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l Una chica trabajadora Quizá para olvidarse de tan desagradables acontecimientos, Ann Mar g r e t aceptó la proposición hecha por el realizador Diño Risi. Dos películas a sus órdenes, junto a Vittorio Gassmann, constituyen, por el momento, el resultado de esta etapa- europea de la estrella El tigre (1966) y El profeta (1967) han constituido de huevo éxitos populares para Ann Margret, en la línea de Matt Helm, agente muy especial que interpretase inmediatamente antes junto a Dean Martin, de obras intrascendentes de pura exhibición anatómica. Las comedias musicales, aún en Hollywood, se encuentran en crisis. Cada nueva realización debe superar a la anterior, y los niveles puestos por West Sidc Story o My fair lady resultan demasiado altos. Ann Margret, el Ángel rosa de las largas piernas ha encontrado, además, fifuras tan relevantes como la de Bárbara treisand, como rivales. Y todo ese cúmulo de circunstancias parecen conducirla, dentro de la fama que indiscutiblemente ha alcanzado, a un tipo de películas muy especifico, dentro de la comedia. Preguntada últimamente por una revista francesa sobre el secreto de su éxito, Ann Margret contestaba: No tengo más que uno, más eficaz aún que la utilización del sexy que todos me señalan, y es el del trabajo. Trabajar y seguir trabajando. Es el Sésamo del éxito Ann Margret ha desaprovechado, por su escasez de dotes interpretativas, numerosas oportunidades, pero, a sus veintiocho años, su carrera no puede darse por terminada. El éxito de las actrices suecas- -y Ann Margret nació en Estocolmo- -es ya una tradición en Hollywood desde Greta Garbo. HARPO V Las fotografías del rodaje de la cromática secuencia, aparecidas en el número de octubre de 1966 de Play- Boy atrajeron la atención del público norteamericano hacia la película, y convencieron a los críticos de que Ann Margret había pasado, definitivamente, a engrosar las filas de los bibelots cinematográficos. Su matrimonio con Roger Smith, actor de segunda fila, protagonista de una serie de televisión, 77, Sunset Street en la que desempeñaba el papel de un detective, acabó de hundir en el público incondicional de Ann Margret la imagen de la muchacha inalcanzable, generosa en la exhibición de sus encantos y tacaña a la hora de conceder su amor. Posteriormente, una de sus giras, encabezando una compañía de atracciones, por los campamentos norteamericanos en Vietnam, su apoyo encendido y entusiasta a la presencia de las tropas de su país, y sus criticas a quienes no querían ir a combatir por nosotras, sus mujeres desataron sobre su rubia cabeza una tormenta de improperios juveniles. La joven a c t r i z amerioana baila en el Piper Club, de Roma- -uno de los más famosos reductos ye- yés de la ciudad para una escena de El tigre donde tuvo como partenalre a Viotorio Oassman.