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y poesía, cada día Dentro del campo surrealista, Juart Eduardo Cirlot, nacido en Barcelona en 1916. ha conseguido una obra vehemente y continuada que le acredita como uno de los más expresivos autores con mundo mágico y lenguaje renovado. Fiel a las formas, exigente con ellas, sabe darles un nuevo alcance y relieve gracias a la audacia de su palabra. La muerte de Gerión Canto de la vida muerta Dónde las lilas crecen Cordero del abismo Helios y Lilith son algunos títulos de su extensa obra publicada. JUAN EDUARDO CIRLOT PAJARO TRISTE Estoy triste en mis ojos de silencio porque nadie comprende este paisaje ni recorre la noche hasta mi llanto. Solamente quisiera una palabra, una rosa de voz en el desierto. Pero nadie conoce este suplicio, ni mira la ventana donde muero, vencido por un sueño indescifrable. Solamente querría una palabrai una mano perdida en el desierto. Pero nadie comprende este paisaje, ni recorre la noche hasta mi canto, y estoy triste escuchando mi tormento. ENTRE TUS MANOS Su mágico cristal, rumor ausente la flauta pone a mis orillas. Muda tu frágil esperanza que, desnuda, sueña perderse en tu marfil demente. Dejará en tu rubor, como en mi frente, un pájaro de luz en el que eluda mi música llorar. La fuente duda si ser sólo brotar pálidamente. Y encuentra en tu celeste desvarío la delicada rosa, el gesto lacio, el dulcísimo muslo, la azucena. El nido a que sus blandas aguas guío bajo la tibia cura del espacio; que azul entre tus manos es mi pena. EN LA LLAMA Plumaje azul o la sublime llama del pájaro temblor del firmamento, agudo en el martirio donde clama su descenso final el pensamiento. Atmósfera león que me amalgama a extáticas tristezas de un momento, destrucción sostenida que en su gama ha insertado mi voz aí gran lamento. Perpetua exaltación de las llanuras que la luz acaricia derribando. Con rumor de monstruosa incontinencia la boca primordial está cantando caídas, alas blancas, piedras puras El fuego en su furiosa permanencia. TONO DE CONJURO Cada grito que pide un lunar eco es la sed que atormenta a un árbol seco. Cada piedra que sola se levanta es la estela de un dios que nadie canta. Cada surco de cal, cada amargura es el muro sin luz de mi locura. Cada rosa de vidrio, cada llama es la voz de un temblor que me reclama. Cada playa sin mar, cada desnudo es el campo de sol que nunca eludo. Cada sangre que sé, cada manzana es la senda, del mundo, más lejana. Cada verso que escribo, cada canto es tan sólo un conjuro; sólo tanto. A GIOCASTA CORMA Giocasta, en el jardín de mi locura, sola nieve entre nardos y manzanas, que me dejas tus músicas hermanas en la sangre de tanta desventura. Mis frutales furiosos, tu ternura apacienta con mágicas, lejanas earicias que sollozas y desgranas. ¡Oh doncella que habitas mi tortura! ¡Frente celeste! ¡Manos incendiadas! Desorden vegetal de mi alma inerte en tu clima de blancos instrumentos Yacentes, suplicantes, derribadas, las horas de esta vida de mi muerte te elevaa entre blandos monumentos.