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formaba en Guipúzcoa, en proporcione; limitadas. Y, sin embargo, por esos mismos años, el conde de Peñafiorida, con sus Amigos del País y su Seminario de Vergara, echaba las bases de una nueva educación técnica y científica de las minorías ilustradas que abrirían el camino años después al desarrollo industrial. De ser las últimas en la escala de la riqueza nacional, pasaron en ese siglü y medio a ponerse en primer lugar en cuanto a renta por habitante y en orden al esfuerzo tributario común. ¿Puede alguien reprochar a ese trozo industrial zado de España, que paga más que otros por cabeza activa, que aspire a exponer sus problemas, opinar en voz alta, discrepar cuando contemple un dislate, reclamar para sí y para sus servicios obligada atención? ¿Extrañará a nadie que sus hijos se rían un poco entre dientes, de la pedantería de los teenócratas, de las estadísticas coyunturales y de las zalemas serviles que presencian cuando se anuncia la construcción de una carretera, la terminación de una alcantarilla o el propósito de autorizar una planta fabril como si fueran regalos de los faraones? Mi interlocutor se despide. Regresa a su casa para encauzar la vuelta al trabajo de sus hombres después de las vacaciones que terminan mañana. Pienso en las. palabras de un gran sociólogo francés que llamaba a la empresa ser vivo, complejo, original, frágil y mal conocido Él espíritu de iniciativa y el de asociación forman las bases del sistema eu. presaría! que impregna de ese talante Je emifo a los trabajadores. Quien piense -je sc esfuerzo pueda realizarse por decreto Llueva los cimientos mismos de las leyes de! i asociación humana. EL PROMONTORIO Cuando el hombre mira al mar se interroga sobre su propio destino. Del brazo de los vascos, firmes en el timón, se hicieron en las naves hispanas singladuras históricas, viajes, batallas... El pueb de Motrico, en la costa cantábrica, se arracima para asomarse al mar. Hablamos del clima político y social de su ciudad, escenario antaño de luchas cívicas enconadas. El ambiente de fondo no se diferencia mucho del ttadicional. El obrero en general es de pensamiento socialista o comunista, aunque se mantenga de momento alejado de filiaciones activas. Vasquistas lo son todos, pero los radicalismos de ayer han cedido el paso hacia modos de convivencia civilizada. Transporte y tecnología h a n acercado tanto entre sí a los pueblos de España que, salvo una ínfima minoría, nadie enarbóla banderas de secesión. El industrial me refiere lo que su experiencia le enseña sobre la mentalidad de los productores, sus aspiraciones, sus objetivos. La Vespa la Lambretta el 600 el televisor, los electrodomésticos, el piso a plazos, son primordiales exigencias en la tabla de valores, solamente igualados con la educación de sus hijos en niveles más altos y menos costosos. Pero ello no quiere decir que el bienestar signifique la alienación política. For el contrarío, la mejoría de la existencia material y de la formación educativa empuja a la inquietud y al revisionismo a los trabajadores industriales, con repudio creciente del pateinalismo y de sus voceros habituales. Cuál es el fenómeno más interesante del contexto socio- industrial vascongado en estos últimos años? -le pregunto. ¿Acaso la concentración de empresas o la entrada de los capitales extranjeros al rescate de grandes firmas nacionales a la deriva? A su juicio nada de esto, sino el cooperativismo, el ensayo en gran escala de las cooperativas de producción. Me cita tres o cuatro casos realmente impresionantes. No sólo por el éxito financiero de las empresas, sino por ei clima absolutamente nuevo de unas fábricas propiedad de los trabajadores, en las que los conceptos de capital y trabajo se sintetizan en una fórmula que supera les viejos antagonismos: la de la autogestión. Lo más valioso de este ensayo es quizá la pasmosa rapidez de su aclimatación en el país en medio de la indiferencia, cuando no de la hostilidad, de quienes más llamados estaban a fomentar y proteger el intento que por ser de iniciativa espontánea era tanto más valioso. La industria ha hecho ricas a nuestras provincias. A fines del siglo XVIII, Jovellanos recorrió estas tierras anotando cuidadosamente en su Diario cuanto observaba su espíritu crítico. La impresión del- gran asturiano era que- éste era un país pobre que producía sidra y chacolí, explotaba el hierro en Vizcaya y lo transTJIRAYBURU era el nombre de la pe i ña cuya silueta extraña ennegrecía el horizonte de Lúzaro. Cuando Santi Andía erraba por las calles empinadas de la villa costera, aquella roca cuyo perfil evocaba la cabeza de un fraile era como el polo de atracción de la gente navegante que oteaba rutinariamente, acodados en los muelles, el talante de la mar. ¿Dónde encontraría Baroja el risco auténtico que desencadenó su inspiración literaria? Lúzaro puede ser Lequeitio, Ondárroa, Elanchove, Zumaya o Guetaria. O la síntesis imaginada de una pequeña ciudad cantábrica. En todo caso el promontorio que cierra esta playa por el Nordeste tiene asimismo- -como Frayburu- -algo de misterioso y sugestivo cuando se le contempla desde la blanda ribera arenosa, alba de espuma y de sal. A lo que más se asemeja el peñón, es al espinazo gigante de un animal prehistórico que hubiera quedado allí, fosilizado, con su siniestra aleta dorsal desafiando viantcs y mareas. La leyenda local es más tierna y poética. Dos enamorados- -Satur y Aran- -perecieron arrebatados por la resaca traidora. Su abrazo final lo inmortalizó la naturaleza en un pétreo monumento que, después, la erosión de galernas y temporales borrosamente desfiguró. Gibraltar minúsculo, sirve de refugio a los pescadores de caña y de fusil en las bajamares y de nido a gaviota y petreles en todo tiempo. El prjW 1- rio s un hito que define 1- Í a taño consagrado a San A s a s t cin- fiesta patronal señalaba a loe or.