Altozano tiene un cuchitril- ¡a las vigas alcanza la mano! y por lumbre y por luz un candil. Vacía sus alforjas- -que son sus bolsillos- Bostezando, los siete chiquillos se agrupan riendo. Y entre carantoñas les va repartiendo pan y pescao frito, con la parsimonia de un antiguo rito: ¡Chavales! ¡Pan de flor de harina! Mascarlo despasio. Mejó pan no se come en palasio. Y este pescaíto, ¿no es na? ¡Sacao uno a uno del fondo der ma! ¡Gloria pura e! Las espinas se comen tambié, que to es alimento... Así... despasito, muy remascaíto. ¡No yores, Manuela! Tú no pues, porque no tienes muelas. ¡Es tan chiqnitita mi niña bonita! Así, despasito. Muy remascaíto, migaja a migaja- -que dure- le van dando fin a los cinco reales que costó el festín. Luego, entre guiñapos, durmiendo, por matar el frío, muy apiñaditos, la Virgen María contempla al Piyayo riendo. Y hay un ángel rubio que besa la frente áe cada gitano chiquito. ¡A chufla lo toma la gente! ¡A mí me da pena y me causa un respeto imponente?