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ABO. J U E V E S 4 PE SEPTIEMBRE PE 1969. EDICIÓN PE LA MAÑANA. PAG. 33. ES VERANO EN ESPAÑA ES VERANO de la American Export Lines, del 28 por 100 de las mercancías en containers que carga en el puerto de Bilbao, procedentes de la General, de Torrelavega. Y en fin, las facilidades que la U. S. Lines (ofrecidas a Mr. Batchko S- q. y su equipo de técnicos) encontrarían aquí en los organismos correspondientes. SANTANDER Y UN HOMBRE K LOS TIEMPOS NAPOLEÓNICOS La Guerra de la Independencia- -cuyo recuerdo nunca marchito cobra duplicada actualidad en este año de conmemoración napoleónica- -dejó también huella de sangre y de zozobra en la pequeña ciudad costera de Santander, recién elevada a capital de provincia y a sede episcopal. Pequeña urbe, entonces, de reducida potencia económica, de comedidas diversiones públicas- -las privadas debían ser más asiduas, a juzgar por la cifra de hijos naturales que registraba el censo. -y de discretos y orgullosos hidalgos, fieles a su patria y a su Rey Carlos IV, que vivía en dichoso limbo cortesano. Ciudad modesta, pero poco amiga de ajenas imposiciones, y que durante los seis interminables años de la guerra padeció alternativas que pusieron a prueba el temple de sus hombres, Aquel momento decisivo de la biografía de Santander era bien poco conocido en sus detalles, en los ecos cotidianos de la ciudad ocupada, o en los semblantes de los hombres que ejercieron, ante el ejército dominador, imponderables equilibrios para salvar honras y vidas, comenzando por las propias. El escritor más acreditado, por su documentación irrefutable y por su jugoso estUo al resucitar el pasado santanderino, José Simón Cabarga, nos ha proporcionado, como buen regalo en este año del centenario napoleónico, un extenso libro que nada deja por desear a quienes se apasionen por la historia grande y pequeña de la epopeya española frente a Napoleón. El libro se titula Santander en la Guerra de la Independencia Hasta ahora lo que se recordaba del alzamiento montañés- -tan entusiasta como desbarajustado- -contra el imperial invasor, se centraba en la figura, ciertamente curiosa, del obispo don Rafael Menéndez de Luarca, que en la crónica oral cobraba actitudes de medieval prelado batallador. Simón Cabarga descubre y describe la personalidad de otros santanderinos que, en las horas álgidas de la lucha, hubieron de asumir el dificilísimo riesgo de regir la ciudad maltrecha y amenazada. De todo hubo: valientes y cobardes, patriotas y afrancesados, listos y tontos. Así ha de ocurrir siempre, pues los seres humanos no acostumbran estar formados de un solo calibre de piezas. Sin duda, la más comprometida gestión corresponpiroceso de autoselección entre el atanna io, Los americanos prefieren el mes de julio para su inscripción y los franceses ei de agosto. Estos cursos fueron los primeros que exdió al alcalde, don Bonifacio Rodríguez de la Guerra- -una especie de mariscal Pétain en pequeño- español incapaz de indignidades, que consumó verdaderas prodigios de diplomacia para contemporizar con el ocupante sin llegar a concesiones que, en su íntima conciencia de caballero, le equiparasen a lo que hoy llamaríamos un colaboracionista Tras la derrota del obispo Menéndez de Luarca, más esforzado que estratega, cayó Santander en el mayor desconcierto ante el avance incontenible de los franceses. Muchos prohombres escaparon por donde pudieron, y don Bonifacio Kodríguez de la Guerra, hidalgo poco ambicioso, que precisamente tramitaba en aquellas fechas su renuncia a la alcaldía ordinaria de la ciudad, fue llamado, por voz apremiante de las masas, a encargarse de la jefatura en momentos especialmente graves. La muchedumbre congregada ante su puerta en la noche del 21 de junio de 1808 le rogaba el amparo de su prestigio personal para afrontar la dura contingencia; y don Bonifacio, demasiado generoso y honrado para desoír los clamores, aceptó la misión a sabiendas de las vicisitudes que le aguardaban. No faltaron lances entre las autoridades invasoras y los regidores montañeses, pues éstos- -la verdad sea dicha en honra suya- -no estaban dispuestos a soportar altanerías o intemperancias. Y fueron innúmeros los temporales en que hubo de bogar don Bonifacio quien, como premio a sus servicios- -entre los que no faltó un anticipo de ciento sesenta, y siete mil reales de su caudal particular a la penuria del Municipio- fue obsequiado con la consabida denuncia por afrancesado, suscrita por antiguos compañeros que, probablemente, le debían más de un beneficio. Comparecieron en la causa sesenta y cinco testigos de descargo, y el juez reconoció, plenamente, que don Bonifacio había sido fiel a la religión, al rey y a la patria en todo el tiempo Entre los numerosos personajes cuya semblanza de cuerpo entero nos proporciona el libro de José Simón Cabarga, destaca este olvidado y admirable alcalde de Santander, cuyo nombre reeupera la aureola que nunca debió perder, tras el expediente postumo que otro buen santanderino ha sabido extraer de los archivos que, como nadie, explora y domina. -Leopoldo RODRÍGUEZ ALCALDE. tendieron certificado de esgaSot y ios creadores de Jos exámenes de gramática después de una experiencia de conclusiones bien definidas, sistema adoptado después por otros centros similaires de otras provincias españolas. LA FACULTAD DE CIENCIAS Comenzará a fiincionar 3 a nueva Facultad de Ciencias el próximo mes de octubre en la Universidad de Las Llamas. A tai efecto se ha hedió ya oficialmente la convocatoria para cuantos alumnos deseen iniciarse en los estudios aniversitarios de Ciencias; -en todas sus ramas- -y de Farmacia. Se ha hecho también la advertencia de que, de llevarse a cabo la implantación del nuevo Plan de Estudios, correspondiente a la licenciatura de Medicina, será posible cursar el primer año en esta Facultad, pero se anunciará previamente. S. C. LA COLA DE LAS CUEVAS DE ALTAMIRA Difícil solución puede tener el problema que a diario se plantea ante las cuevas de Altamira, por la afluencia masiva de aspirantes a la visita. Porque llegar a la necesaria fluidez a fin de que entren al famoso santuario del arte rupestre las mil setecientas personas que, por término medio, pueden tener acceso cada día, en los inevitables turnos de unos veintitrés visitantes cada seis minutos, tropiezan con laley del tiempo y de la impenetrabilidad. Y ello calculando que otras dos mil personas, también a diario, han de renunciar a su deseo de ver las pinturas porque han de guardar a pie firme, en las colas, a veces durante dos horas. Ello demuestra la celebridad adquirida y la curiosidad despertada, no sólo entre los españoles, sino entre los extranjeros. Pro porcionalmente son estos los que mayor contingente dé visitantes ofrecen. Un cronista refiere que, dorante su visita, pudo ver (y hablar con ellos) a notabilidades universales como el doctor Severo Ochoa, que no pierde año, estando en España, sin acudir a la contemplación del fabuloso techo altamirense, y el archiduque Fernando de Austria (primo del pretendiente Otto de Habsburgo) que iba al frente de una expedición de financieros y hombres de letras, por citar algunos nombres esclarecidos. O como un anciano embajador finlandés, que declaró al periodista: He venido muchas veces. Pero no quiero morirme sás contemplar, una vez más, este prodigio del arte del hombre de las cavernas. MIL TRESCIENTOS ALUMNOS EN LOS CURSOS PARA EXTRANJEROS Desde que, hace bastante más de medio siglo, Mr. Allison Peers vino a Santander n verano al frente de una expedición de alumnos suyos para el perfeccionamiento del idioma y el mejor conocimiento de la literatura y las artes españolas, nuestra ciudad adquirió el carácter de sede de cursos de verano para extranjeros, pues Mr. Peers entró en relación directa con los grupos intelectuales santanderinos y fue ampliándose n propósito cuando el inolvidable don Miguel Artigas, al tomar posesión de la dirección de la Biblioteca de Menéndez Pelajo, intervino en esa empresa cuyo porvenir no podían siquiera sospechar. Así tenejnos e los cursos de verano se convirtie 5 u ron en célula de la Universidad Internacional, hoy pujante y de cara, según todos los pronósticos, a un mayor nivel intelectual. Aquellos primeros grupos son hoy numerosa legión de estudiosos; este verano la Universidad ha visto el paso de mil trescientos maitriouJados por estos cursos, que comprenden los meses de julio, agosto y septiembre, y son, según declara el profesor don EanaiKo de Lorenzo, los más importantes de España. Pero el hecho más notable es el de ta permanencia y el de la calidad. Para asegurar esto la Universidad Menéndez Pelayo procede con rigor al exigir de los matriculados condiciones de interés por el estudio o por veranear bajo la sombrilla de los libros y de las lecciones) y someterse a seis ÍKeras diarias de estadio, ío que permite el