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ABC. DOMINGO 7 DE SEPTIEMBRE DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 53. HOJAS DE ALCABALA EL DINERO DORMIDO Coinciden historiadores y filósofos del siglo XX en considerar el significativo fenómeno de la expansión a escala nacional y en los diversos países de la cultura ciudadana, como algo acontecido en fechas bien cercanas. La escala de valores propia del habitante de la ciudad es proyectada, casi en nuestros días, sobre todo el territorio nacional, produciendo cierta confusión en los que viven en pueblos o aldeas, al suponer en ellos culturas, en el sentido amplio de esta palabra, de cuño y significado distintos. Tal ocurre con el dinero. El criterio mereantilista que ve en él algo dotado de una sustantividad peculiar y de una vitalidad profunda, pugna con la tradicional mentalidad agraria que se resiste a considerar otra cosa que un signo representativo de la capacidad de comprar los bienes que les son necesarios para su entorno vital (ganado, semilla, aperos de labranza, etc. Por lo tanto, mientras que para esta última concepción el dinero an sí mismo no tiene por que producir intereses, o ai menos estos no son connaturales a él, en la primera los intereses representan una de las características básicas del dinero, especulándose con ellos en cualquier operación del tráfico cotidiano. Extremando las cosas, podríamos decir que, en el primer supuesto, el dinero está dormido y en el segundo despierto Pues bien, el predominio de lo que hemos llamado mentalidad ciudadana ha alcanzado a todos los sectores de la vida y entre ellos al tributario. En efecto, está tan acostumbrado fl contribuyente a que él dinero, como algo vivo que es, produzca intereses, que le parece natural y hasta ineludible que cuando las sumas que él ingresó en las arcas del Tesoro, en concepto de tributo, les son devueltas, por la causa aue sea, a ellas le acompañen los intereses devengados mientras tanto. UN EJEMPLO QUE AYUDARA A COMPRENDER Busquemos un ejemplo para mayor claridad. Un industrial o un comerciante pagan determinada cantidad como Impuesto inherente a su actividad mercantil o industrial. Ahora bien, si la consideran excesiva o improcedente, reclamarán ante los organismos competentes, quienes a la vista de los argumentos del reclamante le darán la razón. Pero pueden- pasa varios años en el ciclo y juzgúese cuál sería la sorpresa del industrial o comerciante -habituado en su propia piel a pagar cuantiosos, intereses cuando recurre al crédito oficial o particular- -al recibir escuetamente de la Administración, por vía de devolución, la cantidad qaje él ingresó hace tiempo y ni un céntimo más. Una recientísima decisión jurisprudencial ha puesto los puntos sobre las íes, con notable acierto, en un conflicto surgido sobre el tema. Las cosas ocurriei- on más o menos del modo que vamos a contar. Una sociedad, a la que se le había practicado una liquidación por la Aduana de... reclamó ante la Junta Arbitral de... por estimarla improcedente. Denegada su reclamación, la interesada formuló recurso contencioso- administrativo en la Audiencia Territorial de... suplicando la anulación de la liquidación impugnada y su sustitución por otra inferior, que consideraba más Idónea, con devolución de la cantidad indebidamente ingresada de... pesetas, cuya cantidad habría de entregarse o devolverse a su mandante con más los intereses de la misma al tipo legal, desde la feciha de su Ingreso al Tesoro Público y hasta el día de su efectiva devolución o entrega a su re- presentada Así las cosas, la Sala que resolvió el recurso dictó sentencia acogiendo las peticiones de la Sociedad reclamante y ordenando, por tanto, a la Administración de la Hacienda Pública no sólo la práctica de una nueva liquidación y la devolución de lo ingresado, sino también, y éste es el punto que nos interesa, el abono dé los intereses al tipo legal del 4 por 100. De esta manera la mentalidad ciudadana a la que aludíamos al comienzo de esta Hoja parecía encontrar plena confirmación y acomodo en el marco tributario. El Erario público tenía que pagar y el industrial o comerciante de nuestro ejemplo se vería compensado, parcialmente al menos, de sus esfuerzos, cuando al cabo de varios años de batallar jurídicamente mediante recursos, lograba la devolución de la cantidad que indebidamente se le exigió y tuvo que ingresar, y también ¡qué menos! diría él) el abono de los intereses devengados mientras tanto, aunque sea al modesto tipo del 4 por 100 legal. La consecuencia, aunque grave para el Pisco, aparece lógica dentro de la ética faústica (e m p l e a n d o terminología de Spengler) a que nos referimos antes. LOS INTERESES DEL DINERO NO SON FRUTOS NATURALES Pero, ¿es esta tesis jurídicamente correcta? Ahondemos un poco. Para empezar, desde hace bastante tiempo las sentencias del Tribunal Supremo que se ocuparon del tema han mantenido un criterio resueltamente negativo sobre el particular, rechazando la procedencia de abonar el Pisco los famosos intereses y ello con base a nuestra propia legislación. Efectivamente, los intereses del dinero en nuestro ordenamiento no son frutos naturales, sino que, como todas las obligaciones, según el artículo 1.089 del Código Civil, han de derivar de la Ley, de los contratos y cuasi contratos o de actos u omisiones ilícitas o en que intervenga culpa o negligencia, por lo que para decidir que el Estado está obligado al pago de intereses, es necesario que tal obligación nazca de pacto expreso o de la preexistencia de disposición especial y terminante que los manda satisfacer. Ahora bien, no existiendo, como es natural, aquel pacto, ocurre que tampoco hay precepto alguno que determine en forma, diríamos automática, la procedencia general de su abono y antes al contrario, o bien se reconoce sólo en casos determinados, como ocurre en la legislación sobre Expropiación Forzosa (y la excepción confirma la regla) o bien se proclama- -como hace dentro de su ámbito el artículo 91 de la ley de Contratos del Estado- -la regla de que la Administración debe ser Intimada por escrito para que quede obligada al pago de los intereses legales. Nada de todo lo cual resultaba de aplicación al conflicto resuelto por el fallo de la Audiencia Territorial en el que, según hemos visto, se mantuvo una tesis que supone la procedencia general de su abono a cargo del) Estado y en favor de los contribuyentes reclamantes. Lo que sucedió después es fácil de adivinar. La Administración recurrió en apelación extraordinaria ante el Tribunal Supremo, limitando la controversia, por razones procesales, tan sólo al punto de los intereses, cuya trascendencia económica obligaba a recabar una doctrina segura y concluyente, y dicho Alto Tribunal, en sentencia de 30 de junio de 1969, ha resuelto definitivamente la cuestión. EL FALLO DEL TRIBUNAL SUPREMO En el fallo, modelo como tantos otros de la misma procedencia de claridad y concisión, se recogen los argumentos legales que ya hemos mencionado, y se añade otro en el que vamos a detenernos, porque arroja luz convincente sobre el auténtico fondo del problema. Dice así: Las cantidades recibidas por el Erario en pago de liquidaciones fiscales que luego pueden ser objeto de rectificación total o parcial, son para él improductivas radicalmente improductivas en el sentido de que son o d ben ser productivas para un particular o una empresa industrial o mercantil, que tiene libertad de destino o empleo económico para sus fondos. El Estado- -por el contrario- -ha de destinarlas a la cobertura de los gastos públicos, de impecable e inaplazable exigencia; no a la producción de rentas. Es más. la no recepción, el no ingreso- -sustancial o temporal- -de lo presupuestariamente. calculado, vendría a ocasionarle el detrimento que la necesidad de emisión de deuda pública le acarrearía... En consecuencia, se revocó la tesis de la sentencia de la Audiencia Territorial, proclamándose, o más bien reiterándose, la doctrina tradicional de que nunca, salvo en los casos excepcionales de pacto o disposición legal que expresamente así lo disponga, el Pisco está obligado a abonar Intereses en estos supuestos, limitándose su deber a la devolución de las sumas recibidas. Para él, pues, y por las razones expuestas por el Tribunal Supremo, el dinero está dormido aunque para el particular que se vio en la necesidad de ingresar, primero, y reclamó su devolución, después, estuviera despierto y bien despierta De esta manera resulta paradójicamente que el Estado contemporáneo, gran propulsor de la mentalidad ciudadana en su propia omnipresencia, conserva, aunque por razones diversas, claro está, la concepción agraria o campesina sobre el dinero, y éste duerme en el fondo de sus arcas. Jaime BASANTA DE LA PEÑA. ACUSADO CRECIMIENTO DE LAS EXPORTACIONES LANERAS ESPAÑOLAS En el primer semestre del año anmeniaron un 27,4 por 100 en relación con el mismo período de 1963 Barcelona 6. A 7.499.989 dólares asciende el volumen total de las exportaciones efectuadas por la industria textil lanera en los seis primeros meses del año en curso, lo que representa un aumento del 27,4 por 100 sobre las exportaciones del mismo período del año anterior. Esta cifra viene a confirmar el ritmo ascendente de las ventas exteriores de manufacturados de lana, según informa el servicio comercial de la industria textil lanera. Del total de lo exportado, un 43,51 por 100, es decir, 3.263.325 dólares, corresponde a tejidos; un 38,89 por 100, con un importe de 2.918.889, a hilados, y un 17,60 por 100, con 1.319.775 dólares, a otros manufacturados de la misma fibra animal, entre los que figuran alfombras, géneros de punto y lana lavada y peinada. El progreso más espectacular lo nan registrado los hilados con un incremento de 120,97 por 100. Las desgravaciones fiscales a la exportación, abonadas al servicio comerr elal por la Delegación de Hacienda de Barcelona, en el mismo período, ascienden a 185.787.400 pesetas. En esta cifra están comprendidas tanto las exportaciones al extranjero como los envíos al archipiélago canario y plazas y provincias africanas. -Cifra.