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Ford La diligencia tampoco aportaba aijjo positivo en el haber artístico de Ann Margret, infeliz debutante en el magnifico marco del género cinematográfico norteamericano por excelencia: el western A España con el amor El éxito de Creernos en el amor deliciosa postal turística italiana, impulsó al veterano Jean Negulesco a buscar en España el escenario para otra película de idénticas características. The pleasure Seekers titulada en castellano En busca del amor utilizaba tres preciosas intérpretes femeninas: Ann Margret, Pamela Tiffin v Carol Lynley, y diversos paisajes españoles de Madrid a la Costa del Sol. Ann Margret era Maggie una americana rica que se enamoraba de un médico español y le perseguía- parece que perseguir a los hombres es su ¡íoo cinematográfico- -alocadamente, inunda da de sentido democrático respecto a las clases sociales, llegando incluso a cantar flamenco para conquistar su corazón. Pese a esta excursión folklórica, convenientemente mixtificada, que abriría una etapa europea en la carrera de la estrella la película apenas añadía nada a su imagen artística, resignada, al parecer, a figurar como adorno de lujosos contornos y sonrisa provocativa. Con Cita en París junto a Louis Jourdan, Ann Margret continuaba su acercamiento a Europa. Una comedia más, con su enredo- -París continúa siendo la capital del sexo y del amor para los norteamericanos- su ración de picardía y de humor, como afirmación de la moralidad de las muchachas norteamericanas frente a la simpática y caduca Navidades del 68. Ann Margret canta para los soldados norteamericanos en el Vietnam. Los primeros aplausos los obtuvo preoisamente como intérprete de tos hits musicales. A la izquierda aparece con su marido, el a c t o r Roger Smith, en su o a s a de Beverly durante unas trágicas inundaciones. Europa. El amor rondaba a Ann Margret en los platos en los argumentos de sus películas, p e r o su imagen continuaba siendo cara a los americanos en razón de su celibato sin escándalos. Ün cuadro viviente The Swingers nuevamente a las órdenes de George Sidney, marca el límite máximo del exhibicionismo cinematográfico de Ann Margret. Ambientada en el incierto universo donde se dan cita las corrientes psicodélicas, las de los beatniks las prácticas del vudú y los espectáculos underground The Swíngers narra la aventura de una escritora que, para confeccionar un libro de éxito, se presta a servir de conejillo de Indias a una fiesta orgiástica, donde, completamente desnuda, es cubierta de pintura, convirtiéndose, en medio de una danza frenética, en un cuadro viviente al que todos añaden su pincelada.