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Un beso para Ann La carrera cinematográfica de Ann Margret nace, prácticamente, del brazo del realizador George Sídney, bajo cuya dirección interpreta Bye, bye Birdie en 1963, y Cita en Las Vegas en 1964. Anteriormente, Ann Margret había intervenido, como segunda figura, al lado de Bette Davis, Glenn Ford y Thomas Mitchell en A Pocketfull of Mirades de Frank Capra, en 1961, un remake de la famosísima Lady for a day -dos gangsters que, llevados de su buen corazón, convierten en reina por un día a una pobre vendedora ambulante de manzanas- que realizase el propio Capra en 1933, y que, veintiocho años más tarde, demostraba la ausencia de pulso cinematográfico en el gran director de tantas y tantas obras señeras en el séptimo arte. A Pocketfull of Miracles titulada en castellano Un gángster para un milagro no obtuvo demasiado éxito, y nadie se fijó en la muchachita por quien Bette Davis se esforzaba, con ayuda de los dos malvados sensibles y bondadosos, por convertirse en una dama; en una joven rubia, de ojos verdeazutado, nacida en Suecia pese a su impecable acento americano. La segunda película de Ann Margret fue State Fair bajo la dirección de Douglas Heyes, y junto a John Forsyte. Después, George Sidney, que desde Bathing Beauty realizada en 1944, no había vuelto a encontrar la forma, perdiendo gran parte de su fama de feliz adaptador de comedias musicales, encontró tema e intérprete ideales. La historia era, fundamentalmente, la de una muchachita enamorada platónicamente de un ídolo de la canción. Alrededor de este tema convergía otro paralelo, el del inventor de unas pastillas maravillosas que transformaban a la gente, rejuveneciéndola mentalmente, y que también componía canciones mientras procuraba evitar los celos de su prometida. Ann Margret demostraba en Bye, bye Birdie -presentada en España con el título de Un beso para Birdie -sus envidiables condiciones de show- girl Cantaba, actuaba, bailaba frenéticamente. Pese a la presencia de actores consagrados, como Janet Leigh y Dick Van Dyke, la película era Ann Margret, con su figura escultura y su sonrisa a flor de labio. La alusión que a Elvis Presley, representado por el cantante- ídolo que interpretaba Bobby Ridell, se hacía en Un beso para Birdie el apodo de Elvis Presley femenino con que se comenzaba a designar a Ann Margret y su éxito obligaron a aprovechar la coyuntura uniendo ambos nombres en una nueva película. Cita en Las Vegas realizada en 1964 por George Sidney, marcó un nuevo éxito dentro de la comedia musical. Pero Elvis Presley decidió no volver a trabajar junto, a Ann Margret, que, r con menor calidad artística, poseía el i ra El ángel rosa de las largas piernas es la expresión, un poco cursi, oon que llaman las revistas norteamericanas a Ann Margret. En la imagen gráfica pasea por las calles de Roma, ciudad donde ha r o d a d o varios de sus grandes triunfos.