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EDITADO PRENSA SOCIEDAD M POR ESPAÑOLA, ANÓNIMA R I D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA 1 REO que todos sin e x c epción de s e a m o s el progreso. Por lo menos cada uno de nosotros quiere lo que subjetivamente considera progreso. Es decir, todo lo nuevo que nos resulta o creemos ventajoso. Es cierto que, en general, nos empeñamos en separar ventajas e inconvenientes, y pretendemos quedarnos sólo con aquéllas y desprendernos de éstos. Queremos tener automóvil, pero nos molestan los embotellamientos de tráfico, los ruidos, los humos, y los malos humores y modales a que dan lugar. Pedimos que el TCstado o el Municipio intervengan, y luego nos sentimos molestos con las multas de la Policía y con la actuación de las grúas. Y por ahí empezamos a discutir lo que es progreso y lo que es retroceso, tanto en un análisis por separado de cada caso, como en una síntesis del conjunto. Pero dudo que haya nadie que esté en sus cabales, que no sea partidario de lo que él estima progreso. Cosa diversa del progreso es el progresismo, porque ser progresista es algo más que ser amante del progreso. Es muy distinto, por tanto, estar en contra del progreso y ser antiprogresista. Muy poca relación real tienen entre sí, si prescindimos de la literalidad que aproxima ambas palabras en imagen visual y fonéticamente. El progresista ideológicamente p o n e progreso con P mayúscula, aun en el supuesto de que ortográficamente no lo escriba así. Me explicaré: sobre el Progreso construye una ideología, y, a fin de que sirva para impulsarla y animarla, hace de él un mito hacia el cual inyecta una nueva fe, casi religiosa. No es preciso que esto lo afirme ningún antiprogresista. Vienen a confesarlo, por mucho que clamen contra todos los demás mitos e ideologías, portavoces de una de las últimas versiones del progresismo, es decir, de la tecnocracia que pretende racionalizar toda la existencia a través del Estado tecnificado. Los tecnócratas franceses L. Armand y M. Drancourt en su Plaidoyer pour l avenir acto seguido de proclamar que todas las ideologías están periclitadas explican que es así porque han sido establecidas antes de la segunda fase de la planetización ¿No hay acaso contradicción entre esta explicación y aquella afirmación, diferenciadas tan sólo por una razón cronológica? ¿No proclama, a la vez que niega, las ideologías anteriores, una fe ideológica en esa nueva era que declara abierta? En el horizonte de ésta también vislumbra el neosocialista y tecnocrático Club Jean Moulin, bajo el seudónimo de Claude Bruclain, cara hablar- -dice- como Teilhard de Chardin. una especie de punto Omega donde, gracias a la mejora continua de organización social y a un esfuerzo incesante sobre sí mismo, el hombre alcanzará su más alto grado de perfección y felicidad Claro que según el biólogo Rostand esa literatura teilhardiana es una fresca lírica de la evolución que el Premio Nobel de Física P. B. Médawar calificó de confuso amasijo metafísico conceptual que entremezcla lo absurdo con una impostura que no se puede excusar sino por el gran empeño que el autor se toma. ABC antes de hacer la mixtificación, de engañarse a sí mismo Esa fe requiere que se rechacen las enseñanzas de la Historia. La técnica ignora la Historia- -dicen A r m a n d y Drancourt- Los fenómenos dominantes se 11 a m a n dimensión, interdependencia, complejidad. Están en evolución permanente. Los ejemplos del pasado son generalmente malos consejeros. La Historia de ser magistra vitae ha pasado a ser un estorbo, que debe ser expulsado por retardatario y retrógrado. Es el porvenir lo que se trata de conocer y dirigir; por eso se planifica sin que importe que las preferencias, predeterminadas en todo plan, se basen en unas previsiones económicas que pueden experimentar serios errores por múltiples causas, entre ellas la intervención de un inesperado acontecimiento político, un descubrimiento científico o un cambio tecnológico o social. Como ha escrito Caro Baroja, el hombre moderno continúa empeñado y emperrado en predecir el futuro y en prever el porvenir, utilizando técnicas que se consideran racionales y científicas y que no lo son más que a medias o en un tanto por ciento limitadísimo Hablar del porvenir racionalizado es obra de nuestros tiempos. Acaso más peligrosa que la piromancia, hidromancia o la oneirocrítica, porque ahora se pretende que, desembarazados de todo elemento irracional o pasional, con el manejo exclusivo de datos positivos, vamos a proyectar luz donde no puede proyectarse. En efecto, la econometría no puede tratar sino con variables cuantitativos, mientras que la economía debe tener en cuenta datos no siempre cuantificables, y la introducción de lo aleatorio para suplirlos no conduce sino a añadir en las ecuaciones funciones de p e r t urbación. Pero, con esos presupuestos, lo que se crea es un compromiso previo favorable al plan, que luego lo impondrá inapelablemente ante la imposibilidad de la vuelta atrás. Aunque se llegue tardíamente a comprender que de no haber existido el plan todo hubiese discurrido mejor por otra vía, ésta ya no será posible, no sólo por el coste del regreso sino también por el interés en defender lo previsto y proclamado por la propaganda, es decir, por R E; Di A C C I 0 N ADMI NISTRACI 0 N Y T ALLERE s 6 1 SERRANO, c PROGRESO; PROGRESISMO Y SUS RESPECTIVOS ANTI ANTENA COLECTIVA MADRID. 2657802- BARCELONA, 2305838 VALENCIA, 272826- ZARAGOZA, 250862 Fábrica, Santiago de Compostela. razones de prestigio político. En momentos en que por causas muchas veces extrínsecas el progreso se da por sí solo, el plan se lo atribuye totalmente, sin que sea posible hacer el balance para saber si sin él aquél aún hubiese sido mayor. La ideología basada en tal mito no puede ver la realidad plena tal cual es. La desmonta en pequeñas piezas para construir la nueva sociedad, conforme a las directrices ideales imaginarias trazadas. Los datos empíricos, como las piezas de un mecano se montan conforme acon seja la nueva ideología del bienestar, de la igualdad y del progreso. El orden natural, para ella, no existe. No hay más orden que al artificialmente construido y constantemente a reconstruir por los tecnócratas. Así no es raro que, para muchas mentes profundamente progresistas, hasta la religión se llegue a teñir de ideologías puramente subjetivas, ni que se dé carácter mítico a la evolución, que dará lugar al hombre nuevo y conducirá al paraíso en este mundo. El pecado original, el premio o castigo en la otra vida estorba a medida que se sublima la nueva religión antropocéntrica y se hace absoluta la fe en el progreso hacia el mundo feliz Se llega, en casos extremos, a hablar de muerte de Dios, o como el dominico francés P. Cardonnel se afirma que ha muerto al encarnarse con Jesucristo en la masa, que así queda divinizada; o, como el extravagante teólogo italiano Tonino, se considera que Jesucristo es la víctima inocente que muere para redimir los crímenes del Padre contra los hombres. Claro está, pues, que aun cuando uno procure que su casa y su despacho sea prácticamente modernos, que los electrodomésticos y las máquinas de la oficina sean de las más perfeccionadas que existan y desee la realización de todo adelanto beneficioso, en cambio no pueda sentir el menor dolor por que se le califique de antiprogresista. Es verdad que, como ha dicho Marcuse, justamente en ese caso, la palabra y el lenguaje se impregnan hoy de elementos mágicos, autoritarios, rituales, de forma tal que ciertos sustantivos gobiernan la frase de un modo dominante y absoluto, como un cliché que se apropia de todos los atributos favorables o desfavorables que subsume. Es una muestra de ellos el adjetivo de antiprogresista, en el que, si al caso hace se engloban tradicionalistas, liberales, marcusistas, anarquistas, y a cualesquiera otros que no crean en la racionalización por el Estado mediante la tecnocracia y sí, en cambio, en la racionalilidad vital de los cuerpos intermedios naturales. Con ese calificativo se quiere mostrar que el así calificado es partidario del asalto atrás, del regreso histórico, aunque la persona así motejada no crea en saltos atrás ni en regresos históricos sino en el mundo da vueltas sin cesar, s tan sólo insista en preconizar la validez permanente de ciertos valores tradicionales o en encarecer la necesidad de recuperar algunas virtudes perdidas o de evitar que se pierdan las que hoy están en trance de ser olvidadas. Juan VALLET DE GOYTISOLO