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y poesía, cadadía Marino y diplomático, nació en Madrid en 1770, y tuvo una fervorosa adhesión por la persona v la política de Fernando Vil. de quien fue el poeta oficial y preferido. Los pequeños acontecimientos de la vida de la Corte encontraron siempre en el verso de Arriaza pronto comentario y elogio. Murió en 1837. JUAN BAUTISTA TERPSICORE O LAS GRACIAS DEL BAILE Hija de la inocencia y la alegría, del movimiento reina encantadora, Terpsícore, hoy te implora propia deidad mi ardiente fantasía. Tú, que animada del impulso blando que siente toda ingenua criatura viendo a sus pies florida la llanura, el cielo claro, el céfiro lascivo, vaa sus fáciles saltos arreglando y esparces gracias en su bailar festivo; tú, del sagrado fuego en que me inflamo, diosa de juventud, serás la guía; tú, a quien mil veces llamo hija de la inocencia y la alegría. ¡Oh, si, volviendo atrás su fugitiva curso la edad, me viera con presteza de la Naturaleza transportado al Oriente primitivo! ¡Cómo te viera en toda tu influencia, ¡oh Diosa! deleitar a aquellas gentes que, aun sin pudor, se amaban inocentes! Ellas, sin más adornos que las flores, y su candor por única decencia, iban bailando en pos de sus amores, y sobre aquellos cuerpos que del arte aun no desfiguraban las falacias, lograbas derramarte tú, con todo el tesoro de tas gracias. Mas, ¡ay! que ruborosas de las cumbres se arrojaron las ninfas a los valles, y cubrieron sus talles con arte rudo, igual a sus costumbres. Los árboles les dieron su corteza y sus frondosas hojas, y el ganado se vio de sus vellones despojado para cubrir las inocentes formas; despareció la humana gentileza; ¡y tú, Naturaleza, te conformas! En tus obras maestras, ¡cuál ruina! ¡Y cuál, bajo la nube del misterio, Terpsícore divina, perdiste lo más bello de tu imperio í Tu imperio ya no luce, aunque se extiende sobre la airosa espalda, el alto pecho, y el talle a torno hecho, que un envidioso velo lo defiende; en vez de aquella ingenuidad amable, pródiga de las gracias que atesora, nos vino la modestia encubridora. No es lícito a los ojos gozar tanto; mas el alma sensible, ¿cómo es dable que no halle en la modestia un nuevo encanto? Más interesa en el jardín ameno la rosa que naciendo se sonroja, que cuando, abierto el seno, va dando a cada céfiro una hoja. Despléganse los brazos con blandura, y noblemente erguida la cabeza, a rodear empieza los ojos desmayados de ternura. Ya de los bellos brazos compañero preséntase en el aire el pie divino, pie que la tierra no pisó más fino. Sólo en un punto imperceptible estriba que al suelo toque el otro pie ligero, y no vuele la bella fugitiva; ella suspensa está; también con ella enmudece la música; y entonces... una imagen tan bella nunca la Grecia la imitó en sus bronces. OFRECIENDO A UNA BELLEZA UNA GUIRNALDA HECHA TODA DE MARISCOS Cuando del mar las ondas cristalinas vieron nacer de Venus la hermosura, no adornaban su frente o su cintura mirtos de amor ni rosas purpurinas; pero el agua le dio galas marinas, perlas de su garganta a la blancura, y, por guirnaldas, a su frente pura caracoles y conchas peregrinas; esa gracia y beldad que en ti descuella junto a la mar nació; pues no repares en dar marino adorno a tu sien bella, para que en todo a Venus te compares, y todos digan al mirarte: Es ella, en el momento en que nació en los mares