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ESCRITORES AL HABLA JOSÉ HIERRO L gato, inmóvil en la ventana, pretende inútilmente coger luz madura de la tarde para sus ojos luminosos, verdes. Inútil, digo, porque todo es de un gris pegajoso y monótono. Tarde aburrida, una más de esas tardes grisjs que palidecen y dejan paso a la noche; sin más. Que de vez en cuando quiere llamar nuestra atención golpeando los cristales con gotas de verano. Lluvia que no empapará la tierra. Cuando llegué, este gato que olvidé su nombre o tal vez no me lo dijeron, vanidoso al notar que le miraba, creyó que admiraba su belleza felina y se paseó ante mi. Pero terminó marchándose, en desdeñoso y fingido olvido, a la ventana cuando inicié la conversación con José Hierro, poeta. -Veo el panorama poético muy busno. Porque en la actualidad coexisten varias generaciones: la de los grandes poetas del Ti que la mantienen en activo Vicente Aleixandre, Gerardo Diego... y Jorge Guillen y Alberti desde fuera de España. También otra generación de preguerra inmediata, a la que pertenecía Miguel Hernández y que entre sus representantes en activo podemos nombrar a Rosales. García Nieto, Otero, Celaya, Carlos Bouzoño son algunos de los poetas de una generación de posguerra. Luego poetas más jóvenes, espléndidos también, como Claudio Rodríguez, y que no pasan de los treinta y tantos año Y por último los más jóvenes: es el caso de Francisco Brines, el de Félix Grande. Son, más que generaciones, pues no tienen la suficiente separación, oleadas magníficas; bastan estos nombres. Me parece, por tanto, un panorama espléndido, un tipo de poesía con una enorme preocupación por todo lo que sea humano, una poesía muy entrañada, muy arraigada y, al mismo tiempo, y esto gracias a las últimas generaciones, con una expresión bella. Para el poeta una época de producción es agotadora, y si es sincero sabe esperar. Esperar otra lluvia distinta a la de esta tarde Que ablande sus grietas resecas. Los períodos de sequía son normales, ley, en todo poeta sincero. Su primer próximo verso será como chispa que salte de su potencial poético en el momento necesario, no antes. José Hierro lleva una sequía de cinco años, pero me muestra una actitud 32 sincera espera. -Yo creo que la crítica nos trata bien. Y la razón está en que la crítica se ejer- ce siempre entre amigos y entonces adolece muchas veces de falta de rigor. Pero es totalmente comprensible. Por otra pares Y. E te, ¡es tan difícil orientar en poesía! aunque seria muy conveniente. Indudablemente, falta esa crítica rigurosa y que ahora que no estamos acostumbrados nos parecería cruel. La agitación destaca en su personalidad. Dudé en considerarla actividad, nerviosismo o violencia, pero decididamente me inclino por la idea de un espíritu agitado. Agitación en sus movimientos más implas como los de tomar café; el hablar muy rápido y resultándole siempre largas las frases. Tal vez me engañe y sólo sea un estado pasajero; escribo sobre una tarde con José Hierro. -Estoy a favor de los premios literarios. Todo lo que sea reconocimiento de un valor estimula. Lo que me parece mal son ciertos premios, casi siempre los de los Juegos Florales, donde el poeta va a ganarse unas pesetas. Los premios a una obra publicada o no pero que el poeta los ha escrito con tranquilidad, son muy estimulantes y muy necesarios. Es la única manera de conocer a un poeta. Con la cantidad de libros que se publican ahora son necesarios los premios para llamar la atención del lector; podrá ser bueno o malo, pero el público se acerca a él; y sobre todo que el poeta ve que su obra se ha reconocido, y así no ocurre lo de publicar un libro, que lo lean los amigos y que los demás no se enteren. Este es el calvario del poeta que empieza. ¿Es acertado dividir su poesía en tres etapas que atienden al contenido? Una primera etapa en la que impera el sentimiento: poesía dolorosa. desgarrada. Le sigue otra etapa de clara preocupación social. Y una última etapa de mucho mayor contenido y madurez intelectual. -Yo creo más bien que son diferencias más de intensidad que de dirección. Es cierto el esquema, pero creo que en el primer libro existen ya todos los planteamientos del último, más que nada porque soy de bastante monotonía. Efectivamente existen estas tres etapas, pero creo que no aparece este contenido social tan definido en la segunda etapa y puede que aparezca igual o más en mi primer libro, Tierra sin nosotros porque hay un mayor afán generacional. De todas maneras eso de poesía social no lo he entendido muy claramente; admitamos en un principio que el planteamiento es asi. El último libro probablemente hay quien opina todo lo contrario, no yo, sea un libro de más contenido social crítico que un libro de reflexión. No he entendido nunca lo de poesía social por una cuestión: he creído que el poeta cuando hace un poema no va a hablar a los demás; tampoco el poets va a habliar contra los demás, ni a es paldas de los demás; el poeta, principal mente, habla de si mismo. ¿Quién va s entender esa palabra suya? Pues el poets se habla a sí mismo y con las palabras de todos los días; el poeta lo que pretende es buscar, investigar una cosa que está sucediendo dentro de si; evidentemente lo ¡demás le entienden porque habla el lenguaje de todos los demás; él es hijo de un tiempo, el mismo en que viven sus lectores, y de una serie de circunstancias, y cuando habla de sí habla a todos. Ahora bien, es social en el sentido de que cuando está hablando es como el que se está haciendo un autorretrato: el fondo es el paisaje de su contorno y, por tanto, está siendo, quiéralo o no, -social. También es verdad que la pcesia pueda ser política, ligiosa, intimista; no hay por qué considerar un solo camino para la poesía, pero sea cual sea el camino siempre toca en lo social. Yo creo que todo poeta, a su manera, es un poeta social. -Hace unos días leí un poema titulado El astronauta ¿Hasta dónde puede llegar el poeta sin qus caiga en un oportunismo poético? -Todo puede ser poesía, depende de quien escriba. Lo que no pueden existir son los tópicos. Por eso si ahora el poeta desea cantar al astronauta porque considera que es un fenómeno humano asombroso, porque lo siente, magnifico. Ahora bien, si todos los poetas jóvenes se creen que están obligados a cantar al satélite artificial, estamos perdidos. ¿Y sobre la forma? -La poesía más joven, la de los últimos ocho o diez años, ha conseguido recuperar el irracionalismo. Los poetas de mi generación han sido muy racionalistas, y por eso la poesía posterior, como muy lógica reacción, pues no se puede echar por la borda todo lo que surrealismo y el ultraísmo habían conseguido, ha vuelto a valorar ciertos elementos irracionales, muy importantes en ocasiones y que nosotros habíamos rechazado en todos los casos. En cuanto a la pura mecánica rítmica y métrica, continúan haciendo sonetos y versos libérrimos. Cada uno de los poemas necesita su forma precisa. Y ya en la puerta: ¿se cargará pronto su potencial poética? -No lo sé. Tal vez haya ya escrito mi último libro, mi último poema. Hay que esperar. Antonio R. DE LAS HERAS