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EDITADO PRENSA M A D POR ESPAÑOLA, R I D SOCIEDAD ANÓNIMA FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO UUCA DE TENA L filósofo alemán H e g e 1 formula esta trilogía para significar d ritmo evolutivo de la Historia; y los actuales marxistas la han tomado de él, pero aplicándola a la interpretación materialista de la Historia. Prescindiendo de estos orígenes, no cabe duda de que ella refleja cabalmente la triple actividad que, en orden a los problemas de la vida, adoptamos espontáneamente en cualquier discusión. Hay uno que le da una solución determinada, que llamamos tesis; otro, que le niega todo valor y le opone una solución diversa y aun contraria, es el autor de la antítesis. Ei uno dice que sí; el otro dice que no; el primero esgrime en su favor unas que llama pruebas, que el segundo pretende refutar como desprovistas de valor, alegando en favor de su antítesis otras pruebas que su antagonista llama objeciones y cuya fuerza demostrativa trata de desvirtuar resolviéndolas. Pruebas y Refutaciones, objeciones y soluciones, tal es el balance de toda discusión humana, así sea de un tema especulativo- -científico, filosófico o histórico- -como práctico cual es ia sentencia a dictar por un juez o tribunal, previas actuaciones del fiscal acusador y del abogado defensor, o de los abogados propugnadores de una y otra causa. Pero cabe que entre ellos o por encima de ellos se sitúe un tercero, que por ventura sea tachado de pastelero por los protagonistas, en su afán de conciliar sus respectivas posiciones con una intermedia o mixta, denominada síntesis, entre los contendientes. Pues bien, este tercero es el llamado a llevarse la palma en la discusión, deficientemente encarrilada por los anteriores. Pongamos algunos ejemplos entre los innumerables que cabría en el orden teórico y práctico. En el orden teórico, científico y filosófico, se plantea, v. gr. el problema de la vida. Para unos, los llamados mccanicistas, la vida es un producto de fuerzas físico- químicas, en nada diferentes, aunque si más complicadas, de las que actúan fuera de ella. Para otros, los finalistas, se da en los seres vivientes un principio vital independiente de aquellas fuerzas, y que las dirige hacia un fin determinado, que es el mantenimiento del ciclo vital. Pero se dan también los armónicos, de solución mix- ABC ta, según los cuales, las funciones vitales se ejercitan en sú detalle con arreglo a las leyes físico- químicas más estrictas, pero ordenadas hacia la totalidad del organismo como fin superior. En el orden práctico. político se da una forma de organización del Estado llamada autocrítica, en la que la voluntad de los subditos no Cuenta para nada, dominada como se halla por la de quien se erige en autoridad de ellos. Para otros, está autoridad debe ser constituida por la elección de sus subditos, que llegan a imponerle un programa político. Otros, finalmente, adoptan la electividad para la constitución del poder legislativo, pero le niegan para el poder moderador, vinculado en un rey, autoerigido y sustituido a su muerte por sucesión hereditaria, sustraída a toda elección: solución intermedia entre las anteriores. La síntesis, sobreponiéndose a la tesis y a la antítesis. Entre el sí de la tesis, el no de la antítesis- -corf su sí contrapuesto- -y el qué se yo del dubitante, la posición intermedia o mixta de la síntesis armónica es en la que se cifra la verdad integral, no representada sino parcialmente por las posiciones anteriores. Un ilustre compatriota nuestro, don José Ortega y Gasset, ha ideado una teoría, que él llama perspectiva, como solución al problema critico del conocimiento. Para él, cada uno de nosotros enfoca los problemas de la vida desde un punto de vista, que es el suyo, y les da una solución congruente con él. Y asi como los espectadores de un teatro creen ver todos la misma escena, pero cada uno la ve desde su localidad, y por tanto de modo algo distinto, también nosotros te- REDA CC I 0 N, A D M I N I S T R A C I ON Y TAL L E R E S SERRANO, 61- MADRID E TESIS, AlNtlTESIS Y SÍNTESIS nemos nuestro peculiar modo de resolver nuestros problemas, y el aparente desacuerdo entre nosotros es sólo de punto de vista. Y así, en vez de discutir sobre quién tiene razón y dividirnos en partidarios de la tesis y de la antítesis, deberíamos integrar nuestros parciales puntos de vista en una totalidad que los abarcara armónicamente. No me atrevo a asegurar que ello fuera hacedero hasta el extremo de po- ner de acuerdo a todos los hombres, ni siquiera que este acuerdo fuera expresión auténtica de la verdad. ¿No había unanimidad en orden a creer que la Tierra estaba quieta y que el Sol giraba en su derredor, y, sin embargo, ello era falso? Pero no cabe duda de que hay un gran fondo de acierto en el perspectivismo de Ortega y Gasset. Prácticamente, cada uno de nosotros, al enfrentarse con opiniones ajenas posiblemente encontradas con la propia, debiera, ante todo, preguntarse hasta dónde llegará el aparente desacuerdo, posiblemente verbal más que real y parcial más que total, y luego tar de reducirlo haciéndonos cargo de las perspectivas personales en la posición y solución de un problema, para dársela íntegra y satisfactoria desde todos los puntos de vista. He ahí la legitimidad de la síntesis superadora de la tesis y la antítesis en que se dividen tan frecuentemente los hombres. TRANS TODO EN MUEBLES General Mola, esquina López de Hoyos GENERAL MOLA, 122 En San Sebastián: San Martín, 3 No exageremos, sin embargo, la posibilidad de un acuerdo entre los hombres. Los factores del desacuerdo son tantos que no cabe pensar en su total eliminación. Desde luego, una rigurosa evidencia en las demostraciones no se da más que en la Matemática y en algunas de la Metafísica; en las demás, incluso en las de las ciencias naturales, tal evidencia es sólo aproximativa, cuando no se dan evidencias contrapuestas entre sí. A esto se añade lo que llama Balines la influencia del corazón sobre la cabeza; haciéndonos creer los que nos conviene sea verdad (en los optimistas) o lo que tememos que lo sea (en los pesimistas) El criterio de autoridad es también contradictorio, por la pluralidad de esas discrepantes. Caminemos, pues, tras del acuerdo entre los hombres por la educación lógica de ellos, pero sin abrigar demasiadas esperanzas de lograrlo. Juan ZARAGÜETA