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Sigue exigiéndoseles a los guardias civiles que se comporten con serenidad ante el peligro, que sean fieles a su deber, que siempre sean dueños de sí mismos y que llenen las funciones que se les encomiendan con dignidad, prudencia y firmeza. Para ello, es indispensable fomentar la cordialidad entre compañeros. Aun cuando no estén de servicio, jamás frecuentan las malas compañías. Siempre se les ve aseados. Y conocen al dedillo los caminos, s e n d a s bosques, barrancos y cualquier accidente de nuestra topografía. Tampoco ignoran a cuantos, por sus males antecedentes o desconocido modo de vivir, conviene que estén vigilados. ANTECEDENTES El primer decreto por el que la Guardia Civil fue creada, data del 28 de marzo de 1844. Pero fue derogado, y el que pudiéramos llamar definitivo, tuvo por fecha el 13 de mayo del mismo año. Entre los que pudiéramos llamar defectos primitivos, que fue necesario subsanar, estaban los siguientes: Excesiva dependencia de las autoridades civiles, no tener un auténtico jefe que sirviera de nexo entre sus dos aspectos, militar y civil, y tener en principio- -a juicio del propio duque de Ahumada- -unes sueldos reaimeiue uisuíicícntcc para p- i r vivir cuu desahogo arito lc. 3 cíiciaiitó como la tropa, pues era necesario que éii ¿A, ui, i.ii aii justa retribución y estimule, en compensación a los peligres, lealtad y disciplina que se les exigía. Hasta que se implantó en España la Guardia Civil, anarquía y desorden eran costumbre Desmoralizada la sociedad, resultaba difícil la aplicación de las leyes. Tan cierto era esto que, en distintas fuentes de información de aquella época puede leerse que el pueblo y les labradores qui teren contribuir hasta con la mitad de c m üie par? t- vatar de salvar la otra T t- sus iamilias hnsta a ni r descomposición erial en Espafin. hasta situarnos en el 30 de mano de 1818. fecha en que, a propuesta del duque del Infantado, que entonces era presidente del Consejo, hubo de establecerse que los apurtiensores de cada ladrón fueran gratificados cen una onza de ero. Tan sólo para perseguir a los tristemente famosos Siete niños de Ecija fueron destinados cerca de cuatro mil soldados. Tras el no menos popular criminal Jaime el Barbudo sabemes que iban regimientos enteros. La Verata de Plasencia- blanca, rubia, de ojos negros, más vigorosa que un hombre, esbelta y ágil como las cabras quien se cubría el rostro con una caperuza y vivía de sus rapiñas, a los hombres capturaba, y usando de fiereza a cuchillo los pasaba yorque no la descubrieran. Lope, Calderón y Tirso nos han dejado testimonio de cuanto en aquel tiempo en que vivieron sucedía y aquí tan sólo puede ser bosquejado. Por otros escritores también sabemos de los Mónteseos y Capuletes españoles: Arguelles y Bernáldez, en Asturias; Giles y Negretes, en Burgos; Zúñigas y Carbajales, en Plasencia; Chaves m r t i r del momento r OIH p inició i a El duque de Ahumada, creador de la Guardia Civil, en 1844. Oleo de Daniel Vázquez Díaz.