Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Por Emilia DE ZULETA LA CRITICA INTELECTUAL EN LA OBRA DE FERNANDEZ DE LA MORA liza procurando definir de modo coherente tanto los elementos que la integran, como los límites, el enfoque y la intención del autor. Acto seguido, y tras una neta delimitación tipográfica, se desarrolla la toma de posición del crítico frente al libro y, finalmente, su valoración del contenido, del método y del estilo. Tanto en la primera como en la segunda parte del artículo demuestra Fernández de la Mora singular autoridad en los asuntos más variados, conocimiento de la bibliografía per- Emilia de Zuleta, catedrático de Literatura en la Universidad de Cuyo (Argentina) y autora de una excelente Historia de la crítica española contemporánea (Ed. Gredas, 1968) ha publicado en el número 39 de la revista Atlántida un importante estudio sobre la obra critica de nuestro colaborador Gómalo Fernández de la Mora. Reproducimos unos fragmentos de dicho trabajo. A obra de Gonzalo Fernández de la Mora representa una tendencia crítica que ha tenido ilustres representantes en España e Hispanoamérica, la llamada crítica de ideas o crítica conceptual, Sin embargo, su labor ha venido adquiriendo tales características que bien puede hablarse de una singular renovación de aquella tendencia. Hasta el presente ha publicado siete libros y numerosos artículos que abarcan temas filosóficos, políticos, jurídicos, históricos, estéticos y literarios. Sin embargo, a tal cantidad y variedad corresponde una estructura unitaria, cuyo carácter y naturaleza procuraremos dilucidar en el presente trabajo. El primer libro de Fernández de la Mora, Ortega y el 88 fue publicado en 1961. Ortega y el 98 son dos caras de la vida intelectual contemporánea que el crítico se propone confrontar en un planteo riguroso, despojado de tópicos, prejuicios y retórica. Su examen del 98 conlleva una discusión del método mismo de las generaciones- -a su juicio, origen de muchas deformaciones- una revisión de las valoraciones habituales, más allá de la apología y de la diatriba, y, en consecuencia, una reconstrucción segura de ese período. Tal programa se cumple cabalmente y la versión ofrecida por Fernández de la Mora resulta coherente, original y, sobre todo, reinserta en una escala europea. El segundo libro de tema unitario publicado por Fernández de la Mora es El crepúsculo de las ideologías (1965) desarrollo conciso de la doctrina y los ejemplos históricos de una de sus tesis predilectas, a la cual se referirá según veremos, en numerosas ocasiones. Entre uno y otro libro había aparecido en. 1864 Pensamiento español 1963 primer volumen de una serie de cinco (está en prensa el tomo sexto) correspondientes a la crítica publicada por Fernández de la Mora en el diario madrileño A B C durante los períodos sucesivos de 1963, 1964, 1 S 65, 1966 y 1967. El propósito del autor quedaba declarado en el primer volumen de la serie: 1) se agrupan allí, por materias, los artículos publicados a lo largo de ese año en ABC; 2) dichos artículos examinan exclusivamente libros de pensamiento en un sentido laxo; 3) se limita, además, a la producción española. Ese primer volumen, Pensamiento español, 1963 fija las características de ios artículos de Fernández de la Mora como piezas ajustadas a un esquema- que permite al lector captar rápidamente, tanto la fisonomía de la obra como el juicio del crítico. Comienzan, por lo general, con una referencia muy breve al autor, luego se sitúa la obra; a continuación, se la ana- L de resonancia de los tópicos de su tiempo. La tabla de valores propios es, en consecuencia, garantía de autenticidad y de libertad en el acto de juzgar. Ser independiente equivale a estar libre de presiones exteriores, pero la libertad del crítico está garantizada, precisamente, por la fidelidad a sus presupuestos axiológicos. Estas afirmaciones valen para la critica conceptual, cuyas diferencias con la crítica estética ha delimitado Fernández de la Mora en repetidas ocasiones. En efecto, en la crítica estética predomina lo patético sobre lo racional; el juicio estético se caracteriza por ser relativo, en cuanto depende del gusto personal del crítico y del predominante en su tiempo. Por el contrario, la crítica conceptual, que tiene por objeto formal la verdad y no la belleza, aspira al rigor lógico, a la objetividad y, sobre todo, no se distingue esencialmente de la crsación especulativa. Para juzgar el pensamiento ajeno, el crítico conceptual debe elaborar el propio. Crítica conceptual y creación especulativa no son dos funciones, sino dos momentos de una actividad sustancialmente unitaria: la búsqueda da la verdad Estas ideas básicas determinan el carácter de la crítica de Fernández de la Mora: la crítica no es para él una función ancilar, sino creación y, por ende, el critico es un intelectual plenamente responsable. Queda con ello dicho que la crítica de Fernández de la Mora refleja en gran medida sus propias posiciones en el ordsn filosófico, histórico y político, confrontadas con las ajenas, en activo diálogo, mantenido desde un orbe intelectual de sólidos cimientos, pero sometido a continua revisión. Este retrato previo de Gonzalo Fernández de la Mora quedaría incompleto si no anticipáramos dos notas decisivas de su personalidad: su constante defensa de la razón, y su talante individual, definido por lo que él mismo llama su irremediable proclividad a la contundencia Si esto último le induce al deslinde tajante de posiciones propias y ajenas, su amor a la razón le inclina a la comprensión, a la objetividad y al diálogo. II. ESQUEMA INTELECTUAL Las ideas antes apuntadas anticipan el carácter de la obra de Fernández de la Mora, lo que acabamos de llamar la crítica como reflexión y autocrítica, vale decir el ejercicio crítico como análisis y comprensión de la obra ajena y, a la vez, como piedra de toque y progresivo afinamiento del pensamiento propio. Significa esto que al exponer las opiniones de Fernández de la Mora se irá delineando el mapa y los derroteros de su propia aventura intelectual. La variedad de la materia tratada supone un amplio horizonte ya revisado y clarificado; sin embargo, en razón de su importancia, nos limitaremos al examen de sus ideas en materia filosófica y política y, en particular, sobre el llamado problema de España 1. Ideas filosóficas La labor continuada de Fernández de la Mora y el notable resurgimiento de los estudios filosóficos en España, le han puesr to en situación de juzgar periódicamente temas atingentes a todos los dominios del saber filosófico y de revisar diferentes sistemas y momentos de la historia de la filosofía. Su empeño de objetividad no elude la manifestación de una convicción propia: Todo lo que no sea racional y sistemático es un subproducto intelectual. La más luminosa fuente autónoma que poseemos es la razón Esta afirmación tajante ilustra sobre cual es su punto de partida en el examen de las más diversas posiciones y cobra particular relieve, no sólo frente a las actuales tendencias irratPasa a la pág. 5 de Mirador) Gonzalo Fernández de la KScra tinente y, por ende, preocupación por situar cada tema en su exacto contexto. Así como en la primera parte del artículo el autor se esmera por dar una versión cabal y vertebrada de la obra, luchando muchas veces con el asistematismo, el fragmentarismo o la incoherencia, en la segunda parte, la dedicada al juicio crítico propiamente dicho, revela originalidad de criterio, objetividad y resuelta independencia frente a todos los tópicos. Obra de carácter misceláneo, esta serie de Pensamiento español tiene una unidad fundamentada en sólido esquema intelectual y en una firme idea de la crítica. I. IDEAS SOBRE LA CRITICA El volumen Pensamiento español, 1983 se abría con un estudio preliminar, Crítica y verdad donde el autor definía sus ideas sobre la critica y la función del crítico. Los cuatro volúmenes posteriores aparecen encabezados por capítulos similares que manifiestan una progresiva maduración y clarificación de las ideas del autor sobre estos aspectos. La postulación básica de Fernández de la Mora consiste en que el crítico tiene necesidad de convicciones propias, debe juzgar desde una certeza, desde una tabla de valores, y tomar posición. De lo contrario, su l bor carece de autenticidad, se limita a ser portavoz del público, caja