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A B C. J U E V E S 4 DE SEPTIEMBRE DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 14 ABC Torcuato LUCA de TENA Pedro de LORENZO SUBDIRECTOR: Jesús REVUELTA IMAZ DIRECTOR- DIRECTOR ADJUNTO: REDACCIÓN. ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 6 1 MADRID. APARTADO NUM 43- TELEF 225 17 10 Editor: PRENSA ESPAÑOLA. S. A E ü ORDENAR LA CIRCULACIÓN Poco a poco, estos días las calles de Madrid- -y otro tanto sucede en todas las grandes ciudades españolas- -van, de nuevo, llenándose de automóviles. Muy pronto, en un par de semanas, volverán a alcanzar el nivel de máxima congestión circulatoria. Y volverán a padecer otra vez los madrileños, a pie, en coche o en los autobuses, las molestias y agobios de la aglomeración en las calles. Es, naturalmente, un problema que sólo admite soluciones relativas porque la comodidad de antaño, del Madrid que censaba sus habitantes por el número que a finales de este año tendrá la matrícula del coche más reciente, ya no es recuperable. Ya no volverá. Como no volverá a Barcelona, a Valencia, a Bilbao, a Sevilla. Sin embargo, aún hay cosas por hacer para alivio, al menos, de los males e incomodidades a los que nos condena el incontenible crecimiento del parque automovilístico de las capitales. En la circulación madrileña- -forzoso punto de referencia por su densidad- -hay muchos desórdenes o faltas de ordenación que, en beneficio de todos, deben ser ordenados; a los que cada vez es más urgente poner remedio. Vías principales- -como destacadísimo ejemplo pueden citarse Cea Bermúdez, General Sanjurjo, María de Molina- -son, por falta de los necesarios circuitos de circunvalación de la ciudad, auténticas carreteras generales por las que circula un enorme número de camiones. Nada está resuelto por su anchura o porque sean en largos tramos de circulación en sentido único. Los camiones, incluso los más pesados, incluso los más lentos, ocupan, a capricho, todas las calles o bandas circulatorias marcadas en la calzada. Y a su capricho y talante se adelantan unos a otros, y se emparejan, y taponan el paso de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, haciendo imposible una circulación normal, más fluida y más rápida. ¿Es imposible acaso corregir este desorden? ¿No habrá alguna forma de regular mejor la circulación por estas calles, reduciendo en lo posible el considerable obstáculo que origina el paso de los vehículos pesados? Grave y añejo desorden en la circulación madrileña es, también, la abierta posibilidad, a toda hora y en cualquier parte, de los estacionamientos o paradas en doble fila para cargar, descargar y repartir. Seguramente habrá circunstancias o motivos razonables que aconsejen, en ciertos casos, permitir estos estacionamientos, pese al entorpecimiento circulatorio que originan. Pero es difícil admitir que tales motivos o circunstancias amparen todos los casos y no resulte posible imponer una ordenación de estas necesarias maniobras para que se realicen ocasionando el menor estorbo. Algo será posible hacer. Grandes arterias, por otra parte, por las cuales deberían avanzar con normal velocidad los automóviles, están cortadas por un número excesivo, inexplicable a veces, de cruces y pasos de peatones, separados por muy pequeñas distancias. Y así, la circulación se produce, por ellas, a trancos, a saltos, sin una razonable continuidad. Y esto no parece, tampoco, cosa irresoluble, sino cuestión que podría estudiarse y ser, en alguna medida, remediada. Es decir, ordenada mejor. En algunas calles se ha señalado ya una banda o vía lateral reservada a los autobuses. Es acertada ordenación que debiera aplicarse a todas las calles cuya anchura lo permita. A los autobuses y (microbuses hay que reconocerles una preferencia en la circulación porque realizan un transporte colectivo. Y porque, contra lo que suele a veces decirse o pensarse, estos vehículos, transportando en una unidad muchas personas, facilitan y deseongestionan la circulación en muchísima mayor medida en la que puedan estorbarla. El número de viajeros que traslada un autobús distribuido en automóviles, aunque fuera por parejas o por tríos, ocuparía, evidentemente, más espacio en la calle y sería causa de una mayor congestión en el tráfico. Por ello, y con acertado criterio, en los estudios e informes más solventes sobre los problemas y soluciones de la circulación en las ciudades, se señala y subraya la preferencia por los medios de transporte colectivos. No es necesario apuntar ningún caso más. Los que hemos esbozado bastan y sobran para poner de relieve la urgente conveniencia de repasar a fondo la ordenación de la circulación madrileña, para mejorarla, para que se produzca de la manera más lógica, más disciplinada, más fluida. Para, en fin, ordenar sus desórdenes y anarquías. Aunque, por modo explicable, centramos la referencia de estos defectos y faltas de ordenación en la circulación de la capital, los mismos u otros análogos se observan y padecen en las demás grandes ciudades españolas. Y a todas ellas, en cuanto sea preciso, se extiende la necesidad de resolver del mejor modo los problemas, los entorpecimientos y obstáculos de su tráfico, cada vez más complicado y difícil. Por supuesto, esta finalidad no podrá alcanzarse sin la colaboración de los conductores. No sería justo ocultar que la mayoría de ellos, hasta la fecha al menos, no ayuda mucho al buen orden de la circulación. Y quizás fuera muy positiva, en este aspecto, una campaña de consejos- -de educación de los conductores- -en la televisión, en cuya pantalla debe encontrar espacio todo lo que sea educativo para la convivencia ciudadana. E Y E R I AS BECAS DENEGADAS ñoles en Alemania nos hace llegar su disgusto al haberles sido negadas las becas que habían solicitado para sus hijos residentes en España. Se lamentan estos emigrantes de que la razón argumentada por las autoridades españolas a través del Instituto Español de Emigración estriba en que sus salarios exceden los límites establecidos para la adjudicación de las becas. Casi todos los niños que han disfrutado becas del Instituto Español de Emigración durante uno, dos o más años- -nos dicen- -estuvieron anteriormente en Alemania. Acoplarse a la enseñanza española les costó uno o dos años y, ahora que ya lo estaban, al negárseles las becas muchos de ellos verán cortados sus estudios y tendrán que volver a Alemania, olvidando lo aprendido. Los 800 marcos que como salario medio obtienen por su trabajo, mensualmente, estos trabajadores- españoles, superan indiscutiblemente el nivel establecido para estas ayudas de estudios en España, pero ¿han tenido en cuenta los encargados de denegar esas becas la equivalencia de ese sueldo en Alemania, el problema de quien tiene que vivir allí y continuar enviando divisas para que su familia pueda seguir viviendo aquí? El disgusto de los emigrantes en Alemania resulta lógico a todas luces, y por ello hacemos nuestra su interrogante, ¿qué Tazones han motivado la supresión en bloque de esas becas escolares, precisamente ahora, cuando aún está reciente el convenio firmado por los ministros de Educación y Ciencia y de Trabajo para la edu- catión de los Mjos de españoles que trabajan en el extranjero? escribe un lector- -y tan repetidos los anuncios de la campaña forestal, que se los encuentra uno hasta en la sopa, y que le dan, a uno casi ganas de irse a quemar un bosque. Por favor, por favor, un poco de moderación. LOS INCENDIOS FORESTALES Y LA TELEVISIÓN ESCUELA ESPECIAL DE MARÍA BORKOWSKA Matrícula abierta para curso 69- 70. Núñea de Balboa. Teléfono 275 Sí 1 Hace unos meses, y rio por primera vez, la Televisión inició, de cara al verano, una gran campaña publicitaria para remediar los incendios forestales. La iniciativa nos pareció magnífica y creemos que a este tipo e campañas- -corno las realizadas en 3 f avo? de la limpieza en España, del libro, eteétera- -debería prestarles especial atención la pequeña pantalla. Al aplaudir, pues, sin reservas la campaña contra los incendios forestales, hay, sin embargo, que insistir una vea más en qua la publicidad tiene sus leyes para ser eficaz. Y una de esas leyes es la dosificación. La repetición es Conveniente, pero el exceso de repetición puede hacer la publicidad estéril y, a yeces, contraproducente. Son tantos- -nos NECESITAMOS EN TODAS PROVINCIAS Introducidos en muebles, ferreterías, iluminación. 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